Rezando con los iconos

Así como la lectura de los libros materiales permite la comprensión de la palabra viva del Señor, del mismo modo el icono permite acceder, a través de la vista, a los misterios de la salvación (Juan Pablo II, Duodecimum saeculum).

 

 
 

La última cena

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

1. Introducción

El jueves santo los cristianos celebramos la última cena del Señor antes de su muerte en cruz. Fue una tarde esperada con ansia por Jesús, como él mismo diría, y vivida con apresuramiento, como si quisiera terminar muchas cosas que le quedaban por hacer y que los inminentes sucesos de esa misma noche pudieran impedirlo.
En esas últimas horas del 14 del mes de Nissán ocurren tantas cosas…
  • En esa noche de vértigo Jesús cena por última vez con sus discípulos.
  • En esa noche dispone su modo de permanecer siempre entre nosotros, en el pan partido y en la copa bendecida, en la Eucaristía.
  • En esa noche se consuma la traición de Judas 
  • En esa noche nos da, con un gesto inédito, una última y suprema lección magisterial preñada de consecuencias morales: lava los pies a sus discípulos. 
  • En esa noche se despide de sus amigos con el testamento que Juan relata en su Evangelio.
En este sitio vamos a contemplar los dos hechos – la cena y el lavatorio- tal como los recoge la iconografía cristiana y, en esta página, más concretamente, la Última Cena de Jesucristo con sus apóstoles. En esta Última Cena, el Salvador estableció el sacramento principal de nuestra fe: el sacramento de la eucaristía, o comunión, durante el cual todos los creyentes, bajos las especies de pan y vino, participan del verdadero cuerpo y sangre de Cristo.
 
La Última Cena fue realizada por Cristo el día antes de la celebración de la Pascua del Antiguo Testamento. Los judíos celebraron esta fiesta en memoria del éxodo milagroso de Egipto, donde, tras una esclavitud de cuatro siglos, fueron rescatados por Yavhé a través de Moisés.
El lavatorio de los pies a sus discípulos será objeto de la página El lavatorio de los pies.
 

2. La historia del rito pascual

Al anochecer del jueves, pasadas ya las cinco y media de la tarde, Jesús cenó la Pascua con sus apóstoles o discípulos, siguiendo la tradición judía.
"Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas. 9 No comeréis de ella nada crudo, ni cocido en agua, sino asado a fuego: con cabeza, patas y vísceras. No dejaréis restos para la mañana siguiente; y si sobra algo, lo quemaréis. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor".(Ex 12, 8-11)
 
Lejos están ya los días en que la cena se comía de pie, en estricto recuerdo de la primera pascua, hecha aún en cautividad, mientras el ángel exterminador acababa con los primogénitos de Egipto. En aquellos momentos, era ya costumbre comerla recostados, “en torno a una mesa generalmente rectangular, con almohadones, sobre los cuales los convidados, medio recostados, apoyaban el lado izquierdo, quedando el derecho libre para comer. Un extremo de la mesa quedaba libre para el servicio”
(FERNANDEZ TRUYOLS, Vida de nuestro Señor Jesucristo, pág. 575. BAC)
 

3.-Cuestiones previas a la cena

Disposiciones corrientes de la mesa Una primera cuestión se plantea sobre el momento del lavatorio de los pies. Numerosos exégetas se inclinan por pensar que sería previo a la cena ritual. Y así vamos a considerarlo en este sitio que ya ha dedicado una página propia  a este evento trascendental y donde pueden verse consideraciones más precisas sobre este evento.
 
Preside Jesús y los doce se sientan a su alrededor, sin que tengamos documentos que nos informen sobre el orden de colocación de los apóstoles en la mesa. 
 
“Del relato de la cena sólo podemos deducir que Juan estaba inmediatamente a la derecha de Jesús (sólo así podía apoyar su cabeza en el pecho del Maestro); que Judas estaba muy cerca de Jesús y que Pedro estaba muy probablemente más lejos de Jesús que de Juan (puesto que pidió a Juan que preguntase algo a Jesús).
 
Vemos, pues, cómo, de estos pocos datos, han tratado de deducir muchos escritores una reconstrucción de la colocación de los principales personajes del drama. Pero las opiniones discrepan. Ricciotti coloca en el triclinio del fondo a Jesús en el centro, con Juan a su derecha y Pedro a su izquierda…. Más verosímil parece la distribución de Bernard, que da a Cristo el puesto de la izquierda en el triclinio del fondo, con Juan a su derecha, poniendo a Pedro en el primer puesto del triclinio de la izquierda y a Judas en el último de la derecha, es decir, inmediatamente a la izquierda de Jesús”.(MARTIN DESCALZO, Vida y misterio de Jesús de Nazaret, págs. 947-948. Ed Sígueme)
 
Siendo una acción ritual milenaria, Jesús y los suyos se atendrían escrupulosamente a la costumbre y por eso, precisamente, no nos lo cuentan. San Mateo, que escribe para la comunidad judía, lo consideraría innecesario por ser sobradamente conocido por los destinatarios de su libro; y Marcos, Lucas y Juan, con destinatarios muy distintos --romanos, griegos y asiáticos, respectivamente--, lo considerarían irrelevante para el interés de la narración. 
 

4.-El Séder de Pésaj.

Es un importante ritual festivo judío celebrado en la primera noche de Pésaj, de la Pascua, (el día 14 de Nisán),
En la mesa están los platos preparados con los alimentos rituales que han mantenido vivos durante más de mil años los sentimientos de la última noche de la esclavitud.
 
Ahí están: 
  • maror (lechuga romana),
  • z'roa (una tibia de cordero asada),
  • haroset, 
  • jrein (raíz de rábano picante con remolacha), 
  • karpás (palos de apio) y
  • beitzah (huevo).
(Los ingredientes, en sentido del reloj, desde la parte superior): 
 
 
 
 
Vamos a hacer un seguimiento de lo que los Evangelios nos dicen:
"Y cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con él  y les dijo: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer,  porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el reino de Dios" (Lc 22, 14s)
 
Es pues una cena que se inscribe, dentro de los sentimientos de Cristo, en el horizonte de su pasión. Sentimiento que hace llegar a sus compañeros:
"Pero mirad: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!».  Ellos empezaron a preguntarse unos a otros sobre quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso".(Lc 22, 21)
 
Palabras que extienden la inquietud a todos los presentes
"Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?».  Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar». "(Mt 26, 22s)
 
Y, contemplándolo así, no podemos por menos que considerar trágico por mezquino el suceso que nos cuenta, posiblemente ocasionado por el orden de colocación en la mesa 
"Se produjo también un altercado a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor.  Pero él les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve.  Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.  Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas,  y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí,  de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel" (Lc 22, 24-30).
 
Es muy posible que sea ahora cuando Jesús procede a lavar los pies a sus discípulos, tal como se explica en la página El lavatorio de los pies.
 
Comienza ya la cena propiamente dicha. El número de trece comensales es idóneo para lo que prescribe el rito, superior a diez sin pasar de veinte.
 

5.-La última cena

  1. Jesús tomaría una copa llena de vino rojo ligeramente mezclado con un poco de agua, la bendeciría consagrando el vino, cantaría la oración, bebería de ella y la pasaría a sus compañeros para que también lo hicieran.

Nos cuenta Lucas:

"Y cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con él  y les dijo: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el reino de Dios».

  1. Los presentes se sientan y apuran la copa de vino reclinados sobre el lado izquierdo.

Al final, se lavan las manos, sin pronunciar la bendición.

  1. Se trae la mesa con los platos de las viandas al centro de los comensales, que permanecen recostado en sus cojines.
  1. Jesús pronuncia una bendición sobre las hierbas amargas, toma algunas hojas, coge un poco de  haroset con ellas y las come. Seguidamente, todos hacen lo mismo.
  1. Se trae el cordero pascual a la mesa y, entonces, Jesús, explica el significado de la cena que están compartiendo y de los ritos asociados a ella.
  1. Se comienza a recitar la Hagadá:

Este es el pan de aflicción que comieron nuestros antepasados, en la tierra de Egipto. "¡El que tenga hambre, que_ venga y coma!" "El que necesite, que venga y celebre la Pascua". Este año estamos aquí, y el próximo en Tierra de Israel. Este año somos siervos, pero el año que viene seremos libres.

  1. Una segunda copa llena de vino se comparte por todos, terminándose esta fase de la cena con el canto “Bendito seas, Señor, rey del universo, que nos has librado y libraste a nuestros padres de Egipto…”
  1. En este momento, mientras se va bebiendo la segunda copa en las celebraciones familiares con niños, se invita a los pequeños a hacer cuatro preguntas rituales.
  1. Se termina  con la primera parte del Hallel. (Salmos 79,6-7; Sal 69,25;  Lam 3,66).
  1. Comienza un tercer acto. Tras un lavado de manos de todos los presentes, Jesús tomó el pan ázimo, lo partió en trozos, toma su parte, añade unas hierbas amargas, lo moja en el haroset y lo consume; a continuación, el resto de convidados en la mesa hace lo mismo.

Dice el Evangelio de Mateo:

"Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».

 

La-Ultima-Cena_principiosXIV_Fresco-del-monasterio-Vatoped_Athos6.-La institución eucarística

  1. Se procede a la bendición del cordero pascual y se reparte entre todos. Aunque es posible repartir otras viandas, pues el ritual deja cierta libertad en este momento, es preceptivo que el cordero sea lo último que se come, y consumido hasta el final, sin que puedan dejarse sobras.

Y, tomando un cáliz, después de pronunciar la acción de gracias, dijo: «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios». Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía».  Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros»" (Lc 22, 14-21).

Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos;  porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.  Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre»" (Mt 26, 26-29).

 

  1. Acabada la cena se reparte una tercera copa, la copa de la bendición, así llamada porque se hacía con una fórmula especial, tras la que se consume la copa.
  1. Se canta la segunda parte del Hallel, salmos 114-117 y 115-118 de la Biblia hebrea.
  1. Con una cuarta copa termina habitualmente la cena pascual.
 

7.-La historicidad de la institución

Considerando todo lo anterior, cabe preguntarse, teniendo en cuenta la singularidad del evento, si Jesús realizó íntegramente esta cena ritual para, seguidamente, realizar la cena eucarística o habría aprovechado las diferentes partes de la misma para dar un nuevo contenido salvífico al milenario ritos judío. Más aún, hay quien se ha preguntado por la verdad histórica de la propia institución eucarística.
 
De la historicidad del suceso, Pablo nos dice cómo él ha recibido la fe en ello exactamente igual que nosotros, 2.000 años después, a través de la Iglesia y de la tradición apostólica.
 
"Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».  Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía». Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva". (1Co 23-26).
 
“Pablo, de hecho, escribe su epístola a los Corintios el año 57, pero él mismo declara haber enseñado oralmente el rito eucarístico a los corintios con anterioridad, es decir, cuando fundó aquella comunidad en el año 51…
La página de Pablo sobre la Eucaristía demuestra… que el apóstol tomo su doctrina eucarística de la iglesia de Jerusalén, en la que siempre tuvo fija la mirada, y a la que se encaminó muchas veces en persona…. Y la Iglesia de Jerusalén era aquella en la que había tenido lugar la cena de Jesús”. (confr. RICCIOTTI, Vida de Jesucristo, parr. 548. Ed. Luis Miracle. 1963).
 
 

8.- El icono

.Última cena, de Simón Ushakov_1685La iconografía bizantina o rusa que tiene por motivo la última cena, es muy explícita y se refiere a los grandes eventos del Jueves Santo: el lavatorio de los pies, la cena propiamente dicha, la traición de Judas y la institución de la eucaristía.
 
El icono de la última cena que presenciamos recoge una abigarrada figuración comprensiva de 13 personajes alrededor de una mesa.
 
Una disposición de mesa cuadrada y cerrada por todos sus lados, poco cómoda para la atención de los comensales por el servicio. Las alternativas que se contempla en el punto 3. Cuestiones previas no parecen haberse considerado
 
A Jesús, situado en una posición de honor, en el lado frontal de la mesa desde la perspectiva del observador, rodeado de sus doce apóstoles.
 
Clara intención del autor en señalar a dos perfectamente identificables:
•• A Judas, que aparece claramente ajeno al círculo que la comunidad apostólica mantiene alrededor de la mesa presidida por Jesús. Le denuncia el gesto personal –lo que llamamos lenguaje no verbal—sumamente elocuente con ese estar de espaldas al conjunto y, muy especialmente, a Jesús, a quien tiene en el punto opuesto de la mesa. 
 
•• A Juan, el discípulo amado por Jesús, sentado a su izquierda, que reposa la cabeza sobre el pecho del Señor.
 
Sobre las cabezas de los presentes, excepto excepto uno de ellos, las aureolas doradas dan testimonio de su estado de identificación con Jesús. San Juan nos recuerda que: “Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios»  (Jn 13, 11ss). La cabeza que carece de aureola pertenece a Judas, sin duda.
 
En el centro de la mesa aparecen sólo las viandas indispensables, el pan y el vino. El artista quiere llamar nuestra atención sobre el hecho eucarístico y suprime el resto de la cena ritual: comidas y copas de los comensales, hierbas amargas, el harroser, etc. 
 
 

9. La fiesta

El Jueves Santo es tiempo de Cuaresma hasta la hora nona, es decir, toda la mañana hasta las tres de la tarde. Los Oficios del Jueves Santo se celebran a partir de las 18:00 horas, para coincidir con la hora del comienzo de histórico del evento que se celebra.. 
 
La entrada procesional, encabezada por los acólitos, seguida por los ministros sagrados (diáconos, concelebrantes si los hay) y finalizada por el celebrante principal, inicia la celebración. Mientras tanto, el coro acompaña con cantos de entrada.
Se canta el «Gloria» a la vez que se tocan las campanas
Oración Colecta
Oremos:
 
Dios nuestro, que nos has reunido para celebrar aquella Cena en la
cual tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la
Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor,
concédenos alcanzar por la participación en este sacramento, la
plenitud del amor y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que siendo Dios vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu
Santo, por los siglos de los siglos. Amén
 
Lavatorio de los pies
Tras la proclamación del Evangelio es el momento del lavatorio de los pies a los discípulos, que adquiere un destacado simbolismo dentro de los oficios del día, recuerda el gesto que realizara Jesús antes de la Última Cena con sus discípulos. 
En unos asientos preparados para ellos en un lugar visible, el celebrante, que si es necesario, se quita la casulla, se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca.
Una vez terminado el lavatorio, se continúa con la celebración eucarística a partir de la oración de los fieles.
 
Prefacio de eucaristía I 
Este prefacio se dice el jueves santo y en las Misas votivas de la Eucaristía.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación 
darte gracias siempre y en todo lugar, 
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo Señor nuestro. 

Pues Él, al revelarnos el verdadero sentido del sacerdocio, 
se ofreció a ti como víctima salvadora, 
y nos mandó que lo ofreciéramos como memorial suyo.

De esta manera, cuando comemos su carne,
inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos; 
y cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, 
quedamos limpios de nuestros pecados. 

Por eso, con los ángeles y los arcángeles 
y con todos los coros celestiales, 
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...
 
Comunión de los fieles
 
Traslación del Santísimo Sacramento al "Monumento”
Dicha la oración después de la Comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento.
Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y lo cubre con las extremidades del paño.
Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento a través del templo, hasta el sitio donde se le va a guardar.
(EL MISAL. ORDINARIO DE LA MISA, Misa vespertina del Jueves Santo)
 

10.- Reflexión teológica

La última cena, icono de Rublev¿Cuál es  la esencia de esta cena? 
Son los gestos de la fracción del pan, de su distribución a los suyos, y el compartir el cáliz de vino con las palabras que los acompañan, y en el contexto de oración en los que se colocan: es la institución de la Eucaristía, que es la gran oración de Jesús y de la Iglesia. 
 
 En primer lugar, las tradiciones del Nuevo Testamento de la institución de la Eucaristía (cf. 1 Co 11:23-25, Lc 22, 14-20, Marcos 14:22-25, Mateo 26:26-29), indican que la oración que introduce los gestos y las palabras de Jesús sobre el pan y el vino, usan dos verbos paralelos y complementarios. Pablo y Lucas hablan de la Eucaristía / acción de gracias: “tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos”, dice Lucas (Lc 22,19).
 
Marcos y Mateo, en cambio, subrayan el aspecto: “Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos” (Mc 14:22). Los dos términos griegos eucaristeìn y eulogein se refieren a la berakha judía, es decir, a la gran oración de acción de gracias y bendición de la tradición de Israel, que inauguraba las grandes fiestas. Las dos distintas palabras griegas indican las dos direcciones intrínsecas y complementarias de esta oración. La berakha, de hecho, es ante todo acción de gracias y alabanza que se eleva a Dios por el don recibido: en la Última Cena de Jesús, se trata del pan -elaborado del trigo que Dios hace germinar y crece de la tierra – y del vino producido a partir del fruto de la vid madurada.
 
 Esta oración de alabanza y acción de gracias, que se eleva a Dios, vuelve como una bendición, que desciende de Dios sobre el don y lo enriquece. Dar gracias, alabar a Dios se convierte así en bendición, y la ofrenda dada a Dios vuelve al hombre bendecida por el Omnipotente.
 
Las palabras de la institución de la Eucaristía se ubican en este contexto de oración; en ellas la alabanza y la bendición de la berakha se convierten en bendición y transformación del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Jesús.
 
Antes de las palabras de la institución vienen los gestos: el de partir el pan y el de ofrecer el vino. Quien parte el pan y pasa el cáliz es el cabeza de familia, que acoge en la mesa a los familiares, pero estos gestos son también de hospitalidad, de acogida a la comunión del convite del extranjero que no forma parte de la casa. Estos mismos gestos, en la cena con la que Jesús se despide de los suyos, adquieren una profundidad totalmente nueva: Él ofrece un signo visible de la acogida a la mesa en la que Dios se dona. Jesús en el pan y en el vino se ofrece y se comunica a Sí mismo.
 
¿Pero cómo puede llevarse a cabo todo esto? ¿Cómo puede Jesús, en aquel momento ofrecerse a sí mismo? Jesús sabe que perderá la vida a través del suplicio de la cruz, la pena capital de los hombres que no son libres, la que Cicerón definía la mors turpissima crucis. Con el don del pan y del vino que ofrece en la Última Cena, Jesús anticipa su muerte y resurrección llevando a cabo lo que había dicho durante el discurso del Buen Pastor: “El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre». (Jn 10, 17-18). 
 
Por lo tanto Él ofrece de antemano la vida que le será quitada y de esta forma transforma su muerte violenta en un acto libre de donación de sí mismo por los demás y para los demás. La violencia sufrida se transforma en un sacrificio activo, libre y redentor. 
  • Una vez más en la oración, iniciada según las formas rituales de la tradición bíblica, Jesús muestra su identidad y la determinación para cumplir hasta el final su misión de amor total, de ofrecimiento en obediencia a la voluntad del Padre. La profunda originalidad de la donación de sí mismo a los suyos, a través del memorial eucarístico, es el culmen de la oración que distingue la cena de adiós con los suyos. Contemplando los gestos y las palabras de Jesús esa noche, vemos claramente que la relación íntima y constante con el Padre es el lugar en el que Él realiza el gesto de dejar a los suyos, y a cada uno de nosotros, el Sacramento del amor, el «Sacramentum caritatis».  
En el Cenáculo, en dos ocasiones resuenan las palabras: “Hagan esto en memoria mía” (1Cor 11,24.25). Con el don de sí mismo, Él celebra su Pascua, convirtiéndose en el verdadero Cordero que hace que se cumpla todo el culto antiguo. Por esta razón San Pablo hablando a los cristianos de Corinto afirma: «Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua,… con los panes sin levadura de la pureza y la verdad » (1 Cor 5,7-8).
 
El evangelista Lucas ha conservado un ulterior elemento precioso de los acontecimientos de la Última cena, que nos permite observar la conmovedora profundidad de la oración de Jesús por los suyos aquella noche, la atención individual. Partiendo de la oración de agradecimiento y de bendición, Jesús alcanza el don eucarístico, el don de Sí mismo, y mientras dona la realidad sacramental decisiva, se dirige a Pedro. Al final de la cena le dice: «Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos». (Lc 22,31-32).
 
La oración de Jesús, cuando se acerca la prueba también para sus discípulos, sostiene su debilidad, su incapacidad de comprender que el camino de Dios pasa por el Misterio pascual de muerte y resurrección, anticipado en la oferta del pan y del vino. La Eucaristía es alimento de los peregrinos que también se convierte en fuerza para quien está cansado, extenuado y desorientado. Y particularmente la oración es para Pedro, porque, una vez convertido, confirme a los hermanos en la fe. El evangelista Lucas recuerda que precisamente fue la mirada de Jesús la que buscó el rostro de Pedro en el momento en el que había terminado de negarle tres veces, para darle la fuerza de retomar el camino tras de Él: «En ese momento, dice San Lucas, cuando todavía estaba hablando Pedro, cantó el gallo. El Señor, dándose vuelta, miró Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho» (Lc 22,60-61).(De la catequesis de Benedicto XVI sobre la última cena del Señor)
 
 

11. Oración

El Santísimo Sacramento

 

 

 

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén

 

 

 

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