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Nuestra Señora del Buen Consejo

"Madre del Buen Consejo"

Virgen del Buen Consejo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

1.-Introducción

Un fresco pintado sobre una capa de yeso del grueso de una cáscara de huevo, con dimensiones aproximadas de 40 por 45 cm, al que acompaña unos hechos milagrosos, es el soporte físico del título Nuestra Señora del Buen Consejo (en latín: Mater boni consilii) que se le da a la Santísima Virgen María.

Desde 1467 la devoción a Nuestra Señora del Buen Consejo fue extendida por la orden agustina y creció entre santos y Papas, hasta el punto de que se agregó una referencia a ella a las Letanías lauretanas mientras su devoción se extendía por el mundo católico. Su fiesta es el 26 de abril

El fresco original milagroso se encuentra hoy en la vieja iglesia del siglo XIII, en Genazzano, hoy mantenida por los agustinos  

 

2.-La historia

La historia de la imagen se desarrolla, en paralelo, en dos escenarios muy distintos. Es la acción de la divinidad quien da unidad a los desarrollos milagrosos que ocurren en tiempos y lugares tan diferentes.

1.-El primer escenario tiene lugar en las tierras de Albania, tierra objeto de oscuros deseos de sus vecinos y, muy concretamente, del imperio turco con el que mantenía intermitentes guerras seculares, concretamente en la ciudad de Scútari, donde, desde el siglo XIII, se veneraba el icono de “Santa María de Scútari”.

En el siglo XIV, el desarrollo de las actividades guerreras con Turquía era muy desfavorable para Albania que sintiéndose indefensa se dirigió angustiada a la Virgen en demanda de auxilio. Como en tiempos veterotestamentarios el cielo envió un juez para dirigir al pueblo hacia la salvación: se llamaba Castriola o Scanderbeg.

Supo mantener la unidad y la fe de Albania. El pueblo luchaba ilusionado contra el invasor y, en los periodos de descanso, recuperaba fuerzas ante los pies de “Santa María de Scútari”. Así, entre combates, descansos y siempre entre grandes fatigas, transcurría un tiempo grande sin conocerse una salida definitiva.

El liderazgo de Scanderbeg duró cerca de 23 años, hasta que su muerte sumió al pueblo en el sentimiento más trágico al prever un futuro dominado por el poder turco. Pero el pueblo albanés no había sido olvidado por la Virgen. Un nuevo juez fue suscitado para dirigir la lucha contra el invasor: dos soldados de Scanderbeg, llamados Georgis y De Sclavis, reciben la misión definitiva a través de una especie de sueño: Ven que la imagen se desprende del muro, es envuelta por una nube blanca y se aleja de Scútari casi 30 kilómetros, hasta orillas del mar e, incluso, adentrándose en él. De forma milagrosa, los dos soldados pueden seguirla sin hundirse en las aguas hasta unas nuevas tierras, éstas de la península itálica, donde se encuentran sin saber dónde están. 

Campana-de-la-iglesia-que-sono-misteriosamente-durante-la-aparicion-en-14672.-La historia paralela a la que se desarrolla en Albania ocurre en Italia: Scútari es Genazzano, pequeño pueblo cercano a Roma; el nuevo Scanderbeg es Petruccia, una mujer de fe. 

Petruccia es una mujer mayor, ya octogenaria, que milita en la orden terciaria agustina, y vivía en una cierta precariedad. Siendo muy devota de la Madre del Buen Consejo, fue inspirada en sueños con la siguiente revelación: “La Virgen María desea salir de Albania, desde Scútari”, acompañada de instrucciones concretas de levantar un templo para ella en una existente vieja iglesia de Genazzano.

En medio de la incomprensión general, Petruccia comenzó a emplear sus escasos recursos y sus menguadas fuerzas en el saneamiento del viejo templo. Cuando Genazzano, en el año 1467, celebraba la fiesta de su patrono san Marcos, Patruccia una vez más atravesaba el pueblo dirigiéndose al trabajo de reconstrucción de la antigua iglesia. Y, en aquellos momentos, comenzó a escucharse una celestial música procedente de una nube blanca que aparece en el horizonte, tan luminosa que incluso hace palidecer al sol, mientras sonaba de forma misteriosa la campana de la iglesia 

La nube desciende sobre el pueblo y se desvanece poco a poco, mientras las campanas de las iglesias de la ciudad comienzan a sonar solas. Tras la nube, Giorgio y De Scalvis, que habían seguido la aventura viajera de la imagen desde Scútari, arrivaron también a Genezzano . Comenzaron a buscarla en Genazzano, hasta que la encontraron en el viejo templo que Petruccia está reconstruyendo poco a poco.

Allí estaba, flotando ante el muro, la imagen que viaja desde Scútari y conocida como Virgen del Buen Consejo. Ante el patente milagro, Genazzaro se convierte en fin de numerosas peregrinaciones y la Virgen del Buen Consejo como mediadora de todo tipo de gracias y consuelos para quienes con fe la imploran. Se dice que se registraron 161 sucesos milagrosos en sólo 110 días.

Milagros que aún no han terminado: En un bombardeo de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba explotó en el templo, destruyendo completamente el interior, mientras la imagen de la Virgen permaneció sin daño alguno.
 

3.-Iconografía

De la historia de la imagen milagrosa puede deducirse que la familia iconográfica de Nuestra Señora del Buen Consejo está muy definida. 

Nuestra-Senora-del-Buen-Consejo_de-Genazzano

 
 
 
 
Nuestra Señora del Buen Consejo, de Genazzano
Localización: Genazzano, Italia
Fecha c.1417-1431
Tipo fresco
 
Una auditoría realizada entre 1957 y 1959, mientras se realizaban trabajos de restauración, informó que la imagen de la Virgen procedía de un fresco más grande que debería cubrir un muro que posteriormente fue cubierta con yeso. 
 
Se atribuyó el fresco a Gentile da Fabriano, artista de principios del siglo XV, que trabajaría probablemente pintado en la época del Papa Martín V (1417-1431). 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Nuestra-Senora-del-Buen-Consejo_Pasquale-Sarullo_siglo XIX
 
 
 
 
 
 
 
 
Nuestra Señora del Buen Consejo de Pasquale Sarullo , siglo XIX.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Mosaico-de-Nuestra-Senora-del-Buen-Consejo_Nunzio-Monticelli_siglo XX
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Mosaico de Madonna di Buon Consiglio, de Nunzio Monticelli, siglo XX.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Icono clásico con las figuras coronadas
 
 
 
 
 
 
 
Icono clásico con las figuras coronadas.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

4.-El icono

Nuestra-Senora-del-Buen-Consejo_de-Genazzano
 
Detengámonos un poco a contemplar la figuración de esta maravillosa pintura.
 
Representa a la Santísima Virgen con inefable afecto maternal, amparando en sus brazos al Niño Jesús bajo un sencillo arco iris. Los colores son suaves, y finos los trazos de los admirables semblantes.
 
Con unas medidas aproximadas de 39,5 por 44,5 cm, el icono de Nuestra Señora del Buen Consejo es un fresco ejecutado sobre una fina capa de yeso, que representa una figura materna que está medio vuelta hacia su hijo y la mitad hacia el espectador. El niño Jesús descansa sobre el brazo izquierdo de María, su cabeza se inclina hacia él, sus mejillas se tocan con ternura. Es un momento de amor y ternura maternal.
 
La imagen trae, a bote pronto, el recuerdo de uno de los iconos más venerados de la Theotokos, el de la Eleousa o Virgen de la ternura. Dos halos rodean su cabeza, enmarcados por el nimbo propio de su santidad. Sus rostros revelan una dulzura infinita. El de la madre es de una conseguida perfección, cuan si de un óvalo se tratara; los ojos son intensamente expresivos; las cejas muy finas; la boca y la nariz, delicadamente dibujadas; el cabello, casi rubio, suavemente ondulado.
 
La Virgen, en altísimo acto de adoración, parece estar ocupada en adivinar lo que sucede en lo íntimo del Hijo. Al mismo tiempo, toma en consideración al fiel que se arrodilla afligido a sus pies, haciéndolo partícipe, de alguna manera, en la celestial convivencia que el cuadro nos ofrece. No hace falta decir nada; basta con que el necesitado se aproxime, y sentirá producirse en su alma una acción balsámica
 
El rostro del Hijo es sonrosado y redondeado, refleja el candor de su corta edad. Su cabello aparece apenas insinuado en la amplia frente. Pero lo que inmediatamente atrae la atención sus ojos, muy vivos y penetrantes, que parecen observar toda la creación como Señor del pasado, del presente y del futuro. Sus ojos no miran directamente a su madre, están vueltos hacia arriba. Mientras los ojos de ella miran hacia abajo, los ojos de Él están levantados hacia el Padre. La contemplación del icono crea un imperceptible juego de miradas: la nuestra hacia la madre y su hijo; la de María hacia Él; la del Niño, hacia nosotros, hacia su madre y hacia Dios Padre.
 
El rostro de Nuestra Señora muestra su gran satisfacción de tener a su Niño en brazos, quien con indescriptible cariño presiona ligeramente su rostro contra el de su Madre. Entre ambos existe una atractiva intimidad; la unión de almas se trasluce en el intercambio de miradas. Ella, que piensa sólo en Él, no lo está mirando directamente: también te está mirando a ti. Ella recibe nuestras oraciones y las transmite a Dios, en su papel de mediadora universal de todas las gracias.
 
María se muestra con un velo típico de las mujeres judías de la época, lo que revela su humildad y piedad. María viste una túnica azul, símbolo de tranquilidad, comprensión y paciencia. El azul es el color de la Madre de Dios y se suele utilizar en las pinturas de iconos religiosos para mostrar su estado celestial. El Niño Jesús viste una túnica roja, el color de la humanidad, que representa la energía vivificante, el amor, la pasión, la sensibilidad y la anticipación de su sacrificio. El fondo está engastado en oro, simbolizando la luz divina y el cielo. Los íconos a menudo tienen fondos dorados porque el espectador está mirando a alguien en el cielo.
 
En la sagrada imagen de la Madre del Buen Consejo todo es admirable. Es digna de singular admiración la propiedad de cambiar de colores y matices, hasta la variación completa de la fisonomía de la Divina Madre. Unas veces aparece con un tinte de tristeza que se trasluce en la palidez del rostro, y en otras ocasiones, particularmente al conceder alguna gracia, poco a poco se van coloreando sus mejillas, alégrase el semblante, parece sonreír amablemente, agrandándose sus ojos con expresión de angelical alegría y cualidad admirable de esta benditísima imagen, que es el atractivo irresistible que ejerce sobre los corazones que se postran a sus pies. Embelesa su hermosura de tal manera, siéntese el alma tan suave y amorosamente prendida por las dulzuras de la divina Madre, que hay que hacer un verdadero esfuerzo para alejarse de allí. En su peregrinación al Santuario de María, el Papa Urbano VIII no acertaba a despedirse de la presencia de la preciosa imagen; sus ojos eran dos fuentes de lágrimas y parece se hallaba clavado al pavimento. Otro tanto sucede a cuantos devotos se acercan a la Madre del Buen Consejo con santas disposiciones.
 

5.-.El escapulario blanco

A finales de 1893, poco antes de las fiestas de Navidad, el Papa León XIII aprobó el uso de un escapulario hecho con lana blanca que con la imagen de Nuestra Señora de Buen Consejo le presentaron los Ermitaños de san Agustín. No sólo lo aprobó, sino que lo dotó de indulgencias.
 
 
 
 
Como puede verse en la imagen, en el panel frontal hecho con lana blanca está la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo, con la inscripción, "Mater boni consilii [ora pro nobis]". En el reverso del escapulario aparece el símbolo papal (esencialmente, la Triple Tiara y las Llaves del Cielo), con las palabras de León XIII: “ Fili adquisce consiliis ejus ” (Niño, escucha sus consejos).
 

6.-La fiesta

La festividad de Nuestra Señora del Buen Consejo se hace posible en el siglo XIV gracias a la entrañable relación existente durante mil años entre Roma y la ciudad de Genazzaro, distante apenas 50 km. 
 
El Papa Sixto III (432 a 440) toma posesión del trono de Pedro al año siguiente de la celebración del Concilio de Efeso, que condenó el pelagianismo y el nestorianismo. Para reafirmar la doctrina del Concilio comenzó a construir en Roma la basílica de Santa María la Mayor dedicada a la madre de Dios, a la Theotokos, tal como había definido Efeso contra Nestorio, que limitaba su maternidad a la persona de Cristo, como Christotokos, afirmando consecuentemente que en Jesús coexistían dos personas, no sólo dos naturalezas.
 
La ciudad de Genazzano acogió desde el principio con extraordinaria devoción la petición de ayuda para las obras de Sixto III, dedicando una gran parte de sus rentas a los gastos de construcción de Santa Maria Maggiore, en Roma. Sixto III, en reconocimiento público, propició una obra similar en Genazzano, la iglesia, de Santa María, que en el siglo XV recibiría la imagen de Nuestra Señora de Scútari, llegada desde esta población de Albania de forma milagrosa. 
 
Los monjes Agustinos, que desde 1356 dirigían los servicios de la iglesia, propagaron desde 1467, primero por toda Italia, más tarde por todo Occidente, el suceso milagroso, convirtiendo la iglesia de Genazzano en un lugar popular de peregrinaje. La Virgen se encargó de santificar el lugar con sus numerosas curaciones y muchas gracias entre los peregrinos. 
 
Durante la Segunda Guerra Mundial, la iglesia de Genazzaro fue alcanzada por una bomba que causó grandes daños en la estructura y en el mobiliario, pero el fresco con la imagen milagrosa no resultó dañado. 
 
Desde el principio, el icono Mater boni consilii mereció la veneración del papado, hasta el punto de que por las atenciones recibidas, se le llamara también la "Madonna de los Papas". La fiesta –memoria libre- de Nuestra Señora del Buen Consejo se celebra el 26 de abril. 
 
La Leyenda dorada dedica un escueto comentario en su crónica del día 26 de abril: “NUESTRA SEÑORA DEL BUEN CONSEJO, — Con este nombre es invocada la Virgen santa en este día [26 de abril] en algunos puntos de la cristiandad.”
 

6.1.-Veneración

Para sus fieles no hay palabras para describir la admiración que sienten por la imagen de la Virgen del Buen Consejo. La hermosura de su rostro embelesa el alma de quien le contempla, que queda prendida por la dulzura de su mirada y desea permanecer en su presencia, sin querer alejarse de allí. Se cuenta que el mismo Papa Urbano VIII, durante su peregrinación, puesto de rodillas ante la imagen no cesaba de llorar, sin querer abandonar el templo. 
 
Como se ha indicado anteriormente, la Orden de los Agustinos contribuyó a la difusión de esta devoción por toda la cristiandad, fuertemente alentada por los papas romanos. Así: 
  • Benedicto XIV, en 1753, estableció la Pía Unión de Nuestra Señora del Buen Consejo. 
  • León XIII, que era él mismo miembro de la piadosa unión, estaba profundamente apegado a esta devoción. Más tarde, en abril de 1903, incluyó la invocación "Mater boni consilii" en las Letanías lauretanas. 
  • Pío XII, en 1939, puso su pontificado bajo el cuidado maternal de Nuestra Señora del Buen Consejo y le compuso una oración. 
 
Bajo esta advocación de Nuestra Señora del Buen Consejo, la Virgen María es patrona de numerosas instituciones agustinas, sobre todo de signo educativo, ya universidades, ya institutos de enseñanzas medias. Destacan, entre ellos, el conjunto de colegios que con el nombre de Nuestra Señora del Buen Consejo han sido fundados por los agustinos por todo el mundo.
 

7.-Reflexión teológica

Detalle-del-mosaico-de-Nuestra-Senora-del-Buen-Consejo-de _Maison La Couronne_M. Rupnik_2014.

La intercesión de María aparece en el primer acto de la vida pública de Jesús, según el Evangelio de san Juan, precisamente como un consejo que, por su brevedad y por las circunstancias que lo provocan, está en la base de la espiritualidad cristiana más elemental: “Haced lo que él os diga” (Jn 2, 5). Este buen consejo de María, que se da a los servidores de las bodas de Caná, nos remite a Jesús, nuestro maestro, Camino, Verdad y Vida

María, como todos nosotros, es elegida desde antes de crear el mundo, tal como nos enseña san Pablo. Es decir, cuando la Trinidad –el Eterno Consejo- “piensa” su obra creadora ya decide sobre cómo será la madre del Hijo encarnado, del Verbo cuando se haga hombre, la verdaderamente Theotokos. ¿Puede extrañar que desde el primer momento fuera objeto de la máxima benevolencia y afecto, que fuera deseada como la Obra Maestra de toda la creación? ¿Que fuera dotada de gracia y belleza por encima de los ángeles, de la humanidad y del universo?

Del don de Consejo, dice Juan Pablo II:

“Se da al cristiano para iluminar la conciencia en las opciones morales que la vida diaria le impone. Una necesidad que se siente mucho en nuestro tiempo, turbado por no pocos motivos de crisis y por una incertidumbre difundida acerca de los verdaderos valores, es la que se denomina “reconstrucción de las conciencias”. Es decir, se advierte la necesidad de neutralizar algunos factores destructivos que fácilmente se insinúan en el espíritu humano, cuando está agitado por las pasiones, y la de introducir en ellas elementos sanos y positivos. 

En este empeño de recuperación moral la Iglesia debe estar y está en primera línea: de aquí la invocación que brota del corazón de sus miembros -de todos nosotros- para obtener, ante todo, la ayuda de una luz de lo Alto. El Espíritu de Dios sale al encuentro de esta súplica mediante el don de consejo, con el cual enriquece y perfecciona la virtud de la prudencia y guía al alma desde dentro, iluminándola sobre lo que debe hacer, especialmente cuando se trata de opciones importantes (por ejemplo, de dar respuesta a la vocación), o de un camino que recorrer entre dificultades y obstáculos. Y en realidad la experiencia confirma que “los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas”, como dice el Libro de la Sabiduría (9, 14). 3. 

El don de consejo actúa como un soplo nuevo en la conciencia, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma (cf. San Buenaventura: Collationes de septem donis Spiritus Sancti; VII, 5). La conciencia se convierte entonces en el “ojo sano” del que habla el Evangelio (Mt 6, 22), y adquiere una especie de nueva pupila, gracias a la cual le es posible ver mejor qué hay que hacer en una determinada circunstancia, aunque sea la más intrincada y difícil. El cristiano, ayudado por este don, penetra en el verdadero sentido de los valores evangélicos, en especial de los que manifiesta el sermón de la montaña (cf. Mt 5-7). 

Por tanto, pidamos el don de consejo. Pidámoslo para nosotros y, de modo particular, para los Pastores de la Iglesia, llamados tan a menudo, en virtud de su deber, a tomar decisiones arduas y penosas. Pidámoslo por intercesión de Aquella a quien saludamos en las letanías como Mater Boni Consilii, Madre del Buen Consejo”.( Fecha: 7 de mayo de 1989, publicada en L’Osservatore Romano 14/05/89)

Tenemos necesidad del Don de Consejo para defender nuestra Fe, para guardar el gran tesoro de la gracia de Dios, para defendernos del ambiente anticristiano existente y de todo el mal que nos rodea. Y, como tantas veces, María es nuestra abogada y su intercesión nos permite acudir a ella para la obtención de este don de su esposo divino:

¡Oh querida Madre! Ruega a tu Divino Hijo que su Divino Espíritu ... el Espíritu Santo, desarrolle en nuestras almas el Don de Consejo ... y los otros seis Dones de los que tenemos tanta necesidad. ¡Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros!.
 

8.-Oración

Al celebrar la memoria de Santa María, Madre del Buen Consejo, 
hemos participado, Señor de tus sacramentos; 
concédenos conocer lo que te agrada y 
merecer la salvación por tu Hijo,
que nos diste, por medio de la Virgen, como Consejero admirable. 

 

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…..
(Oración después de la comunión, 
misa de Ntra Sra. del Buen Consejo, 
26 de abril)