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Teología del icono

San Lucas pintando a la madre de Dios
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 

1.-Plan del tema Teología del icono

Tras la breve exposición de los antecedentes históricos que nos permiten situarnos ante los críticos siglos VII y VIII, críticos porque en ellos se formará la teología del icono, y, más generalmente, el fundamento dogmático del culto a las imágenes religiosas.

Una primera página reflexionará sobre El culto a las imágenes, desde las primeras manifestaciones de ella en el cristianismo temprano hasta los criterios de canonicidad de las mismas que aseguran la permanencia en la tradición de la Iglesia de una obra dada.

Seguidamente, se abordará un problema de primer orden para la iconografía: describir lo que de suyo es indescriptible. Expresar con medios creados a aquél que supera infinitamente a cualquier criatura. En el planteamiento teórico, el arte del icono compartirá anhelos y problemas con la teología, ciencia cuyo objeto, Dios, supera con mucho lo que el hombre puede soñar en alcanzar. Será en la página El icono y la trascendencia donde se contemple cómo se abre el icono –una ventana abierta al mundo invisible—a la transcendencia, a ese mundo celestial que quiere hacer presente en los frescos y en los iconos de caballete,

El icono está hecho para la liturgia y la catequesis; es decir, para la oración y para la doctrina. Está hecho para el hombre, para el fiel cristiano, al cual habla de la realidad superior en que vive la Iglesia triunfante. En la página Iconos y Salvación veremos cómo la iconografía despliega el símbolo para hacer llegar los misterios de la fe al pueblo llano. Desde la Encarnación, la imagen de Dios abandona cualquier representación simbólica que no sea el mismo Cristo. Sus palabras “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” y su mostrarse en el monte Tabor tal cual es, en su luz divina, aleja toda duda sobre si es posible representar la imagen de Dios y cuál es esta imagen.

Tras la presentación anterior, que se centra singularmente sobre el desarrollo de la imagen cristiana y del icono bizantino durante los ocho primeros siglos, ahora hay tres páginas dedicadas al mundo teológico que ha acompañado el anterior desarrollo. En primer lugar, contemplaremos El movimiento iconoclasta, con el impulso y apogeo de los siglos VI al VIII.

Seguidamente, la página Concilio II de Nicea contempla, como no podía ser de otro modo, el evento eclesial más importante para la teología de la imagen cristiana y, muy particularmente, para el ulterior desarrollo del icono bizantino hasta nuestros días.

Finalmente, terminamos esta pestaña del menú dedicada a la Teología del icono con una reflexión de la historia iconográfica Después de Nicea II, con sus muy diferentes desarrollos en Oriente y Occidente.

 

2.-Antecedentes históricos

Por una ironía de la historia, el emperador que unía en su nombre los del fundador y el del primer emperador de Roma, Flavio Rómulo Augusto, muere en 476, siendo el último emperador del Imperio Romano. La caída del Imperio Romano de Occidente, en el 476, produce una verdadera dispersión del poder político y territorial, creándose los reinos germánicos, por el oeste; y, el Imperio Bizantino, por el oriente, heredero en el Mediterráneo de la influencia política, militar, económica y cultural que deja el imperio desaparecido. El acceso al trono de Justino I, en 518, pone el final de la desintegración del Imperio. Nueve años después, con la subida al trono de Justiniano, en el 527, comienza la edad de oro política y cultural del Imperio Bizantino. Los estados surgidos al oeste del Mediterráneo aceptaron la primacía del emperador de Oriente, y su autoridad, de manera que los reyes germánicos rindieron vasallaje al emperador Bizantino. Mientras, las historias de Occidente y Oriente comienzan a separarse. En occidente Durante el siglo VIII se registraron complejos cambios políticos en Europa. Por razones estratégicas, el papa Zacarías (741-752), en procura de ayuda y protección, estrechó relaciones con el reino de los francos, para neutralizar el creciente poder de los lombardos en el sur de Italia.

Evolución del Imperio Bizantino

Para ello, legitimó la entronización de Pipino el Breve, quien había destronado al último rey de la dinastía merovingia, constituyéndolo en protector de Roma. A cambio del respaldo recibido, Pipino cedió al papado la Pentápolis y los territorios invadidos del Exarcado griego, plantando de este modo la semilla de los posteriores Estados Pontificios. Los iniciales territorios recibieron la generosa donación que Carlo-Magno le hiciera al papa Adriano (772-795), aumentando su implantación territorial y, con ello, el dominio papal sobre el Occidente europeo. Pero con esta política de poder mundano, cuanto mayor era el incremento del poder temporal, político y jurisdiccional del papa romano, tanto más menguaba su autoridad espiritual. Llegó a ser tanta la servidumbre del papado a las necesidades económicas y de orden en sus estados, que la vida religiosa pasó paulatinamente a ser controlada por el poder del emperador. El nombramiento de obispos por parte de Carlo-Magno y sus sucesores, que permitieron que surgieran verdaderas iglesias feudales en numerosas diócesis, metió a la Iglesia romana en uno de los periodos más negros de su historia. En Oriente El Imperio llegó al apogeo de su poder durante el reinado de Justiniano I (527-565). Durante su mandato, entre 528 y 533, se lleva a cabo la institucionalización del derecho en el Estado, mediante la codificación del Derecho romano en el Corpus Iuris Civilis. Posteriormente, en 533, se publica el Digesto.

En obra civil, la iglesia de Santa Sofía culmina el prestigio nacional del emperador. Pero las campañas en Occidente, que liquidaron las reservas económicas de la hacienda pública y obligaron a subir los impuestos a una sociedad ya muy castigada, abocaron al Imperio a una crisis, que alcanzaría su punto álgido a principios del siglo VII. Finalmente, una epidemia de peste en 543, que mermó en un tercio la población de Constantinopla, dio la puntilla al reinado de Constantino.

 

3.-El poder político

Los siglos VII y VIII constituyen un período de crisis, con tremendas dificultades externas (el islam, los búlgaros y eslavos, desde el norte; y los persas, desde el este) e internas (las luchas entre iconoclastas e iconódulos). A mediados del siglo VII se alcanza una cierta tranquilidad con la estabilización de las fronteras, al coste de grandes cesiones territoriales y políticas. Por la parte occidental, el Imperio ve como se crea el reino independiente de Bulgaria dentro de sus fronteras. Las luchas internas entre los iconoclastas e iconódulos desgarraron la paz interna entre los años 726 y 843. Los iconoclastas eran partidarios de la prohibición de las imágenes religiosas, y los iconódulos partidarios de su culto y veneración. La primera época iconoclasta se prolongó desde 726, año en que León III (717-741) suprimió el culto a las imágenes, hasta 783, cuando fue restablecido por el II Concilio de Nicea (787). Tras un breve periodo de paz, la segunda etapa iconoclasta tuvo lugar entre 813 y 843, fecha en que, finalmente, se produce el Triunfo de la Ortodoxia.
                 
La controversia sobre el culto a las imágenes duró 120 años, fue  la de mayor violencia conocida   
  y produjo más mártires que ninguna otra.         
Además de las disputas puramente teológicas, contribuyeron al matenimiento y la violencia:  
  .-La confusión interesada de los emperadores entre el orden temporal y el eclesiástico  
  .-La lucha de influencias entre el estamento militar y el monacato, defensor de las imágenes
  .-La tradicional aversión del mundo oriental a Roma, que se había decantado por las imágenes
  .-La creación de los Estados Pontificios, apoyados en el poder franco    
                 
AÑOS EMPERADOR AÑO SUCESOS RELEVANTES  
                 
717-741 León III 726 Ordena  deshacerse de las imágenes públicas. Ejecuta a Cosme.  
    730 Publica un edicto contra las imágenes. Se producen detenciones  
      y martirios.          
    732 Gregorio III excomulga a Leon III en un sínodo en Roma  
    745 Convoca sinodo en Constantinopla que condena el culto a las imágenes
      Gran persecución contra los monjes, con martirios y destierros.  
741-775 Constantino V 753 Convoca concilio en Hiereia       
    754 El concilio condena el uso de las imágenes    
      No asiste Roma. No es reconocido como ecuménico   
775-780 León IV   Cesan las persecuciones aunque no se derogan las leyes  
780-797 Constantino VI              
    784 Nombra al laico Tarasio Patriarca de Constantinopla  
    786 Convoca un concilio en Constantinopla, aceptado por Roma  
    787 El concilio se traslada a Nicea y:      
      .-se refutan las conclusiones de Hiereia (753)    
      .-se condena el iconoclasmo      
      .-el fundamento teológico del culto a las imágenes procede  
        de Juan Damasceno, fundamentamente, que   
        el concilio hace suyo      
    794 El Papa Adriano reconoce el Nicea II      
797-802 (Regente: Irene)              
802-811 Nicéforos I 802 Se reanuda la lucha iconoclasta      
  (cae Irene)   .-Teodoro no acepta intromisión del emperador en materia eclesiática
        y es desterrado      
811-813 Miguel I              
813-820 León V 815 un nuevo sinodo inaugura nueva etapa del iconoclasmo  
      .-se rehabilita  Hieria        
      .-se quitan imágenes en Santa Sofía      
821-829 Miguel II   .-se establece un paréntesis en la persecución    
829-842 Teófilo   .-se ranudan las persecuciones iconoclastas    
842- Teodora 842 Acaban las luchas intestinas dentro del palacio bizantino  
  (regente)   Se abre un periodo de paz definitivo en la contienda iconoclasta  
    844 Un sínodo establece la fiesta del Triunfo de la Ortodoxia, a celebrar
        el primer domingo de Cuaresma.    
                 
 
 

4.- Oración