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Los misterios de la vida de Cristo

Cristo de San Damián

Los misterios de la vida de Cristo...

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"En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no lo recibió.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros." (Confr. Jn 1, 1-14).

 

En la contemplación sobre el icono de La Trinidad veíamos cómo el coloquio de los tres personajes versaba sobre el plan divino de salvación, consistente en la encarnación del Hijo y la aceptación de su sacrificio para la redención de la humanidad herida por el pecado de Adán.

Los misterios de la vida de Jesús son, ante todo, el misterio de su origen trinitario. El inicio del Evangelio de Juan declara claramente el origen divino de Jesús de Nazaret, cómo su encarnación es un mandato del Padre y su misión hacer la voluntad de quien le envió. De forma admirable por su concisión y claridad lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC):

   

“En el Símbolo de la fe, la Iglesia confiesa el misterio de la Santísima Trinidad y su "designio benevolente" (Ef 1,9) sobre toda la creación: El Padre realiza el "misterio de su voluntad" dando a su Hijo Amado y al Espíritu Santo para la salvación del mundo y para la gloria de su Nombre. Tal es el Misterio de Cristo (Ef  3,4), revelado y realizado en la historia según un plan, una "disposición" sabiamente ordenada que san Pablo llama "la Economía del Misterio" (Ef 3,9) y que la tradición patrística llamará "la Economía del Verbo encarnado" o "la Economía de la salvación".(CIC  nº 1066)

El Catecismo de la Iglesia Católica despliega los misterios de la vida de Cristo como un lugar teofánico de la Revelación divina sobre voluntad del Padre para la redención del hombre. Siguiendo el mismo entre los puntos 512 y 570, el siguiente esquema ayudará a la mejor comprensión de ellos y de la contemplación de los mismos que se hace en las diferentes páginas de esta Web:

Los misterios de la infancia y de la vida oculta de Jesús

San Juan Bautista es el precursor

La Circuncisión de Jesús

La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel

La Presentación de Jesús en el Templo

La Huida a Egipto

El hallazgo de Jesús en el Templo

Principales misterios de la vida pública 

El Bautismo de Jesús

Las tentaciones de Jesús

El Reino de Dios está cerca

El anuncio del Reino de Dios

La Transfiguración.

La entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén.

La Carta Apostólica "ROSARIUM VIRGINIS MARIAE" (Cap II), del Sumo Pontífice Juan Pablo II, permite hacer la siguiente clasificación:

Misterios de cristo, misterios de la madreEscenas de la vida de Cristo

 

Misterios de gozo

1. La encarnación del Hijo de Dios.

2. La visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.

3. El nacimiento del Hijo de Dios.

4. La Presentación del Señor Jesús en el templo.

5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.

Misterios de dolor

1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní.

2. La Flagelación del Señor.

3. La Coronación de espinas.

4. El Camino del Monte Calvario cargando la Cruz.

5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

Misterios de gloria

1. La Resurrección del Señor.

2. La Ascensión del Señor.

3. La Venida del Espíritu Santo.

4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.

5. La Coronación de la Santísima Virgen.

Misterios de luz

1. El Bautismo en el Jordán.

2. La autorrevelación en las bodas de Caná.

3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

4. La Transfiguración.

5. La Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

El misterio de cristo en el misterio de la iglesia

La Constitución dogmática Lumen Gentium permite la contemplación de los misterios de Cristo desde otro ángulo de visión

“la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con los bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino que más bien forman una realidad compleja que está integrada de un elemento humano y otro divino. Por eso se la compara, por una notable analogía, al misterio del Verbo encarnado, pues así como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como de instrumento vivo de salvación unido indisolublemente a Él, de modo semejante la articulación social de la Iglesia sirve al Espíritu Santo, que la vivifica, para el acrecentamiento de su cuerpo (cf. Ef 4,16)”. (LG, 8, 1)