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El bautismo de Jesús

Vemos a Cristo en el centro, en la conocida escena del bautismo en el rio Jordán.Es una tablilla sencilla, sobria en figuración y decoración, pero densa en catequesis evangélica. Quiere mostrar cómo en el Bautismo de Cristo es toda la creación quien está concernida. El rio, la naturaleza, los ángeles celestiales, la divinidad, el Antiguo Testamento, el hombre viejo, el nuevo Adán, etc. aparecen con la sencillez propia del arte iconográfico.

El rio Jordán El rio Jordán divide la tierra de Palestina, y transcurre por una depresión única, a un nivel muy por debajo del mar. Parece hecho para simbolizar la fractura que el pecado de Adán ha traído sobre la humanidad. También, para simbolizar la kenósis del Verbo divino, que se abaja hasta parecer uno de tantos entre los hombres.

Cristo al salir del Jordán es el nuevo Adán, cabeza de una nueva humanidad. En algunos iconos, especialmente los más antiguos, aparece desnudo, significando la inocencia original de la primera pareja. Su mano derecha muestra el gesto de bendición. Su postura insinúa un cierto movimiento de salida, abandonando el lateral derecho donde se encuentra la parte celestial, con los ángeles, para dirigirse al lado de Juan, el de los hombres.

Dios Padre figura en la parte superior del icono enviando inequívocamente al Espíritu Santo (que aparece en la tradicional forma de paloma) sobre su Hijo. El texto de san Juan lo presenta en forma de una gran voz.

 El Espíritu Santo Aleteando es enviado sobre Cristo para dar testimonio de Él, como se lee en Isaías: “Hoy el Espíritu está sobre mí;…” Espíritu que “Al principio… el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. : (Gé 1, 1).

San Juan Bautista Vestido con manto marrón, color de la tierra y del hombre viejo, tiene su mano derecha sobre la cabeza de Cristo, y su mano izquierda señala al cielo, a donde también dirige su mirada.

Un arbolillo La parte izquierda del icono se remata con la figura de un árbol, que evoca el árbol de la vida, el verdadero fruto del árbol del paraíso, que es Cristo; y, también, al árbol de la cruz, árbol propio del nuevo Adán. El árbol presente puede significar el tronco de Jesé, cuyo vástago anunciado es Cristo: . «Y brotará un retoño del tronco de Jesé, y retoñará de sus raíces un vástago. Sobre él reposará el Espíritu del Señor. (Is 1- 2).

Los ángeles La parte derecha del icono representa, por contraste con la izquierda, el mundo celestial. Los ángeles, con las manos cubiertas en señal de sumisión, representan las fuerzas celestiales que se postran ante el Hijo de Dios. Los tres ángeles recuerdan el episodio de la Hospitalidad de Abraham y son figura de la Santísima Trinidad.

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 LA ESCENA

Vemos a Cristo en el centro, en la conocida escena del bautismo en el rio Jordán. Está sumergido en el agua, que aparece con colores oscuros para resaltar más que acoge a quien es la verdadera luz del mundo.

 A la izquierda, Juan el Precursor, con su mano derecha tocando la cabeza de Cristo. Bajo Juan, un árbol hendido por un hacha.

A la derecha del cuadro, unos ángeles con las manos cubiertas en señal de sumisión adoran a Cristo, mientras un cuarto ángel mira al cielo. La triada de ángeles simboliza a la Trinidad, presente en el acto del bautismo. 

En la parte superior del icono Dios Padre envía con un rayo de luz al Espíritu Santo, simbolizado en la paloma que hay en el centro del rayo. 

TEXTO EVANGÉLICO

Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia» . Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco»  (Mt 3, 13ss).

Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos,bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco» (Lc 3, 21ss).

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando. Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”.Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios» (Jn 1, 28ss).

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EL ICONO

Bautismo del Señor, Mosaico de Marko I. Rupnik

Es una tablilla sencilla, sobria en figuración y decoración, pero densa en catequesis evangélica. Quiere mostrar cómo en el Bautismo de Cristo es toda la creación quien está concernida. El rio, la naturaleza, los ángeles celestiales, la divinidad, el Antiguo Testamento, el hombre viejo, el nuevo Adán, etc. aparecen con la sencillez propia del arte iconográfico.

El P. Marko Rupnik expresa magistralmente esta sencillez en su iconografía. En el eje central, Cristo en las aguas del Jordán, y, sobre su cabeza, el Padre y el Espíritu Santo. Parte derecha, un ángel en actitud de adoración, representando las potencias celestiales. A la izquierda, Juan Bautista bautiza con su mano derecha y eleva la izquierda al cielo.

El rio Jordán

El rio Jordán divide la tierra de Palestina, es hoy la frontera de Israel y transcurre por una depresión única, a un nivel muy por debajo del mar. Parece hecho para simbolizar la fractura que el pecado de Adán ha traído sobre la humanidad. También, para simbolizar la kenósis del Verbo divino, que se abaja hasta parecer uno de tantos entre los hombres.

Cristo

Cristo, en medio de esa humanidad rota por el pecado construye una unidad recobrada. Cristo, al salir del Jordán es el nuevo Adán, cabeza de una nueva humanidad.

En algunos iconos, especialmente los más antiguos, aparece desnudo, significando la inocencia original de la primera pareja. También hay diferencias en el nivel de la inmersión, según sea hasta la cintura, hombros o cuerpo entero.El conjunto rio-Cristo recuerda a la representación del descenso a los infiernos y pude parecer un lecho mortuorio, que evoca las palabras de san Pablo: ”Pues si morimos con él, también viviremos con él;  si perseveramos, también reinaremos con él"  (2Tim 2, 11s).

Su mano derecha muestra el gesto de bendición con el que renueva las aguas y la creación entera, mientras su postura insinúa un cierto movimiento de salida abandonando el lateral derecho donde se encuentra la parte celestial, la de los ángeles, para dirigirse al lado de Juan, el de los hombres.

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Dios Padre

Presente como en las grandes teofanías, Dios Padre figura en la parte superior del icono enviando inequívocamente al Espíritu Santo (que aparece en la tradicional forma de paloma) sobre su Hijo. El texto de san Juan lo presenta en forma de una gran voz.

El Espíritu Santo

Aleteando es enviado sobre Cristo para dar testimonio de Él, como se lee en Isaías: “Hoy el Espíritu está sobre mí…”

 Espíritu que , como al principio “aletea sobre las aguas  sobre las aguas”  (Gé 1, 1). 

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San Juan Bautista

Tras la persona de Cristo, es Juan Bautista quien ocupa el lugar destacado en el icono, cubriendo casi toda la parte izquierda, que representa la humanidad. Vestido con manto marrón, color de la tierra y del hombre viejo, como un eremita y descalzo, tiene su mano derecha sobre la cabeza de Cristo, y su mano izquierda señala al cielo, a donde también dirige su mirada.

El Evangelio dice que no quiere bautizar a su primo en quien reconoce al Mesías y al que presenta a sus seguidores del pueblo de Israel con la solemnidad de los grandes profetas del A.T.

Un arbolillo

La parte izquierda del icono se remata con la figura de un árbol. Una constante en los iconos del Bautismo del Señor es la presencia, en la esquina inferior izquierda de un árbol que  el artista  deja sin una significación indubitable, pues unas veces, como puede verse en uno de los iconos de esta página, aparece hendido con un hacha.

La presencia del árbol al lado de Cristo siempre evoca el árbol de la vida, el verdadero fruto del árbol del paraíso, que es Cristo; y, también, al árbol de la cruz, árbol propio del nuevo Adán.

El árbol presente puede significar el tronco de Jesé, cuyo vástago anunciado es Cristo:  . «Y brotará un retoño del tronco de Jesé, y retoñará de sus raíces un vástago. Sobre él reposará el Espíritu del Señor. En aquel día, el renuevo de la raíz de Jesé se alzará como estandarte para los pueblos. En aquel día de nuevo la mano del Señor redimirá al resto del pueblo» (Is 1- 2).

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Los ángeles

La parte derecha del icono representa, por contraste con la izquierda, el mundo celestial. Los ángeles, con  las manos cubiertas en señal de sumisión, representan las fuerzas celestiales que se postran ante el Hijo de Dios. Los tres ángeles recuerdan el episodio de la Hospitalidad de Abraham y son figura de la Santísima Trinidad. 

La presencia del hacha nos recuerda las palabras del Bautista: «Ya está el hacha puesta en la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego» (Mt 3,10). 

Otros animales

En las aguas del río aparecen otros animales para recordar que Cristo es el que camina sobre el áspid y el basilisco y pisa leones y dragones (Sal. 90), del mismo modo que lo hace en el icono de la resurrección, pisando la muerte y el infierno. También aparecen muchos pececillos. En el primer cristianismo a los cristianos se les denominaba en algunos escritos como los pececillos de Dios. En una iglesia de Laodicea vemos todo el pavimento de las naves repletas de animales marinos y lo mezclan con Jonás y la pesca milagrosa de los apóstoles.

La naturaleza

La parte superior de la tabla, a ambos lados generalmente, aparecen montañas, normalmente con cuatro picos o colinas, y sin apenas decoración alguna. Es una parte del icono que simboliza la naturaleza y cuya aridez es signo de la infertilidad del hombre caído. Justamente debajo, a los pies del Jordán el agua bendecida por Cristo presenta en algunos iconos una floración de peces y flores  en abundancia, como signo de quien es la Vida.

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LA FIESTA

La fiesta del Bautismo del Señor marca un punto de inflexión en el desarrollo del año litúrgico: cierra el ciclo de Navidad e inaugura el tiempo ordinario. Con la escena del bautismo culmina la manifestación de Jesús-niño como Hijo de Dios, que hemos celebrado a lo largo de toda la Navidad. Jesús nace y es anunciado a los pastores de Belén; la visita de los Reyes Magos es la manifestación a todas las naciones del nacimiento del niño Dios; el bautizo en el Jordán es la presentación de un Jesús ya adulto preparado para comenzar su vida pública

La fiesta, que se celebra el domingo siguiente a la de la Epifanía (6 de enero), festeja la declaración del Padre sobre la absoluta y plena divinidad de Jesús, según lo expresa san Marcos: Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco»(Mc 1, 9ss)

Ese “Tú eres” dicho a Jesús nos alcanza a todos los cristianos que, incorporados a Cristo por el Bautismo, formamos en él un templo espiritual y es esa realidad parte de la fiesta que celebramos este día.

REFLEXIÓN TEOLÓGICA

El icono del Bautismo de nuestro Señor en el rio Jordán muestra toda una teofanía de la Trinidad. Desde los primeros tiempos este icono fue visto como la presentación de los sacramentos propios de la iniciación cristiana: Bautismo con agua, efusión del Espíritu Santo y participación eucarística en el cuerpo del redentor.

La purificación a través del agua tiene una larga tradición en el A.T.: De las aguas iniciales surge la primera creación; de las aguas torrenciales que inundan la tierra, surge la alianza con Noé y la promesa de salvación de Yahvé; a través de las aguas del mar Rojo escapa Israel de la esclavitud de Faraón y surge la alianza del Sinaí y la creación de una identidad como pueblo de Dios durante el éxodo.

Juan es el último de los profetas, el “más grande entre los nacidos de mujer” y manifiesta lo que ha visto: Da testimonio de Jesús como el Mesías, como el Hijo de Dios, como el que ha de venir.

Sus palabras no son un hecho aislado en la vida de Jesús, sino la última palabra profética del A.T. anunciando que la promesa ya se ha cumplido. Con su acción bautismal, Juan cierra el tiempo de la infancia de Jesús, que la Iglesia festeja con el ciclo de Navidad, donde el niño Dios ha sido presentado a su pueblo, en las personas de los pastores de Belén, y a las naciones de todo el mundo, representadas por los Magos de Oriente.

Al mismo tiempo, inaugura la vida pública de Cristo, el ciclo del tiempo ordinario, dando testimonio de cómo es ungido por el Espíritu Santo y proclamado como el Hijo amado por el mismo Padre.

Al contemplar el bautismo de Jesús hay un movimiento interno para asimilarlo a nuestro propio bautismo. Sin embargo, hay diferencias importantes entre los dos bautismos:

  • El de Juan es con agua, exterior, exige arrepentimiento, nos devuelve a la vida tal como éramos.
  • El nuestro, el sacramento de la Iglesia, es un encuentro con Jesús, que nos renueva interiormente con Espíritu Santo, y nos devuelve a la vida como hijos de Dios, participando de la naturaleza divina.

Todo el icono nos invita a la contemplación teológica a través de sus imágenes. Así,

  • el Bautismo de Jesús es una teofanía trinitaria
  • el Bautismo de Jesús abre los cielos eternamente para todos nosotros, como dice el Evangelio: “Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él” (Mt 3,15), inaugurando una nueva etapa en la relación de Dios con los hombres en la que los cielos permanecerán abiertos por Jesucristo. Es la antítesis de la expulsión de la primera pareja del Paraíso que se cerró para la humanidad tras el pecado.
  • Del agua del Jordán nace un nuevo Adán para la Historia de la Salvación. La falta original de Adán es satisfecha por otro nuevo hombre que da lugar a una nueva posteridad reconciliada con su creador. Los cristianos somos esa nueva humanidad cuyo origen es Cristo.
  • El agua del Jordán, pintada siempre con un fuerte color, generalmente oscuro, es el mundo viejo, la vieja humanidad, como evidencia el color azul con que lo pinta el P. Rupnik. Cristo con su contraste fuerte representa la luz que lo ilumina.
  • Los ángeles situados a la derecha del icono nos indican cuál debe ser nuestra actitud ante la presencia de Dios, una actitud de adoración.

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