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El triduo pascual

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1.-Introducción

 

Llegamos a los días más importantes del año litúrgico, 
 
A partir del Triduo Pascual como su fuente de luz, la nueva era de la Resurrección llena todo el año litúrgico con su esplendor. Poco a poco, a ambos lados de esta fuente, el año se va transfigurando por la liturgia. Realmente es un "año del favor del Señor". La economía de la salvación actúa en el marco del tiempo, pero desde su cumplimiento en la Pascua de Jesús y el derramamiento del Espíritu Santo, la culminación de la historia se anticipa "como un anticipo", y el reino de Dios entra en nuestro tiempo(CIC, nº1168)
 
En efecto, el Triduo Pascual celebra que Cristo muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida. Así como el domingo es el día más importante de la semana, esta trilogía de días (Triduo) son los más importantes de todo el año litúrgico. (cf. NUALC n. 18).
 
Comienza con la Misa vespertina de la Cena del Señor, el Jueves Santo por la tarde (la mañana del Jueves pertenece todavía al tiempo de Cuaresma). El centro del Triduo Pascual es la Vigilia pascual y acaba con las Vísperas del domingo de Resurrección (cf. NUALC n. 19).
 
No es posible hablar de este período de tres días sin recordar las señales que Jesús había hecho sobre las circunstancias de su pasión, muerte y resurrección;
 
Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. 40 Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Mt 12, 39s)
Intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». 19 Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». (Jn 2,19)
 
Comparecieron dos que declararon: «Éste ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”». (Mt 26,61)
 
Tanto estas alusiones de Jesús a los tres días en que Jonás estuvo en el vientre de la ballena o la identificación del Templo con su cuerpo, como el normal deseo en las primeras comunidades cristianas de celebrar los diversos momentos del misterio pascual siguiendo las tradiciones evangélicas, contribuyeron a fijar la duración del Triduo pascual. Hay referencias concretas de San Ambrosio, en Milán, y de San Agustín, en Hipona, a las del «sagrado triduo de Cristo crucificado, sepultado y resucitado» (SAN AGUSTÍN, PL 38,215); SAN Ambrosio, (PL 16,1030)
 
A través del diario de Egeria en su peregrinaje a Tierra Santa, se conoce con toda meticulosidad la liturgia del Triduo Pascual en la Iglesia madre de Jerusalén a finales del siglo IV. No hay que dudar del protagonismo de ello en la configuración de las celebraciones en el resto de la Pentarquía cristiana, y desde allí su extensión paulatina por la liturgia occidental. 
 
En el siglo V ya son comunes en la cristiandad, sea oriental u occidental, las celebraciones de la procesión de ramos y palmas, el domingo de ramos; el lavatorio de los pies en la misa “in cena domine”, del jueves santo; la adoración de la cruz, el viernes santo; o las lecturas de la pasión en estos días. 
 
El resto de los ritos que han llegado hasta nosotros se van introduciendo a través de los años. En la Edad Media, sin poder decir el momento exacto, la liturgia del Triduo Pascual se enriquece con el vaciamiento de los altares y la traslación de las formas consagradas en el jueves santo a la capilla de la reserva eucarística; con el canto «Mirad el árbol de la cruz» con el que se entroniza la cruz; o con la bendición del fuego que inaugura la liturgia de la Vigilia de Pascua y encenderá el Cirio Pascual, signo de Cristo resucitado.
 
El Triduo pascual de la liturgia romana queda definitivamente estructurado hacia el siglo mm, incluyendo la anticipación de la hora de la vigilia pascual, que en esta época ya se había adelantado a la hora sexta (a las doce de nuestro reloj). Otro tanto había ocurrido con las celebraciones del Jueves y del Viernes Santos, que llegaron a ser por la mañana. 
 
Ya en el siglo XX, el papa Pío XII (1951), al reformar la liturgia de la Semana Santa, fijó los ritos y horarios que hoy nos son familiares en Occidente para la misa vespertina de la cena del Señor, el Jueves Santo, y la adoración de la Cruz, el Viernes Santo. Unos años más tarde, en 1962, el Vaticano II confirmaría estas disposiciones propias del Triduo Pascual.

 

2. Estructura del triduo pascual

Las Normas Universales Sobre el Año Litúrgico son muy claras al señalar el momento en que comienza el Triduo pascual: 
“Comienza con la Misa vespertina de la Cena del Señor, tiene su centro en la Vigilia pascual y acaba con las Vísperas del domingo de Resurrección.” (NUALC 19).
 
Una simplificada manera de ver cómo se agrupan y distribuyen las celebraciones de los misterios de cristo en estos tres días solemnísimos puede ser la siguiente:
 
Triduo pascual
Jueves santo
Lavatorio de los pies de los discípulos
Última Cena y lavatorio de los pies de los discípulos 
Institución de la Eucaristía
 
Viernes santo
Muerte en cruz  
Descendimiento de la cruz 
Colocación del cuerpo de Cristo en la tumba
 
Sábado santo
Bajada del alma de Cristo a los infiernos
 
Vigilia
PASCUA DE RESURRECCIÓN
Resurrección 
Salida del sepulcro
 
Domingo de Pascua
PASCUA DE RESURRECCIÓN
Aparición a las mujeres “miróforas
 
 
 
La Iglesia sigue estos días con la mayor meticulosidad los misterios de la vida de Cristo, celebrando lo que Él «hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo» (Heb 7, 27). Veamos con cierto detenimiento lo que Jesús hizo en aquél primer triduo para salvar la humanidad de la postración producida en el jardín del Edén
 

2.1.-Jueves Santo

Jesús y los suyos se preparan para celebrar la Pascua judía, en recuerdo de la salida de Egipto y las promesas durante el éxodo por el desierto. La Cena propiamente dicha es seguida sin solución de continuidad por la pasión.
 
Esa tarde/noche, Jesús:
Envió a Pedro y a Juan para que hicieran arreglos para que usaran el Aposento Alto para celebrar la cena de Pascua.
Lavó los pies de los apóstoles.
Realizó la primera Eucaristía.
Instituyó el sacerdocio ministerial.
En su discurso de despedida:
Anunció la traición de Judas
Dio el “mandamiento nuevo” de amarnos unos a otros.
Anunció que Pedro negaría tres veces conocerlo.
Anuncia ser « el camino y la verdad y la vida»
Anuncia las futuras persecuciones que tendrán sus seguidores.
Anuncia la próxima dispersión de los Doce.
Pidió al Padre que mantuviera unidos a sus discípulos.
Al terminar la cena salió para el Monte de los Olivos.
Oró e invitó a orar a sus discípulos.
Se consumó la traición de Judas y fue detenido sin ofrecer resistencia.
Fue llevado ante los sumos sacerdotes Anás y Caifás.
Fue llevado ante Pilato.
 
La Iglesia celebrará estos misterios con la máxima tensión espiritual, recordándolos en la Misa. En ella son vividos de nuevo los signos de la caridad fraterna, a través del lavatorio de los pies; se renueva el misterio de Cristo Sacerdote, a través de la institución de la Eucaristía; se recuerda con la eficacia del sacramento eucarístico la institución del Orden sacerdotal. 
 

2.2.-Viernes Santo

Los eventos de la media noche, sucedidos tras la cena de Pascua, se han contemplado en el Jueves Santo por razones de identificación mística entre la cena de Pascua judía (ofrecimiento del cordero al Padre como sacrificio de la Antigua Alianza) y la entrega voluntaria de Cristo, como cordero del nuevo sacrificio de la Nueva alianza.
 
Celebramos este día: 
Jesús es llevado ante Poncio Pilato.
Pilato envía a Jesús a Herodes.
Herodes reenvió a Jesús a Pilato. 
Pilato dice al pueblo que no halla culpa en Jesús. 
Pilato da a elegir entre soltar a Jesús o a Barrabás.
El pueblo elige liberar a Barrabás
Pilato mandó azotar a Jesús 
Pilato declaró inocente a Jesús y se lavó las manos sobre las consecuencias de esta condena.
Pilato entregó a Jesús para que lo crucificaran.
Jesús llevó su cruz hasta el "Calvario". 
Jesús fue crucificado junto con dos criminales.
Jesús reza: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"(Sal 22)
Jesús entregó su espíritu.
Un soldado atravesó el costado de Jesús con una lanza.
José de Arimatea lleva el cuerpo de Jesús a la tumba. 
Nicodemo unge el lienzo con el cuerpo con aceites funerarios.
La entrada del sepulcro es sellada con una gran piedra. 
 
Según una tradición antiquísima, la Iglesia no celebra la eucaristía en este día ni en el siguiente. Tan sólo desde el siglo VII se distribuye la comunión, imitándose una práctica de la liturgia bizantina de dar el pan eucarístico los viernes y aquellos días en los que no había eucaristía (Véase la Liturgia de los dones presantificados). Es un día alitúrgico, absolutamente penitencial que la Iglesia Católica prescribe como de ayuno y abstinencia, cerrando así el ciclo que comenzó el miércoles de ceniza.
 

2.3.-Sábado Santo

La celebración del misterio pascual como memorial y no tanto como aniversario histórico, obliga a contemplar la totalidad del misterio de salvación, que se nos revela como un evento único que no admite consideración fragmentaria, como si de un proceso histórico o temporal se tratara. 
 
En esa unidad el Sábado Santo continúa la consideración de día alitúrgico --que prorroga el viernes santo anterior--, día de silencio y de meditación, hasta que, llegada la noche, se da principio a la vigilia pascual, verdadero momento culminante del Triduo santo:
«La vigilia pascual, la noche santa de la resurrección del Señor, es tenida como `la madre de todas las santas vigilias'» (SAN AGUSTÍN Serm. 219); en ella, la Iglesia espera velando la resurrección del Señor y la celebra en los sacramentos. Por consiguiente, toda la celebración de esta vigilia sagrada debe hacerse de noche, de tal modo que o comience después de iniciada la noche o acabe antes del alba del domingo» (NUALC 21).
 
Vigilia de Pascua
La noche santa nos inicia en la celebración escatológica del Misterio considerado en su cumplimiento final. 
 
La vigilia pascual forma parte del domingo de Pascua de la resurrección del Señor. En dicho día, la Iglesia convoca a los fieles para una doble celebración eucarística: la que tiene lugar en el curso de la vela nocturna y la del día propiamente. El domingo de Pascua, tercer día del Triduo pascual, inaugura un tiempo de alegría y de fiesta que dura cincuenta días. Los primeros ocho días de este período, que constituyen la octava de Pascua, forman, con el domingo de Resurrección, un solo e idéntico «día» y se celebran como solemnidad del Señor (cf. NUALC 24).
 
Haciendo en el domingo (que comienza cuando cae el sol del sábado) una distinción entre la noche del sábado y el día, propiamente dicho, podemos aceptar que 
 
En aquella vigilia del domingo:
Cristo resucita en el sepulcro
Cristo abandona la tumba
Un ángel retiró la piedra que sellaba el sepulcro. 
 
Mientras que, siguiendo el Evangelio de Mateo, ocurrió que, en aquel
Domingo de resurrección, 
María Magdalena y la otra María fueron al sepulcro a primera hora del domingo
Antes de que las mujeres llegaran a la tumba, hubo un gran terremoto. (Mt 28, 2).
Un ángel explica que Jesús ya «No está aquí: ¡ha resucitado
Jesús mismo se aparece a las mujeres y les dice «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Los soldados explicaron las cosas que vieron a los líderes religiosos.
Pedro y Juan entran a la tumba después de que las mujeres se fueran
María Magdalena regresa a la tumba y se encuentra con Jesús.
Jesús hace más apariciones
(Cfr. Mt 28)
 
 
22. Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el do-mingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como «un gran domingo»12. Éstos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya.
 
23. Los domingos de este tiempo son tenidos como domingos de Pascua y, después del domingo de Resurrección, son denominados domingo II, III, IV, V, VI, VII de Pascua; el domingo de Pentecostés clausura este sagrado tiempo de cincuenta días. 24. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la octava de Pascua y se celebran como solemnidades del Señor. 25. A los cuarenta días de Pascua se celebra la Ascensión del Señor, a no ser que se haya trasladado al VII domingo de Pascua, donde no sea día de precepto (cf. n. 7). 26. Las ferias que van desde la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés inclusive preparan para la venida del Espíritu Santo.
(Véase NUALC 22-26)
 
 
El dinamismo de nuestra fe se polariza hacia Aquel que partió para prepararnos un lugar cerca del Padre y que, sentado a su diestra, atrae hacia sí a todos los que siguen el camino real de la santa Cruz. Pentecostés será el anticipo de la entrada definitiva en el Reino: la paz de nuestra esperanza anhelante al término de su esfuerzo doloroso y bienaventurado, al encontrar lo que san Pablo llama "las arras" del Espíritu.( (LOUIS BOUYER, Le sens de l'année liturgique, La Vie Spirituelle, 84 (1951), 339-352.)
 
 

3.-Triduo Pascual católico

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31.-Jueves Santo 

El Jueves Santo en la Cena del Señor
La Iglesia Católica comienza el Triduo Pascual con la Misa que tiene lugar en la tarde/noche del Jueves Santo, y hace memorial de aquella Cena en la cual «sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.» (Jn 13.1s) y dio a sus apóstoles su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, mandándoles que perpetuasen su sacrificio a través de sus sucesores.
 
La misa vespertina «in cena domini» nos introduce con la máxima solemnidad posible en el Triduo pascual. Las lecturas evocan el gesto fundamental de Jesús cuando celebró la Pascua judía según el rito de la Antigua Alianza del Sinaí, tal como se recuerda en la 1ª lectura ((Ex 12,1 8.11 14). 
 
En dicha cena, Cristo se ofrece al Padre como Cordero de una Nueve Alianza, ofreciendo su vida por la salvación de los hombres, según cuenta san Pablo en la 2ª lectura:
« el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía». ( 1 Cor 11,23 26) 
 
La Iglesia explica «La riqueza inagotable de este gesto de Cristo mediante los distintos nombres que se le da. Cada uno de estos nombres evoca alguno de sus aspectos.»
 
Se le llama:
Eucaristía porque es acción de gracias a Dios.
Banquete del Señor (cf 1 Co 11,20
Fracción del pan 
Asamblea eucarística (synaxis),
Memorial de la pasión y de la resurrección del Señor.
Santo Sacrificio, o también Santo Sacrificio de la Misa, "sacrificio de alabanza" (Hch 13,15; cf Sal 116, 13.17), sacrificio espiritual (cf 1 P 2,5), sacrificio puro (cf Ml 1,11) y santo, puesto que completa y supera todos los sacrificios de la Antigua Alianza.
Santa y divina liturgia 
Celebración de los santos misterios
Santísimo Sacramento, porque es el Sacramento de los Sacramentos
Comunión, porque por este sacramento nos unimos a Cristo
Pan de los ángeles, pan del cielo, medicina de inmortalidad (viático...
Santa Misa.
(Véase CIC, nos 1328-1332)
 
Antes de la institución de la Eucaristía, hecha en su última cena, quiso dejar una gran lección de servicio y humildad: el lavatorio de los pies a sus discípulos.
 
La Iglesia perpetuar el memorial del primer Jueves Santo haciendo presente la entrega sacrificial en la Eucaristía, 
«Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva» (1Co 11, 26)
 
Al concluir la misa, el santísimo es trasladado al lugar de la reserva eucarística. Allí permanecerá para poder alimentar a los cristianos los siguientes días alitúrgicos, el Viernes y el Sábado santos. La Iglesia entra en la Pasión de Cristo con unos días ayunos de toda solemnidad o gesto parecido.
 
Normas litúrgicas
La Misa «en la Cena del Señor» celébrese por la tarde en la hora más oportuna, para que participe plenamente la comunidad local.
El sagrario ha de estar completamente vacío al inicio de la celebración. Se han de consagrar en esta Misa las formas necesarias para la comunión del día siguiente.
Será muy conveniente que los diáconos, acólitos o ministros extraordinarios lleven la Eucaristía a la casa de los enfermos que lo deseen, tomándola del altar en el momento de la comunión, indicando de este modo su unión más intensa con la Iglesia que celebra.
Terminada la Misa, se despoja el altar en el cual se ha celebrado. Conviene que las cruces que haya en la iglesia se cubran con un velo de color oscuro o morado. No se encenderán velas o lámparas ante las imágenes de los santos.
El lavatorio de los pies a 12 hombres recuerda el gesto de Cristo, que tradicionalmente se hace en esta misa, significa el servicio y el amor de Cristo, pues
«Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28)
 
Los donativos para los pobres, especialmente aquellos que se han podido reunir durante la Cuaresma como fruto de la penitencia, pueden ser presentados en la procesión de las ofrendas, mientras el pueblo canta «Ubi caritas et amor» u otro canto apropiado.
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la Misa exequial.
 
De forma más extensa se recogen las intenciones de la Iglesia en La Preparación y celebración de las fiestas pascuales, Carta circular de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. 16 de enero de 1988.
 
n. 45. Toda la atención del espíritu debe centrarse en los misterios que se recuerdan en la Misa: es decir, la institución de la Eucaristía, la institución del Orden sacerdotal, y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna: son éstos los puntos que conviene recordar en la homilía.
 
n. 46. La Misa "en la Cena del Señor" celébrese por la tarde, en la hora más oportuna para que participe plenamente toda la comunidad local. En ella pueden concelebrar todos los presbíteros, aunque hayan ya concelebrado en la Misa crismal, o deban celebrar una misa para bien de los fieles (Cf. Misal Romano, Misa vespertina de la Cena del Señor).
 
n. 47. Donde verdaderamente lo exija el bien pastoral, el Ordinario del lugar puede permitir lacelebración de otra Misa por la tarde en las iglesias u oratorios, y en caso de verdadera necesidad, incluso por la mañana, pero solamente para los fieles que de ningún modo pueden participar en la Misa vespertina. Cuídese que estas Misas no se celebren para favorecer a personas privadas o a grupos particulares y que no perjudiquen en nada la Misa principal.  Según una antiquísima tradición de la Iglesia en este día están prohibidas todas las Misas sin pueblo (Cf. Ibidem).
 
n. 48. El sagrario ha de estar completamente vacío al iniciar la celebración (Cf. Ibidem, n.1). Se han de consagrar en esta Misa las hostias necesarias para la comunión de los fieles (Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 55; S. Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, (25 mayo 1967) n. 31. AAS 59 (1967) 557-558), y para que el clero y el pueblo puedan comulgar el día siguiente.
 
ultima-cena_Kiko-Arguellon. 49. Para la reserva del Santísimo Sacramento prepárese una capilla, conveniente adornada, que invite a la oración y a la meditación; se recomienda no perder de vista la sobriedad y la austeridad que corresponden a la liturgia de estos días, evitando o erradicando cualquier forma de abuso (S. Congregación de Ritos, Decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria (16 noviembre 1955) n. 9, AAS 47 (1955) 895).
Cuando el sagrario está habitualmente colocado en una capilla separada de la nave central, conviene que se disponga allí el lugar de la reserva y de la adoración.
 
n. 50. Mientras se canta el himno "Gloria a Dios", de acuerdo con las costumbres locales, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta el "Gloria a Dios" de la Vigilia pascual, a no ser que la Conferencia de los Obispos o el Ordinario del lugar, juzguen oportuno establecer otra cosa (Cf. Misal Romano, Misa vespertina en la Cena del Señor). Durante el mismo período de tiempo, el órgano y cualquier otra música instrumental pueden usarse sólo para mantener el canto (Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 300)
 
n. 51. El lavatorio de los pies, que, según la tradición, se hace en este día a algunos hombres previamente designados, significa el servicio y el amor de Cristo, que ha venido "no para ser servido, sino para servir" (Mt 20, 28) . Conviene que esta tradición se mantenga y que se explique según su propio significado.
 
n. 52. Los donativos para los pobres, especialmente aquellos que se han podido reunir durante la Cuaresma como fruto de la penitencia, pueden ser presentados durante la procesión de las ofrendas, mientras el pueblo canta "Ubi caritas est vera" (Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 303).
 
n. 53. Será muy conveniente que los diáconos, acólitos o ministros extraordinarios lleven la Eucaristía a la casa de los enfermos que lo deseen, tomándola del altar en el momento de la comunión, indicando de este modo su unión más intensa con la Iglesia que celebra.
 
n. 54. Terminada la oración después de la comunión, comienza la procesión, precedida por la cruz en medio de cirios e incienso, en la que se lleva el Santísimo Sacramento por la iglesia hasta el lugar de la reserva. Mientras tanto, se canta el himno "Pange lingua" u otro canto eucarístico (Cf. Misal Romano, Misa vespertina en la Cena del Señor, nn. 15-16). El traslado y la reserva del Santísimo Sacramento no han de hacerse si en esa iglesia no tendrá lugar la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo (Cf. S. Congregación de Ritos, Declaración del 15 marzo 1956, n. 3, AAS 48 (1956) 153; S. Congregación de Ritos, Ordenaciones y declaraciones acerca del nuevo Ordo de la Semana Santa, (1 febrero 1957) n. 14; AAS 47 (1975) 93).
 
n. 55. El Sacramento ha de ser reservado en un sagrario o en una urna. No ha de hacerse nunca una exposición con la custodia u ostensorio.
 El sagrario o la urna no han de tener la forma de un sepulcro. Evítese la misma expresión "sepulcro": la capilla de la reserva no se prepara para representar "la sepultura del Señor", sino para conservar el pan eucarístico destinado a la comunión del Viernes de la Pasión del Señor.
 
n. 56. Invítese a los fieles a una adoración prolongada en la noche del Santísimo Sacramento en la reserva solemne, después de la Misa "en la Cena del Señor". En esta ocasión es oportuno leer una parte del Evangelio de San Juan (cap. 13-17).
Pasada la media noche la adoración debe hacerse sin solemnidad, dado que ha comenzado ya el día de la Pasión del Señor (Cf. Misal Romano, Misa vespertina en la Cena del Señor, n. 21; S. Congregación de Ritos, Maxima redemptionis nostrae mysteria (16 noviembre 1955) nn. 8-10 AAS 47 (1955) 845).
 
n. 57. Terminada la Misa se despoja el altar en el cual se ha celebrado. Conviene que las cruces que haya en la iglesia se cubran con un velo de color rojo o morado, a no ser que ya hayan sido cubiertas el sábado antes del V domingo de Cuaresma. No se encenderán velas o lámparas ante las imágenes de los santos.
(Véase La Preparación y celebración de las fiestas pascuales, Carta circular de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. 16 de enero de 1988.)

 

32.-Viernes Santo 

El Viernes Santo de la Pasión del Señor
Icono_Crucifixion-AndreiRublovLa liturgia de este día es austera y sobria, no exenta de majestad. La celebración del primer día del Triduo pascual se centra en la inmolación del Cordero que quita el pecado y en la señal de su muerte gloriosa: la cruz.
 
Normas litúrgicas
La celebración de la Pasión del Señor ha de tener lugar después del mediodía, cerca de las tres.
El altar debe estar desnudo completamente: sin cruz, ni candelabros, ni manteles.
Las lecturas han de ser leídas por entero.
La historia de la Pasión del Señor según san Juan se canta o se proclama como el domingo anterior sin cirios ni incienso, no se hace al principio la salutación habitual, ni se signa el libro, pero se dice al final «Palabra del Señor».
En este día se hace una colecta por los Lugares Santos (Pontificia)
En la ostensión de la Cruz úsese una única cruz suficiente, grande y bella. Este rito ha de hacerse con el esplendor digno de la Gloria del misterio de nuestra salvación.
Terminada la comunión, el copón se lleva a un lugar preparado fuera de la iglesia, o, si lo exigen las circunstancias, se reserva en el sagrario.
Terminada la celebración se despoja el altar, dejando la Cruz con cuatro candelabros. Dispóngase en la iglesia un lugar adecuado para colocar allí la Cruz, a fin de que los fieles puedan adorarla, besarla y permanecer en oración y meditación. Hasta la Vigilia Pascual se hace genuflexión sencilla a la Cruz.
 
Celebración de la Pasión del Señor
1.-Rito inicial 
Procesión en silencio 
La postración, rostro a tierra, del sacerdote y los ministros, 
Oración que pide al Señor que se acuerde de su misericordia
 
2.-La liturgia de la Palabra
Primera lectura: Cuarto canto del Siervo de Yahveh (Is 52,13 53,12)
Salmo responsorial (Sal 30, 2-25) 
Segunda lectura (Heb 4,14 16; 5,7 9). 
 
Evangelio: la pasión según San Juan (Jn 18,1-19,42) 
 
3.-Solemne oración universal. 
 
4.-La adoración de la cruz 
 
5.- Rito de comunión con las especies consagradas la tarde anterior
 
6.-Rito de conclusión y oraciones finales.
 
Normas litúrgicas:
La Iglesia, siguiendo una antiquísima tradición, en este día no celebra la Eucaristía; la sagrada comunión se distribuye a los fieles solamente durante la celebración de la Pasión del Señor; sin embargo, los enfermos que no puedan participar en dicha celebración pueden recibirla a cualquier hora del día.
No se permite celebrar en este día cualquier sacramento, a excepción de la Penitencia y de la Unción de los enfermos.
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la Misa exequial.
Las exequias sin Misa han de celebrarse sin canto, sin órgano y sin tocar las campanas.
 
 

33.-El Sábado Santo

 
«Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y el ayuno su Resurrección 
 
La piedad popular no puede permanecer ajena al carácter particular del Sábado Santo; así pues, las costumbres y las tradiciones festivas vinculadas a este día, en el que durante una época se anticipaba la celebración pascual, se deben reservar para la noche y el día de Pascua.» (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 146).
 
La "Hora de la Madre"
corona-espinas-cravo«En María, conforme a la enseñanza de la tradición, está como concentrado todo el cuerpo de la Iglesia: ella es la "credentium collectio universa". Por esto la Virgen María, que permanece junto al sepulcro de su Hijo, tal como la representa la tradición eclesial, es imagen de la Iglesia Virgen que vela junto a la tumba de su Esposo, en espera de celebrar su Resurrección.
 
En esta intuición de la relación entre María y la Iglesia se inspira el ejercicio de piedad de la Hora de la Madre: mientras el cuerpo del Hijo reposa en el sepulcro y su alma desciende a los infiernos para anunciar a sus antepasados la inminente liberación de la región de las tinieblas, la Virgen, anticipando y representando a la Iglesia, espera llena de fe la victoria del Hijo sobre la muerte.» (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 147).
 
Descenso-de-Cristo-a-los-infiernos_Fresco-en-monasterio-de-Chora_siglo-XIV_Constantinopla.
Normas litúrgicas:
Es conveniente la celebración del Oficio de lectura y de las Laudes matutinas con participación del pueblo. Cuando esto no es posible, prepárese una celebración de la Palabra o un ejercicio piadoso que corresponda al misterio de este día.
Hoy no se puede distribuir la sagrada comunión, a no ser en caso de viático.
Pueden ser expuestas en la iglesia, a la veneración de los fieles, la imagen de Cristo crucificado, o en el sepulcro, o descendiendo a los infiernos, ya que ilustran el misterio del Sábado Santo, así como la imagen de la santísima Virgen de los Dolores.
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la Misa exequial.
 

34.-La Pascua de Resurrección

La víspera de Pascua se celebra en la noche del Sábado Santo. 
 
1.-.-Comienza con la Liturgia de la Luz.
Se hace una hoguera en el patio del templo, desde la cual el sacerdote enciende un gran cirio pascual, y entra al templo proclamando la “Luz de Cristo”. A partir de Pascua, los creyentes en el templo encienden sus velas. La luz de las velas de Pascua simboliza la enseñanza cristiana diseñada para iluminar al mundo. Al final de la procesión, el diácono coloca la Pascua en un candelero especial en el presbiterio y pide al sacerdote la bendición para la declaración de la Pascua.
 
2.-Se proclama el "Pregón Pascual".
El pregón Pascual, conocido por “Exultet” (¡Exulte!) palabra con que comienzan numerosas estrofas que van relatando los hechos del Señor para salvar a su pueblo, es un canto, en forma de recitativo que es cantado por el diácono o un lector que tenga buena voz y sentido del ritmo y la melodía, mientras los asistentes permanecen de pie en el templo con velas recién encendidas del propio cirio pascual.
 
3.-Durante la liturgia de la Palabra 
Se leen nueve lecturas bíblicas, siete lecturas del Antiguo Testamento:
1. La creación del mundo y del hombre (Gen 1,1-2,2)
2. El sacrificio de Abraham ( Gén22,1-18)
3. Salida de Egipto ( Éx 14,15-15,1a)
4. La promesa de la Nueva Jerusalén como esposa y madre  (Is 54,5-14)
5. Futuro salvífico de los hombres (Is 55,1-11)
6. La sabiduría, privilegio de Israel  (Bar 3,9-15, 32-4,4)
7. Promesa de un corazón nuevo y un espíritu nuevo ( Ez 36,16-17a-18-28)
 
Canto solemne del Gloria. Se encienden las luces de la iglesia y repican las campanas.
 
y dos lecturas del Nuevo testamento:
8. Estamos bautizados en Cristo (Rom 6,3-11)
9. Evangelio sobre la resurrección de Cristo (Según ciclo)
4.- Liturgia bautismal
En la Iglesia Católica, la antigua costumbre cristiana de bautizar a adultos se conserva durante la liturgia de la noche de Pascua: 
Acogida de los catecúmenos
Letanías de los santos
Bendición del agua
Bautizo de las catecúmeno
Renovación de las promesas bautismales
 
5.-Litúrgia eucarística
 
6.-Despedida.
«¡Cristo ha resucitado!»
«Verdaderamente, ha resucitado»
 

4. Triduo pascual ortodoxo

El Triduo de Pascua es celebrado en la Iglesia Ortodoxa con absoluta semejanza al contemplado anteriormente para la Iglesia Católica, como es de esperar en unas comunidades eclesiales que fueron una sola durante los primeros mil años. 
 
Las dos Iglesias hacen memorial de los mismos acontecimientos salvíficos, que han mirado juntos durante mil años, inspirados por las mismas Escrituras y los mismos Padres de la iglesia.  Por eso, en la descripción de la liturgia de estos días santos habrá una brevedad mayor que la empleada en la descripción de la liturgia católica, haciendo hincapié sólo en lo que distingue a las celebraciones ortodoxas, tan bellas y espirituales.
 

 4.1.-Jueves Santo 

Santa-Cena_Monte-Athos.Entre los días de la Semana de Pasión, destaca especialmente el Jueves Santo, 
En este día fue establecido por la Iglesia el recuerdo de la Última Cena, aquella para la cual Jesucristo reunió a sus discípulos el día de comienzo de la Pascua judía.
 
La liturgia ortodoxa celebra este día con especial dedicación la memoria de cuatro grandes eventos evangélicos que tuvieron lugar en este día: 
La Última Cena, en la que Jesucristo estableció el sacramento de la Santa Comunión (Eucaristía). 
El lavatorio de los pies de sus discípulos como un signo de la más profunda humildad y amor por ellos, 
La oración de Cristo en el Huerto de Getsemaní y 
La traición de Judas.
 
Para preparar la comunión de los fieles los días siguientes --declarados alitúrgicos--, durante la divina liturgia de la Cena del Señor se consagran los Dones Pre-santificados que permitirán comulgar el Viernes y Sábado santos.
 

42.-Viernes Santo 

Los cristianos bizantinos (cristianos orientales que siguen el rito de Constantinopla: cristianos ortodoxos y greco-católicos) llaman a este día "Gran Viernes Santo", o simplemente "Gran Viernes"
 
A las 15.00 horas del Gran Viernes se celebra la conmemoración litúrgica de la Pasión de Cristo, con unos oficios donde destacan la lectura del relato de la Pasión según san Juan, la oración universal y la adoración de la cruz. En este día nunca se celebra la Divina Liturgia (excepto cuando esta festividad cae el 25 de marzo, y debe ceder protagonismo ante la Gran Fiesta de la Anunciación). Los fieles comulgan con las hostias consagradas el jueves santo.
El_altar_con_los_instrumentos_de_la_Pasion
La extraordinaria liturgia ortodoxa de este día repasa ante los ojos de los creyentes la historia completa del sufrimiento redentor del Señor, a partir del final de la santa Cena, desde la oración del huerto y el sudor sangriento por la angustia ante lo que había de padecer, hasta la crucifixión en el Gólgota y las horas de la agonía final. 
 
El Viernes Santo se observa con un ayuno estricto, pues se prescribe para los adultos abstinencia de toda comida y bebida durante todo el día, en la medida que su salud lo permita. 
 
Durante el Gran Viernes, el clero ya no usa el púrpura o el rojo que es habitual durante la Gran Cuaresma, sino que usa vestimentas negras. Los altares no son vaciados de manteles u ornamentos, como es propio de la Iglesia Latina tras la Cena del Señor. En cambio se muestra el sentimiento de duelo a través del luto de las cortinas, que se cambian a negro y permanecerán así hasta la Liturgia del Gran Sábado 
 
Hacia las 15 horas, momento en que se celebra la muerte de Jesucristo en la Cruz, tras el rezo de la Horas Reales, tiene lugar la ostensión o rito de la Sábana Santa, ante la cual se lee el canon conmovedor "Sobre la Crucifixión del Señor y sobre el lamento del Santísimo Theotokos".
 
De su bella letra extraemos el canto 3º:
Santo eres, como eres, mi Señor, mi Dios, que liberaste al pueblo de tus fieles  más querido, y nos estableciste sobre la piedra de tu confesión. roca de tu promesa
    Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.
 
  Atemorizado por los judíos, Pedro se escondió, y todos los fieles imprudentemente abandonaron a Cristo, mientras la virgen solloza sobre el Verbo.
    Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.
 
   Recuerdo tu asombroso y extraño nacimiento, Hijo Mío. Más que todas las madres fui exaltada: pero ¡ay ahora que te veo en el Árbol, siento mi vientre ardiendo
    Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.
 
   "Y ahora: He aquí a mi Dulce Luz, mi Buena Esperanza y mi vida bendita. Mi Dios se apaga en la Cruz, y yo estoy ardiendo por dentro", dice la Virgen gimiendo.
(Adaptación propia)
 
Los fieles se postran ante la Sábana Santa y el Evangelio colocado encima, que permanecerá en la nave del templo durante tres días, a imagen de la estancia de tres días de Jesucristo en la tumba.
 

43.-Gran sábado

Descenso-de-Cristo-a-los-infiernos_Fresco-en-iglesia -rupestre_siglo-XI_CapadociaTodo el Servicio Divino del Gran Sábado es una conmovedora combinación de sentimientos opuestos: tristeza y alegría, pena y alegría, lágrimas y júbilo brillante. 
.
El Gran Sábado, la Iglesia recuerda 
El entierro de nuestro Señor, 
Su permanencia de tres días en el sepulcro. 
Su descenso a los infiernos para proclamar allí la victoria sobre la muerte y 
El rescate de Adán y Eva y, con ellos, la liberación de las almas de los justos 
La entrada en la Gloria del “buen ladrón”.
 

44.-La Pascua de Resurrección

La Liturgia de Pascua comienza el sábado con el oficio de medianoche.
 
Oficio de medianoche
Poco antes de la medianoche, sobre las 23 horas, el templo está oscurecido, con las luces y candelabros apagados.
Un gran túmulo está instalado frente a las Puertas Reales, que están cerradas, y sobre él se encuentra un sudario o Sábana Santa, con los Evangelios o un icono de Cristo encima, en claro símbolo del Señor yaciendo en la tumba.
 
Un sacerdote con túnica blanca procede a la proclamación del canon del Gran Sábado, que narra el entierro de Cristo. Al finalizar de la lectura, se abren las Puertas Reales y la Sábana Santa es llevada al altar. Allí se coloca sobre la Santa Sede, donde permanecerá hasta la fiesta de la Ascensión, como un signo de la permanencia de cuarenta días de Cristo resucitado en la tierra.
 
Resurreccion-de-Cristo_Mosaico-del-monasterio-de-Osios-Lucas_SigloXIPoco después, sobre las 23:45, los sacerdotes se congregan en el altar, alrededor de la Santa Sábana, con las Puertas Reales cerradas. Los clérigos cantan en voz baja: 
«Tu Resurrección, Cristo Salvador,
los Ángeles cantan en el cielo. 
Danos en la tierra un corazón puro.
Gloria a ti»
 
Estos versos se cantan tres veces: la primera vez, en voz baja, con las Puertas Reales cerradas y el velo echado. La segunda vez, un poco más fuerte, con las Puertas Reales cerradas, pero el velo abierto. La tercera vez, cuando en voz alta se ha cantado la mitad de la estrofa, se abren las Puertas Reales; la segunda mitad de los versos son cantados con gran voz.
 
Procesión
Se abren las Puertas Reales y los sacerdotes, con el canto de la Procesión de la Cruz, «Tu Resurrección, Cristo nuestro Salvador…» abandonan el altar. El coro resuena con este canto y, precedido por la Cruz, sale del templo. Los sacerdotes con vestiduras blancas y la gente con velas rojas salen de la iglesia  y comienzan una procesión alrededor de la iglesia.
 
Cuando la procesión se acerca a la entrada de las puertas occidentales, que se encuentran cuidadosamente cerradas, los sacerdotes cantan tres veces el canto principal de la festividad
Cristo ha resucitado de entre los muertos, 
venciendo la muerte con su muerte 
y dando vida a los que están en el sepulcro.
 
El celebrante principal golpea la puerta del templo con una cruz tres veces. En este momento, las puertas de la iglesia se abren y la procesión de la cruz, cantando "Cristo ha resucitado", entra en la iglesia. El momento simboliza el hecho evangélico de las mujeres portadoras de mirra entraron en Jerusalén para anunciar a los discípulos acerca de la Resurrección del Señor. 
 
El templo enciende las luces de todas las lámparas. 
 
Maitines 
Con todas las luces encendidas, cuando toda la procesión ha entrado en el templo, clérigos con vestiduras de diferentes colores recorren toda la iglesia, llenándola con el aroma del incensario, como signo de la abundante gracia merecida por la resurrección de Cristo, y saludan con alegría a todos "¡Cristo ha resucitado!", que se contesta en voz alta “¡Verdaderamente, ha resucitado!
 
Exactamente a la medianoche, comienzan los maitines de Pascua. El diácono pronuncia la Gran Letanía, mientras el coro contesta "Señor, ten piedad" a cada imprecación.  Después de la Gran Letanía, se canta el solemne Canon Pascual de S. Juan de Damasco, considerado como la corona de los cánticos espirituales
 
Al final de los maitines, se saludan los creyentes, diciendo:“ ¡Cristo ha resucitado! ”. y respondiendo “¡Verdaderamente, ha resucitado!”, e intercambian huevos de Pascua
 
Divina Liturgia 
A los maitines de Pascua le sigue la Divina Liturgia durante la cual se puede escuchar la lectura del Evangelio de san Juan (Jn 1, 1-18). Como señal del cumplimiento del mandato último de nuestro Señor «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15), el Evangelio es leído en diferentes idiomas contemporáneos, terminándose con la lectura en eslavo eclesiástico como señal de unión con la tradición apostólica.
 
Consagración del «Artos»
ArtosLa palabra "Artos" se traduce del griego como "pan con levadura". Se trata de un pan grande, con forma cilíndrica, que en la parte superior luce un icono de la resurrección de Cristo.
 
Existe una doble tradición sobre el Artos desde los tiempos apostólicos por la que es costumbre durante una comida común dejar una porción del pan y ponerlo en un extremo de la mesa.  Por un lado, es un símbolo del hecho de que Cristo está presente de manera invisible en la Iglesia desde su Ascensión al cielo.
 
Por otro, hay una leyenda que afirma que, después de la Dormición de la Santísima Virgen, los apóstoles y discípulos comenzaron a apartar una porción de pan en las comidas en honor a la Virgen María, llamándolo "panagia", es decir, "todo santo
 
El Artos no debe confundirse con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El Artos, es lo que los católicos llamamos un sacramental, un remedio espiritual y corporal, similar al agua bendita, que sirve para alcanzar gracia y mantener la fuerza espiritual de una persona en momentos difíciles. En las casas, el Artos se mantiene cerca de los íconos sagrados
 
El Artos se mantiene en un atril especial durante la vigilia de la noche de Pascua frente al icono del Salvador en el iconostasio. Al final de la liturgia es consagrado por un sacerdote que rocía el artos con agua bendita. El Artos se recibe como un regalo de Dios, como símbolo de la Resurrección de Cristo. 
 
Finaliza la Liturgia con la despedida del pueblo. Para ello, el clero sale frente a las puertas reales: el celebrante principal con la Cruz, franqueado a su derecha con el Evangelio y a su izquierda con el icono de la Resurrección. Los asistentes besan la Cruz, el Evangelio y el icono, y se despiden con el saludo pascual "Cristo ha resucitado". Los sacerdotes responden: "Ciertamente ha resucitado".
 
Finalmente, todos se felicitan la Pascua y se van a casa para romper el ayuno, porque el Gran Ayuno de cuarenta días ha terminado.
 

5.-ORACION

Este sepulcro nuevo donde te han colocado,
Señor, donde se aferra
tu último amor, Señor; no es un sepulcro;
es mi carne ¡lo más profundo de la tierra!

 

Es la última medida
de tu cuerpo en mi cuerpo,
de tu muerte en mi vida.

 

Te has enterrado en mí para que tenga
yo tu medida justa, hasta que venga
para mí el tercer día.

 

Tres noches solas son las de la pena.
Si yo sé, una tras una, resistir la agonía,
¡yo sé, Señor, que Tú levantarás la losa,
en la aurora serena.
de mi resurrección y mi alegría!

                        (José María Pemán, Via crucis)

 

Y vencida la muerte, se levanta
como flecha lanzada, sin espera,
–rosa bermeja, espiga, enredadera–
que a la cima del Padre se adelanta.

 

Tanta voz, tanto sol, frescura tanta,
la tierra queda oliendo a primavera,
mientras él se dispersa en la hoguera
de gozo y luz, que su victoria canta.

 

Y aquí entre roca y cielo –¡cuánta altura!–
la sangre ya salvada goza altiva
y la palma se alegra alborotada.

 

La mañana se aliena en su blancura,
el alma se enardece, flor cautiva,
y el viento corre fresco en la enramada.

……………

Mientras que el orden natural se admira
del súbito vigor que en esta aurora
contra el tiempo voraz se corrobora,
y atónita la muerte se retira;

 

    crecer en un sepulcro la luz mira,
que el aire asalta y las tinieblas dora;
y oye la antigua voz producidora,
que otra segunda instauración inspira.

 

   ¡Oh eterno amor, si al nuevo impulso tuyo
naturaleza en todo el gran distrito
risueña y fuerte aviva el movimiento!

 

   ¿Por qué yo no lo busco o no lo admito?
¿Yo sólo, estéril al fecundo aliento,
de la común resurrección me excluyo?

 (Bartolomé I. de Argensola)