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El año cristiano

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1.- Introducción

Cuando Cristo señalaba a los suyos cuál debería ser la meta de su vida:
Sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.(Mt 5,48)

les marcaba un objetivo cuyo alcance es doblemente complicado.

Por un lado, es asunto arduo que exige mucho esfuerzo por la propia meta que se propone: ser divinamente santos, como el Padre es santo.
Y, por otro, porque esa perfección buscada, esa santidad exigida, no es dable alcanzarla en esta vida, sino que debe ser construida aquí para consumarla en el Reino de Dios. Y hacerlo aquí, en medio del mundo, no es una tarea pacífica porque
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.(Mt. 11:12)
La Iglesia Católica ayuda de muy diversas maneras a los cristianos a navegar por este mundo sin perder el rumbo de nuestro destino celestial. Para ello, nos presenta el desarrollo del misterio de Cristo durante los domingos del año, a través de los ciclos de Adviento y Navidad, de la Cuaresma y Pascua, y del tiempo ordinario. El año litúrgico cristiano articula la perenne oración de Cristo al Padre y la incesante adoración de la Iglesia –cuerpo de Cristo—a Dios.
La Iglesia sabe que la santidad que nos exige Cristo es una realidad escatológica, que ya Él nos ha alcanzado pero que aún no está plenamente conseguida en cada uno de nosotros, que debemos alcanzarla en nuestro peregrinar por este “valle de lágrimas”, no sin esfuerzo y sin lucha, pues
En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.(Jn 16, 33).
 
Como una ayuda ordinaria va a proponernos diariamente hacer memoria de los “santos”, a aprender a mirar a la Iglesia ya triunfante en el Reino con la mirada de Juan Bautista cuando
vio a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29)
porque
“igual hacen los santos: manifestarnos a Cristo en su vida y conducirnos a Él; son como una reproducción de Cristo hecha según la escala humana. Al mostrarnos cómo han seguido a Cristo nos estimulan a que le sigamos también nosotros” (LAMBERTO DE ECHEBARRIA, Año Cristiano, BAC nº 182, pág 10).
 
En estas páginas dedicadas a la oración litúrgica tendrá una consideración muy especial la oración de la Iglesia Ortodoxa, su liturgia y su santoral. Es una rama especialmente importante del universo cristiano, con quien estuvimos rezando unidos más de 1000 años, y que ha conservado la Tradición de los Padres orientales con gran fidelidad.
 

2.-Esquema de desarrollo del Año Cristiano

1.-EL AÑO LITÚRGICO
Los orígenes del Año litúrgico
Los Ciclos
Ciclo diario
Ciclo semanal. El domingo
Ciclo anual: Los tiempos litúrgicos
La formación del calendario

2.-ADVIENTO Y NAVIDAD

3.-LA CUARESMA
La cuaresma ortodoxa
La cuaresma católica

4.-EL CICLO PASCUAL
Semana Santa
La pascua de resurrecciön
El Tiempo Pascual
La ascensión
Pentecostés

5.-TIEMPO ORDINARIO
Las Fiestas ortodoxas
Las Fiestas católicas

 

3.-Oración

Todo comenzó con un nacimiento y un canto de alegría en los cielos:

 

GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS, Y EN LA TIERRA PAZ A TODOS;
ÉSTE ES EL HIJO DE DIOS, QUE HA NACIDO DE MARÍA.

Este santo nacimiento los profetas lo anunciaron
y con júbilo esperaron al Autor del firmamento.
Por fin se cumplió el momento de tan gloriosa venida,
nuestra dicha fue cumplida, cuando ya Jesús nació.
Digamos de corazón: ¡feliz noche bendecida!

En un pesebre botado, fue donde nació el Mesías,
por cumplir la profecía que Dios había anunciado.
Sus padres con gran cuidado con las pajas lo cubrieron,
y tan pronto lo supieron tres sabios del Oriente
a ver al recién nacido desde la Arabia vinieron.

Al saber que era nacido el eterno Hijo de Dios,
José y María, los dos, vieron su gozo cumplido.
Su calvario principiado, en aquel pobre pesebre:
sintió frío por primero por la helada que cayó
y un ángel en las alturas entonaba el "Gloria a Dios".

Cuando nació el Redentor en el portal de Belén,
los pastores van también a ver al niñito Dios.
Lo adoraban con amor al Mesías verdadero,
recostado en un pesebre entre la mula y el buey,
de esta forma nació el Rey de la tierra y de los cielos.
MIGUEL JORDÁ