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Adviento y navidad

 

 

 

 

 

 

 
 

1.-Introducción

Con el ciclo de Navidad, que contempla los tiempos de Adviento y de Navidad, se abre el año litúrgico de la Iglesia Católica. En él viviremos las cuatro semanas del adviento, con sus domingos respectivos, y festejamos las primeras manifestaciones del Señor en su venida como hombre, a través de las solemnidades de Navidad, Epifanía y Bautismo del Señor. Su comienzo tiene lugar en el domingo siguiente al de Cristo Rey, último domingo del año litúrgico anterior.
 

2.-Tiempo de Adviento

El Adviento (Adventus Redemptoris) abre el año litúrgico, y en él la Iglesia se prepara para festejar el nacimiento de Dios hecho hombre con un tiempo de oración y de reflexión hecho de sentimientos de esperanza y de vigilia—, de arrepentimiento por las faltas cometidas, de petición de perdón y de alegría al recordar el nacimiento de Jesús. 
 
El tiempo de Adviento se compone de cuatro semanas –aunque no todas sean completas--  que se inician el domingo más próximo a San Andrés (30 de noviembre); por tanto, el primer domingo de Adviento se encuentra  en el intervalo de tres días antes o después de esta fecha, es decir, entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. 
 
El tiempo de Adviento consta de dos subtiempos muy diferenciados desde su perspectiva escatológica:
hasta el 17 de diciembre, el primero, donde, con una perspectiva del pasado, se recobran las grandes profecías mesiánicas de Isaías y se actualiza el pasado salvífico vivido por el pueblo de Israel. 
 
desde el 17 de diciembre al 24, de preparación para la Navidad, el segundo. En él, con una perspectiva del presente, se actualizan los misterios de Belén, cuando la promesa se ha hecho realidad en la encarnación de Cristo. 
«La Iglesia se esfuerza en hacernos recobrar viva conciencia personal de la indigencia de Cristo en nuestra vida actual, abriendo en nosotros calas para una espiritualidad de la esperanza cristificante y cristocéntrica y de apertura o disponibilidad para asumir todos los contenidos salvíficos y santificadores del Evangelio».(ORDOÑEZ Y MARQUEZ, Teología y espiritualidad del año litúrgico, págs. 196-197
 
 

3.-Tiempo de Navidad

La “Nochebuena”, al atardecer del día 24 de diciembre, marca el final del Adviento y da comienzo al Tiempo de Navidad, hasta las segundas Vísperas del domingo que celebra el Bautismo del Señor, el domingo posterior a Epifanía (6 de enero).
 
La Navidad es una fiesta de gran importancia, la segunda gran solemnidad del culto cristiano, inmediatamente detrás, de la Pascua de Resurrección. La Encarnación (25 de marzo) se consuma 9 meses con el nacimiento de Cristo, verdadera manifestación de Dios, hecho hombre, a la humanidad. Primero a San José y la Virgen; después a los pastores de Belén; detrás a los Reyes Magos; y, finalmente, al mundo entero en su bautismo. 
 
En la Navidad, la Iglesia desarrolla una perspectiva de futuro y abre ante el fiel cristiano “el adviento último” de la parusía final a través de los personajes que más intensamente han vivido con Cristo el misterio de su encarnación, como Juan Bautista y, sobre todo, la Virgen María. 
 
«los textos de la misa de esta feria son efectivamente dirigidos al Cristo venidero. En las dos primeras lecturas, tomadas de Isaías, es trazada en numerosas síntesis la vida de Cristo, la vocación de los gentiles y la célebre profecía del Emmanuel; la perícopa evangélica Missus est narra la anunciación de la Virgen y la encarnación del Verbo.» (RIGHETTI, Historia de la liturgia I, pág 359)
 

En este Tiempo de Navidad se celebran las siguiente fiestas:

.-el 25 de diciembre, fiesta de Navidad, y 
.- la fiesta de la Sagrada Familia, el domingo siguiente a Navidad se destina. 
.- la octava de Navidad con las fiestas del "cortejo del Rey" (los mártires primeros, los que presiden el cortejo innumerable de los que darán su sangre por confesar su fe en Cristo Jesús: san Esteban, san Juan, y los Santos Inocentes).
.- María Santísima Madre de Dios, el día 1º de enero, desplazando la fiesta de la Circuncisión del Señor, de arraigo secular.
.- la Epifanía del Señor, el día 6 de enero, nos recuerda la manifestación pública de Dios a todas las naciones.
.- el Bautismo del Señor, que se celebra el domingo siguiente a Epifanía y, con él termina el ciclo de Navidad
 
El domingo `posterior al Bautismo del Señor comienza el primer periodo del Tiempo ordinario, con sus domingos 1º, 2º, etc., que sustituye a los antiguos domingos de septuagésima, sexagésima, etc.
 
Dentro de este tiempo, se celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre), patrona de España y de algunos países de América; y, en América Latina, la solemnidad de su patrona, Nuestra Señora de Guadalupe. Durante estas solemnidades vuelven las flores, las vestiduras blancas y el canto del Gloria a la celebración litúrgica.
 
La Iglesia ortodoxa
En la Ortodoxia, el tiempo de Adviento se extiende por un periodo fijo de 40 días, desde el 28 de noviembre hasta el 6 de enero, durante el cual la Iglesia observa un periodo de ayuno, conocido como ayuno de Navidad. Durante ellos el servicio litúrgico reza la oración de Efraín el Sirio, que los fieles recitan con un gesto de profunda inclinación personal.
 
La fiesta de la Natividad de Cristo es, como en la Iglesia Católica, la de mayor solemnidad después de la Pascua. Es, pues, la más importante de la doce grandes fiestas, ya que ésta no está incluida en la relación de ellas. Su importancia se traduce en que su celebración tiene, junto con la de Epifanía, cinco días de fiesta anticipada, cosa que no vuelve a ocurrir en las otras diez grandes fiestas.
 
La liturgia de la  Navidad no es exactamente igual que la que se presta en las otras doce fiestas. Durante la vigilia, las Grandes Vísperas son sustituidas por las Grandes Completas, como ocurrirá, más tarde, con las vísperas de la Epifanía. 
En la fiesta de Navidad, se celebra la liturgia de san Juan Crisóstomo, liturgia del rito bizantino , que se celebra en la mayoría de los días del año de la iglesia ortodoxa, llamada así porque su autoría se atribuye tradicionalmente a San Juan Crisóstomo , arzobispo de Constantinopla. En el caso de que la festividad cayese en domingo o lunes, se celebra la liturgia de san Basilio el Grande, arzobispo de Cesarea, en la Capadocia, para no repetir la misma oración litúrgica del día anterior.
 
El día después de la Natividad de Cristo (26 de diciembre/8 de enero), la Iglesia Ortodoxa celebra la fiesta de la Santísima Madre de Dios.
El ciclo termina con la fiesta de la Epifanía o del Bautismo del Señor en el rio Jordán (6/19 de enero). Está dedicado al evento de la historia del evangelio: el bautismo de Jesucristo por su primo Juan el Bautista..
 

4.-Historia de la celebración

Entre Hispania y las Galias del siglo IV comienza a conocerse una cierta liturgia del Adviento cristiano, más extendida ya en el siglo V, como preparación para la celebración de la Navidad (cfr. LOPEZ MARTÏN, pág. 114). 
 
«Se encuentran las primeras señales en España y en las Galias. Un texto, sin embargo, dudoso de san Hilario (+388) apoyado por un canon del concilio de Zaragoza (381), hace mención de un periodo de tres semanas , como preparación a la fiesta de la Epifanía» (RIGUETTI, Historia de la Liturgia I, pág. 354. BAC )
 
En ese mismo siglo IV, Hilario de Poitiers invitó a los fieles a prepararse al Adviento del Señor con tres semanas de prácticas ascéticas y penitenciales.  En el siglo V se practicó como tiempo de preparación para la Navidad la cuaresma de San Martín, así llamada por iniciarse el 11 de noviembre, en la festividad de san Martín de Tours. 
 
«Parecida era también la práctica en la iglesia ambrosiuana, atestiguada en el siglo IX por el sacramentario de Bérgamo, y la de la iglesia de Inglaterra en tiempos de Santos Cuberto (+687 y Egberto (+729)» (Historia de la Liturgia I, pág. 355. BAC )
 
Hay evidencias de que en la liturgia de la Iglesia de Roma existía a mediados del siglo VI un tiempo preparativo similar, pero este preludio de la Navidad carecía de elementos ascéticos, tales como el ayuno, y se centraba mucho más en la alegre espera de la celebración del nacimiento de Jesucristo como anticipo de la «vuelta del Señor glorioso» al fin de los tiempos.
 
«En Roma, donde el bautismo en la Epifanía no estuvo nunca en vigor no hay ninguna señal de un tiempo de Adviento ya después de san León magno (+461) el cual calla sobre el particular» (Id, pág 354). 
 
Se sabe que la expresión latina adventus Domini («venida del Señor») aparece en el Sacramentario Gelasiano (atribuido al Papa Gelasio, muerto en 496) haciendo referencia a un periodo de seis semanas conocido como Adviento, tiempo de ayuno como preparación para la fiesta de Navidad. 
 
En 567, el Concilio de Tours proclamó los doce días desde la Navidad hasta la Epifanía como una temporada sagrada y festiva, y estableció el deber del ayuno de Adviento en preparación para la fiesta"
 
Posteriormente, el papa Gregorio Magno  (+604) propuso para el Adviento una extensión de cuatro semanas, duración que finalmente prevaleció.
 
 

5.-Liturgia de Adviento

 
«Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida (cf. Ap 22, 17). Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al deseo de éste: "Es preciso que él crezca y que yo disminuya"» (CIC 524)
 
Se trata de las lecturas que se integraron a la liturgia a partir del llamado Misal de Pablo VI o Misal del Vaticano II.
 
1er. Dom. de adviento
CICLO A: Isaías 2,1-5; Salmo 121 1-8; Romanos 13, 11-14a; Mt. 24, 37-44
CICLO B: Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 4; 1 Corintios 1,3-9; Mc. 13, 33-37.
CICLO C: Jeremías 33, 14-16; Salmo 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14; 1 Tesalonicenses 3, 12- 4,2; Lc. 21, 25-28, 34-36.
 
2º Dom. de adviento
CICLO A: Isaías 11,1-10; Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17; Romanos 15, 4-9; Mt. 3, 1-12
CICLO B: Isaías 40, 1-5. 9-11; Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 8; 2 Pedro 3, 8-14; Mc. 1,1-8.
CICLO C: Baruc 5,1-9; Salmo 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6; Filipenses 1,4-6.8-11; Lc. 3,1-6.
 
3er. Dom. de adviento
CICLO A: Isaías 35, 1-6a 10; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10; Santiago 5, 7-10; Mt. 11, 2-11.
CICLO B: Isaías 61, 1-2a. 10-11; Lc. 1, 46-48. 49-50. 53-54; 1 Tesalonicenses 5,16-24; Jn. 1, 6-8.19-28.
CICLO C: Sofonías 3,14-18; Isaías 12,2-3. 4bcd. 5-6; Filipenses 4,4-7; Lc. 3,10-18
 
este tercer domingo es conocido como “Gaudete” (que significa "Gózate") pues así comienza la antífona de entrada propia de este día, Cf. Flp. 4, 4-5, "Estad alegres en el señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca") Es posible suavizar el color morado de las vestiduras con toques de blanco, utilizándose en este día vestiduras de color rosa, indicando así la alegría al acercarse ya la festividad del nacimiento del Señor
 
«Entre las dominicas de Adviento, la tercera, llamada Gaudete, del incipit del introito de la misa, era la más popular por el motivo de la solemne estación que el papa celebraba en San Pedro.»
«En la misa se canta el Gloria, y después de la colecta todo el clero ejecuta las laudes en honor del papa. Estas señales de alegría, reflejos de algunos textos litúrgicos de este día, se mantienen en parte aun hoy día en la misa. Suena el órgano, se vuelven a poner las flores, el celebrante viste capa rosa, los ministros usan los ornamentos de fiesta.» (RIGUETTI, Historia de la Liturgia I, pág. 356. BAC )
 
4º Dom. de adviento
CICLO A: Isaías 7, 10-14; Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6; Romanos 1, 1-7; Mt. 1, 18-24.
CICLO B: 2 Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16; Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29; Romanos 16,25-27; Lc. 1,26-38
CICLO C: Miqueas 5,1-4; Salmo 79, 2ac y 3c. 15-16. 18-19; Hebreos 10, 5-10; Lc. 1,39-46
 
 

6.-Corona de Adviento

Es frecuente en las celebraciones pre-navideñas en los templo y en las decoraciones de muchos hogares cristianos la costumbre de presentar una corona de Adviento como símbolo de los cuatro domingos que se celebran en este tiempo. Tiene origen en la Iglesia luterana, pero se ha extendido su ornamentación a todo el Occidente cristiano.
 
Con un conjunto de ramas verdes, sin flores para significar la austeridad propia del tiempo de Adviento, los fieles trenzan una especie de diadema o corona circular, símbolo del ciclo sin fin de las estaciones, a la que se adorna con cuatro velas colocadas alrededor, símbolos de la luz de Cristo, que está llegando. 
 
Cada vela significa un domingo, y está asociada a un color y a una virtud que el fiel ejercita especialmente cuando se enciende la vela, sin que haya una tradición o combinación que se haya impuesto sobre otras posibles. Una muy razonable es hacer que los colores de las velas coincidan con los colores litúrgicos del domingo y, así,  Las dos primeras velas son de color morado, color litúrgico del tiempo de Adviento; la tercera, correspondiente al domingo “Gaudete”, de color rosado, para significar la mitigación en el ánimo de dolor que las lecturas litúrgicas traen a esta semana; y, finalmente, la cuarta, vuelve a ser de color morado y al encenderla es acompañada por las otras tres restantes, también encendidas.  
 
Cuando llega el primer domingo de Adviento, el fiel en su casa o la comunidad en su templo, encienden el primer cirio y lee unos versos de la Biblia o recita unas oraciones. La llama de la vela representa la oración del fiel que eleva al cielo su propósito de mejorar esta primera semana la virtud del amor.
 
De manera semejante, la llegada de los siguientes domingos es celebrada con idéntico rito, encendiendo las restantes 2ª, 3ª y 4ª velas, portando el propósito de mejorar en las virtudes de la paz, la tolerancia y la fe, respectivamente. .
Llagada la nochebuena, una quinta vela, ésta de color blanco, simboliza que Cristo, la luz del mundo, ya está entre nosotros.

 

7.-Liturgia del tiempo de Navidad

Después del día de Navidad, la Iglesia celebra los principales eventos que comunican la progresiva manifestación de Cristo a las naciones y a la humanidad entera. Las Normas Universales sobre el Año litúrgico (NUAL), dicen
 
32. Después de la celebración anual del misterio pascual la Iglesia tiene como más venerable el hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones: esto es lo que hace en el tiempo de Navidad. 
 
33. El tiempo de Navidad va desde las primeras Vísperas de la Natividad del Señor hasta el domingo después de Epifanía, o después del día 6 de enero, inclusive.
 
35.-La Navidad tiene su octava ordenada de este modo 
a) El domingo dentro de la octava, o en su defecto el día 30 de diciembre, es la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. 
b) El día 26 de diciembre es la fiesta de san Esteban, protomártir. 
c) El día 27 de diciembre es la fiesta de san Juan, apóstol y evangelista. 
d) El día 28 de diciembre es la fiesta de los Santos Inocentes. 
e) Los días 29, 30 y 31 son días de la octava. 
f) El día 1 de enero, octava de Navidad, es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la que se conmemora también la imposición del Santísimo Nombre de Jesús. 
 
36. El domingo que cae entre el 2 y el 5 de enero es el domingo II después de Navidad. 
 
37. La Epifanía del Señor se celebra el día 6 de enero, a no ser que se traslade al domingo entre el 2 y el 8 de enero por no ser día de precepto (cf. n. 7). 
 
38. El domingo después del 6 de enero es la fiesta del Bautismo del Señor.
 
Tras el tiempo de Navidad, sigue un periodo de Tiempo Ordinario.
 

7.1.-25 de diciembre NAVIDAD

Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo (cf. Lc 2, 8-20). La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta noche:
«Hoy la Virgen da a luz al Transcendente.
Y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible.
Los ángeles y los pastores le alaban.
Los magos caminan con la estrella:
Porque ha nacido por nosotros,
Niño pequeñito
el Dios eterno»  (CIC, 525)
 
"Hacerse niño" con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino (cf. Mt 18, 3-4); para eso es necesario abajarse (cf. Mt 23, 12), hacerse pequeño; más todavía: es necesario "nacer de lo alto" (Jn 3,7), "nacer de Dios" (Jn 1, 13) para "hacerse hijos de Dios" (Jn 1, 12). El misterio de Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo "toma forma" en nosotros (Ga 4, 19). Navidad es el misterio de este "admirable intercambio":
«¡Oh admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de la Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad» (CIC, 526)
 
Como en las solemnidades que tienen vísperas propias, la liturgia del día de Navidad dispone de varias misa para según el momento en el que se celebra. Es generalmente conocida la misa de medianoche, la misa del gallo; y, naturalmente, la misa propia de la mañana o mediodía, que en los países de la órbita romana adquiere especial consideración por ser retransmitida la que celebra el Papa y que termina con la bendición apostólica urbi et orbi.
El día de Navidad se pueden celebrar tres Misas, según la antigua tradición romana, es decir, en la noche, a la aurora y en el día.(NUAL, 34).
 
El pueblo cristiano celebra la Navidad de diferentes maneras, siempre con las expresiones folclóricas propias de los pueblos diversos donde se festeja. Pero hay varios que merecen aceptación general, de manera que ellos son patrimonio y signo universal del tiempo navideño. Se trata del árbol de Navidad, de los villancicos y de la flor de Pascua.
 
Árbol de Navidad
El árbol es un elemento de la naturaleza lleno de símbolos bíblicos y presente a lo largo de la Historia de la Salvación. Aparece en posición central en el Génesis, en las tradiciones de la creación 

 El Señor Dios dio este mandato al hombre:

«Puedes comer de todos los árboles del jardín, 17 pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás,(Gen 2,16s)
 

Y como signo del sacrificio de Cristo:

«la Cruz es el verdadero árbol de la vida». (Benedicto XVI, en las JMJ de Sidney, en 2006).
 
«También se ve en el cristianismo antiguo a Cristo, Verbo de Dios, identificado como el árbol de vida. Jesús, dice Justino, «tuvo por símbolo el árbol de vida del paraíso”  El Salvador –dice una homilía atribuida a Efrén—es como un árbol plantado en medio del mundo.» (MARTINE DULAEY, Bosque de símbolos, pág. 263. E. Cristiandad)
 
En Roma, en el Vaticano se erige una enorme conífera, donada por alguno de los países cristianos, como árbol de Navidad que ilumina al mundo entera.
 
Villancicos

El canto es parte de la expresión religiosa en todas las culturas del mundo. El libro de los salmos, en su versión de la CEE, contiene hasta 46 veces la palabra “cantaré” como expresión de la oración del fiel. Así, podemos leer:

Porque yo confío en tu misericordia: mi alma gozará con tu salvación, y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho (Sal 13, 6).
 
Y así levantaré la cabeza | sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré  sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor (Sal 27, 6)
 
De día el Señor me hará misericordia, de noche cantaré la alabanza, la oración al Dios de mi vida.(Sal 42,9)
 

Sin duda, fueron los ángeles quienes cantaron los primeros villancicos al niños nacido en Belén cuando, se dirigieron a los pastores cantando:

«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».(Lc 2, 14).
 
Hoy, con distintos nombres, los países occidentales cantan en Navidad. Así, como villancicos, en España; como chants de Noël, en Francia; carols, en Inglaterra; Kerol, en Rusia; etc., trasmitiendo, con ellos, los mejores sentimientos de ternura y esperanza que les evoca el nacimiento de Jesús.
 
Flor de Pascua
Es frecuente la costumbre de regalar las flores rojas que adornan los campos en el periodo invernal. La flor de Pascua no falta en los altares de las iglesias adornando la mesa eucarística, símbolo de Cristo
 

7.2.-1er. Dom. después de Navidad. La Sagrada Familia

Ha nacido el Emmanuel, el Dios con nosotros, y con ello se cumple la promesa de la Alianza veterotestamentaria. Porque Cristo es el contenido de la promesa hecha a nuestros padres. Él es quien consuma la esperanza del pueblo escogido y trae en su carne una nueva alianza, no ya con el pueblo judío, sino con toda la humanidad. 
 
Por eso, la Iglesia celebra el domingo que cae en la octava de Navidad la fiesta de la Sagrada Familia, un símbolo sagrado de la toda familia humana. Su peripecia a lo largo de la infancia de Jesús, a pesar de la brevedad con que los Evangelio hablan de esta edad, es rica en experiencias humanas: la huida a Egipto, el descanso durante la huida a Egipto, retorno de Egipto, El niño con san Joaquín y santa Ana, etc…. Todos los cuales han alimentado un rico conjunto de obras de arte. 
 

 

7.3.-1º de enero. María Madre de Dios. La circuncisión del Señor

El primero de enero se presenta en la historia de la liturgia con una extraña coincidencia de varias conmemoraciones: la octava de Navidad, la Circuncisión, el Natale S. Mariae y el oficio "ad prohibendum ab idolis", los cuales han contribuido diversamente al formulario de la actual fiesta de Año Nuevo. (Righetti, pág. 364).
 
Sin embargo, en el comienzo del año civil, y la Iglesia, cada 1 de enero, lo inicia poniendo sus ojos en María, Madre de Dios –la Santísima Theotokos, en expresión ortodoxa—y se encomienda desde el primer día, a los cuidados maternales de María, verdadera Madre de Dios, y dispensadora universal de todas las gracias. 
 
«Es natural el preguntarse si esta fiesta de la Virgen, la primera, al parecer, que la Iglesia romana insertó en su ciclo litúrgico, ha sido introducida para honrar tan genéricamente su divina maternidad e inigualada virginidad, o bien por algún motivo específico histórico o local. Pueden darse las dos cosas. Alguno ha hablado de influencias bizantinas, y no sin fundamento, porque en Oriente y en la Galia el culto litúrgico mariano tenía ya desarrollo considerable. … En la basílica, en el siglo V, oficiaban monjes orientales, y es probable que hayan sido introducidas por ellos en el formulario de esta solemnidad varias antífonas de sabor bizantino de las vísperas y de laudes todavia en uso en la liturgia de Año Nuevo.»
«La impronta mariana en la fiesta de Año Nuevo prevaleció en la liturgia medieval antes de que fuese elaborado el actual formulario.» (Righetti, 365)
 
En efecto, la fiesta de “María, Madre de Dios” (Theotokos) ya es mostrada en las catacumbas de Roma donde los cristianos se reunían para celebrar la fracción del pan.  A través de las inscripciones y pinturas puede atestiguarse la antigüedad de este culto mariano.
 
Para el siglo IV, el título de “Madre de Dios” ya estaba incorporado en la oración de los fieles y se usaba con frecuencia tanto en la Iglesia de Oriente (“Theotokos”) como en la de Occidente (”Mater Dei”).
 
Sea como fuere, el punto de partida del culto oficial a María es el Concilio de Efeso (431) que hizo de la Madre y Esposa mística de Dios encarnado la personificación de la Iglesia. Efeso, la ciudad de Artemisa, de la casta Diana, es la cuna del culto de la Virgen, que allí fue proclamada santa y Madre de Dios (agia kai Theotokos) por primera vez.(L.RÉAU, Iconografia del arte cristiano. Nuevo testamento, pág. 62)
 
La rotunda condena de Nestorio en el Concilio de Éfeso (año 431), y la afirmación dogmática de la doble naturaleza (humana y divina) en la única persona (divina) del Hijo trinitario confirmó la condición maternal de María: "La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios". Es inolvidable en la historia de la Iglesia la procesión de antorchas de los padres conciliares y del pueblo cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".
 
“La expresión Theotokos, que literalmente significa ‘la que ha engendrado a Dios’, a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere solo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina”.
 
“El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana y entonces María lo concibió y lo dio a luz”. (San Juan Pablo II, en noviembre de 1996,  citado por ACIPRENSA; 1º de enero de 2020, feliz-solemnidad-de-María-madre-de-Dios)
 
Asimismo, señaló que la maternidad de María “no atañe a toda la Trinidad, sino únicamente a la segunda Persona, al Hijo, que, al encarnarse, tomó de ella la naturaleza humana”. Además, “una madre no es madre sólo del cuerpo o de la criatura física que sale de su seno, sino de la persona que engendra”, enfatizó San Juan Pablo II.
 

La celebración de María Madre de Dios el 1º de enero ha desplazado la atención de un hecho acreditado por el Evangelio:

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción (Lc 2, 21)
 
La Circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento (cf. Lc 2, 21) es señal de su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley (cf. Ga 4, 4) y de su consagración al culto de Israel en el que participará durante toda su vida. Este signo prefigura "la circuncisión en Cristo" que es el Bautismo (Col 2, 11-13).(CIC, 527)
 
Esta festividad, justamente en la octava de Navidad y en el comienzo del año civil fue celebrada primeramente en España:
Con todo esto, el hecho evangélico de la circuncisión era tan notable como para sugerir en seguida en la liturgia una particular conmemoración. Esto sucede primero en España, y de aquí pasó a la Galia y a otras iglesias del Occidente (Righetti, pág 366)
 

 

7.4.-6 de enero

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que 
«La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná (cf. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Antífona del "Magnificat" en II Vísperas, LH), la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos "magos" venidos de Oriente (Mt 2, 1) En estos "magos", representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación. La llegada de los magos a Jerusalén para "rendir homenaje al rey de los Judíos" (Mt 2, 2) muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David (cf. Nm 24, 17; Ap 22, 16) al que será el rey de las naciones (cf. Nm 24, 17-19). Su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los judíos (cf. Jn 4, 22) y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el Antiguo Testamento (cf. Mt 2, 4-6). La Epifanía manifiesta que "la multitud de los gentiles entra en la familia de los patriarcas"(San León Magno, Sermones, 23: PL 54, 224B ) y adquiere la  israelitica dignitas (la dignidad israelítica) (Vigilia pascual, Oración después de la tercera lectura: Misal Romano)».(CIC, 528)
 
La festividad del 6 de enero ha sido siempre una solemnidad de primera categoría, precedida de una gran vigilia. En ella tres misterios convergían para dar al mundo la gran noticia de Cristo, el Hijo predilecto: la visita de los Magos, el bautismo de Jesús en el Jordán y su primer signo en la boda de Caná.
 
Cualquiera de estos sucesos esté revestido de carácter epifánico o de manifestación de Dios.
 
Pero en Occidente, la fiesta litúrgica se centra en la visita de los Reyes y de la trascendencia soteriológica que revela la misma. En efecto, los Magos, como representantes de las naciones gentiles buscan al señalado por la aparición de una estrella de luz desacostumbrada. Como si conociesen el designio divino, la Alianza especial de Dios con Israel, se dirigen al pueblo judío a preguntar por el nacido cuya estrella los va guiando. 
 
El poder romano, bajo cuyo imperio vive el pueblo escogido, llama a los sabios de Israel para que le digan dónde debe producirse el evento. Israel lo sabe y lo declara: en Belén, de Judá. Y hacia Belén van los gentiles mientras el pueblo destinatario de ese nacimiento los ve marchar.
 
El duro corazón de Israel no se conmueve ante ese niño anunciado por Isaías. 30 años después confirmaría el “fracaso” de la misión de Cristo, con el grito de ¡Crucifícale! Por eso la Iglesia Católica celebra este 6 de enero la visita de los Reyes Magos 
Como misterio confiado a la misión y responsabilidad de la Iglesia en el mundo, la epifanía representa una urgencia primaria permanente. (ORDOÑEZ MARQUEZ, OC.pág. 232)
 
En la visita de los Reyes se cumple la oración del Salmo 72
En su presencia se inclinen las tribus del desierto; sus enemigos muerdan el polvo; 
que los reyes de Tarsis y de las islas  le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos (Sal 72, 9ss)
 

7.5.-1er. D. después Epifanía El Bautismo del Señor

Una vez más es Isaías quien pone marco profético a la acción de Jesús o, mejor, a la acción de la Trinidad sobre la segunda persona, sobre el Hijo. La voz del Padre se deja oír:

Mirad a mi Siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. (Isa 42, 1ss)
 
y con ello da fe de la condición mesiánica de Jesús.
 
Y con la fiesta del Bautismo del Señor en el Jordán se cierra el tiempo de Navidad. En el calendario romano es celebrada el domingo después de Reyes.
 
 
 

7.6.-2 de febrero

A los 40 días, cumplido el plazo de purificación de María, llega el rito mosaico del rescate del primogénito que, como tal, está consagrado a Dios. José y María llegan al templo con la ofrenda de los pobres: un par de tórtolas. Allí les espera el sacerdote de guardia, providencialmente Simeón, y Ana, la profetisa. El Espíritu Santo ilumina a ambos y reconocen en ese niño al Mesías prometido. 

Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. 
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, 
a quien has presentado ante todos los pueblos: 
luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». (Lc 2, 28-32)
 
«La Presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 22-39) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13,2.12-13). Con Simeón y Ana, toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, "luz de las naciones" y "gloria de Israel", pero también "signo de contradicción". La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado "ante todos los pueblos"». (CIC, 529)
 
Las primeras manifestaciones de celebraciones litúrgicas proceden de Jerusalén, desde donde se extendió por Oriente, de tal modo que a principio del Siglo VI se celebraba en toda Palestina y Constantinopla.
«Quizá por el ejemplo de Constantinopla, también Roma la acogió en el número de sus fiestas. El gelasiano contiene las tres oraciones de la misa, intituladas In Purificatione S. Mariae, si bien todas se refieren a la presentación de Jesús en el templo» (Righetti, OC, pág 372)
 
 

8.-Oración

La letanía es una rogativa o súplica que se hace a Dios con cierto orden, invocando la Santísima Trinidad, y poniendo por medianeros a Jesucristo, la Virgen y los Santos. Las letanías más antiguas después de las de los Santos (año 595) son las de la Santísima Virgen. Llámanse lauretanas o de Loreto, y fueron aprobadas por Sixto V en 1587.

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.


Santa María, ruega por nosotros (*)
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Jesucristo,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre Virgen,
Madre Incorrupta,
Madre Inmaculada,
Madre Amable,
Madre Admirable,
Madre del Buen Consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen Poderosa,
Virgen Clemente,
Virgen Fiel,
Espejo de Justicia,
Trono de la eterna sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa Mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los Afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina llevada al cielo,
Reina del Santo Rosario,
Reina de la Paz.


v/. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo.
r/ . Perdónanos, Señor.
v/. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
r/. Escúchanos, Señor.
v/. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
   ten piedad de nosotros.


Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todos los peligros, Virgen Gloriosa y Bendita.
v/. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
r/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. (Compilado por José Gálvez Krüger)  

 

9.-BIBLIOGRAFÍA

Bibliografía especialmente consultada para esta página:
NUAL: NORMAS UNIVERSALES SOBRE EL AÑO LITÚRGICO Y SOBRE EL CALENDARIO)
CROISSET. El año cristiano
DULAEY, Martine. Bosque de símbolos. Ed. Cristiandad
LOPEZ MARTÍN, Julián. El año litúrgico. BAC popular nº 62.
ORDOÑEZ MÁRQUEZ, Juan. Teología y espiritualidad del año litúrgico. BAC nº 403
PARSCH, Pio. El año litúrgico. Desclée de Brouwer. Buenos Aires.
PASCHER, J. El año litúrgico. BAC nº 247.
PLAZAOLA, Juan. Historia del arte cristiano. BAC
RÉAU, Louis. Iconografía del arte cristiano. Ed. Del Serbal
RIGHETTI, Mario, Historia de la liturgia BAC
VV.AA. Año cristiano. BAC nº 182
 

 

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