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La asunción de la Virgen a los cielos

Para poder comprender ante este icono el misterio de nuestra salvación, es preciso contemplarlo simultáneamente junto con el de la Natividad del Señor, también debido a Theofanes de Creta. Decía San Atanasio de Alejandría: "El Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios". (cfr.CIC 460)..

En la Natividad del Señor, la tierra, en la figura de María acoge a Dios, presente como un infante envuelto en pañales, signo de su destino. En la Dormición es el cielo, en la figura de Cristo, quien acoge a la humanidad, representada por alma de la Virgen en forma de niña envuelta en un sudario blanco, que su hijo acoge amorosamente con ambas manos. La buscada correspondencia simétrica de ambos iconos no puede ser más perfecta, ni el hecho representado más impactante. El autor hace llegar al cristiano que los contempla la catequesis del misterio de nuestra salvación y el alma del orante siente el exceso, el desbordamiento del amor divino que la ha hecho posible.

Toda la Iglesia, representada por los discípulos en torno al féretro, y la corte celestial, representada por los ángeles que contemplan la escena, acogen y son testigos del encuentro definitivo de Cristo con su madre, la Theotokos

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A falta de soporte bíblico que dé cuenta del misterio de la Asunción de la virgen María a los cielos, este icono debido a Theófanes de Creta, refleja bastante bien la fe del pueblo cristiano en esta verdad que, poco a poco, se ha ido revelando por la acción del Espíritu Santo, hasta llegar al año 1950, en el que Pio XII suscribió que:

“después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste (Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, 44).

 

LA FIESTA

El 15 de agosto las iglesias Católica y Ortodoxa celebran el misterio de la  Asunción/ Dormición de la Santísima Virgen María. Esta fiesta conmemora un doble hecho, tanto la partida (Dormición, una feliz manera de expresar que se trató de un tránsito más parecido al sueño que a la muerte) de María de esta vida, como la gloriosa Asunción de su cuerpo al cielo.

En Oriente se celebra desde finales del siglo VI con el nombre de “Dormitio” o “Koimeis”, es precedida por la llamada “pequeña cuaresma de la Madre de Dios”, período de oración y de ayuno que comienza el uno de agosto; en estas dos semanas, mientras se llega al día de la fiesta, por la tarde se celebra el oficio de la Paráklisis (“súplica”, “invocación”, “consolación”), una oración a la Madre de Dios, muy popular y amada por los fieles. El día 14 tiene lugar una pre-fiesta y es seguida por una octava que concluye el día 23.

La Asunción de la Virgen, de El Greco

En Occidentefue introducida un siglo más tarde y, a partir del siglo IX, es llamada la“Asunción de la Virgen”.  La fiesta del 15 de agosto, que celebra el tránsito y la plena glorificación de la Madre de Dios como primer fruto del misterio pascual de Cristo, quiere así subrayar que para cada cristiano y para toda la Iglesia la Virgen representa el camino que introduce en la historia humana el misterio salvífico de Cristo.

La comparación de los iconos de El Greco y de Theofanes de Creta que figuran en esta página habla bien de la doble celebración que el día 15 de agosto trae a las grandes iglesias cristianas y, a la vez, la distinta sensibilidad que el milagroso tránsito de la Virgen de esta tierra ha merecido para Oriente y Occidente.

Oriente expresa en el icono de la Dormición de la Madre de Dios, de Theófanes de Creta, su comprensión del momento en que Jesucristo viene a hacerse cargo del alma de su madre. Allí, la Iglesia apostólica reunida en torno a María, ve cómo su Señor ha venido a recoger el alma de su madre.

Occidente, a través del icono de El Greco, contempla que la Virgen María aparece gloriosa en el cielo, rodeada de ángeles que la aclaman, en el momento que su Hijo recoge su alma, que abandona su cuerpo.

 

 

 

EL ICONO

La comparación de los iconos de El Greco y de Theofanes de Creta que figuran en esta página habla bien de la doble celebración que el día 15 de agosto trae a las grandes iglesias cristianas y, a la vez, la distinta sensibilidad que el milagroso tránsito de la Virgen de esta tierra ha merecido para Oriente y Occidente.

Oriente expresa en el icono de la Dormición de la Madre de Dios, de Theófanes de Creta, su comprensión del momento en que Jesucristo viene a hacerse cargo del alma de su madre. Allí, la Iglesia apostólica reunida en torno a María, ve cómo su Señor ha venido a recoger el alma de su madre.

Occidente, a través del icono de El Greco, contempla que la Virgen María aparece gloriosa en el cielo, rodeada de ángeles que la aclaman, en el momento que su Hijo recoge su alma, que abandona su cuerpo.  

 

LA LITURGIA

Ambas realidades son festejadas por las liturgias ortodoxa y católica.

Oriente se fija en la presencia, también en el icono, de todo el colegio apostólico, con Pedro y Santiago, primer obispo de Jerusalén y hermano del Señor. Es una bella relación entre la Fiesta, la Ciudad Santa y el Protoevangelio de Santiago, apócrifo en el cual se basa en muchos puntos esta misma Fiesta:

“Cuando te marchaste, oh Madre de Dios, junto a Aquél que de ti nació inefablemente, estaban presentes Santiago, hermano de Dios y primer pontífice, junto a Pedro, venerabilísimo y sumo corifeo de los teólogos, y de todo el coro divino de los apóstoles”. (Tropario de la fiesta). 

En la segunda parte del tropario podríamos decir que la acción litúrgica se traslada al cielo y todas las criaturas angélicas son involucradas en la alabanza y en la confesión del misterio de la Redención de Cristo:

“Desde lo alto las santísimas y nobilísimas huestes angélicas miraban con estupor el prodigio y, con la cabeza inclinada, las unas a las otras se gritaban : Alzad los dinteles, himnos de gloria el cuerpo santo y venerable que ha hospedado al Señor que a nosotros no se nos ha dado a contemplar. Y nosotros, festejando tu memoria, a ti gritamos, oh digna de todo canto: Alza la frente de los cristianos y salva nuestras almas”.

Occidente, proclama que

"Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte" (Lumen Gentium,59). 

En la liturgia eucarística de la fiesta de la Asunción, la Iglesia anuncia, pensando en María,

Un gran signo apareció en el cielo; una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza (Antífona de Entrada )

Dios todopoderoso y eterno, que hiciste subir al cielo en cuerpo y alma a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos vivir en este mundo sin perder de vista los bienes del cielo y con la esperanza de disfrutar eternamente de su gloria.(Prefacio).

 

La Asunción de la madre de Dios

MEDITACION TEOLOGICA

La fiesta del 15 de agosto presenta a los cristianos el acontecimiento de la muerte como un momento con dos sucesos que se operan simultáneamente, aunque nosotros, hombres que vivimos en un mundo con dimensión temporal, sólo lo podamos imaginar en forma de proceso secuencial. El cristiano sabe que su alma inmortal, creada para vivir eternamente, abandona el cuerpo en el momento de la muerte para pasar al Reino de Cristo donde, al cabo de un tiempo que sólo conoce el Padre, también su cuerpo conocerá la resurrección.

La Dormición-Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos y se coloca claramente en la economía de salvación de Cristo mismo. Como se ve en los iconos, los apóstoles se convierten en celebrantes del misterio de la redención de Cristo por medio del cuidado del cuerpo de Aquella que se convierte en morada de Dios:

Con himnos teológicos los apóstoles celebraban el divino y extraordinario misterio de la economía del Cristo Dios; y prestando los últimos cuidados a tu cuerpo, origen de vida y morada de Dios, se regocijaban, oh digna de todo canto” (Tropario de la Fiesta)

Con la proclamación del dogma de la Asunción, que refiere cómo la Madre de Dios después de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, la Iglesia Católica abre sobre el insondable misterio de la muerte una ventana que lo ilumina con la luz de la muerte y resurrección de Cristo. Y lo ilumina con una luz de esperanza, porque

"La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (CIC, 966).

La Asunción de la Virgen realiza en el género humano la redención definitiva traída por Jesucristo. Ya hay una persona humana a quien la redención de Cristo le ha alcanzado plenamente, no como a nosotros que, al aplicarla a nuestra vida a través de los sacramentos, por ejemplo,  la vemos realizada según nuestra condición pecadora, y con un complejo sentimiento de gozo y frustración  debemos decir“ya sí, pero todavía no”.

María es la esperanza cierta de que nuestro destino no es una quimera. Ella ya ha alcanzado lo que a mí se me ha prometido. Esta seguridad es la respuesta al mito pagano de la reencarnación, de quien busca dentro del limitado mundo de su inteligencia la respuesta a su infinita ansia de vida y su infinito horror a la muerte. El afán por el poder, el dinero, la autoridad, el prestigio humano, la salud… es un sinvivir agotador para el hombre europeo del Siglo XXI.

El cristiano, que no vive fuera del mundo y no es ajeno a las fatigas del hombre contemporáneo, y que se mueve en la tensión y el cansancio del ”ya sí, pero todavía no”, encuentra un oasis de paz y descanso en el misterio de la Asunción.

Sobre nuestra vida terrenal, en medio de las fatigas y caídas de nuestro peregrinar, está María, el “Auxilium christianorum. La letanía “Ora pro nobistrae a nuestras agitadas vidas el aliento continuo de una renovada esperanza y la seguridad de su cumplimiento en todo aquél que , como hizo María, se alimenta sólo de la voluntad de Dios.

ORACION

Hermanos:

Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos.

En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.

Enseguida será la consumación, cuando, después de haber aniquilado todos los poderes del mal, Cristo entregue el Reino a su Padre. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos. El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte, porque todo lo ha sometido Dios bajo los pies de Cristo.(ICo 15, 20-27)

 

Señor, tú enalteces a los humildes; 
en María nos has dado una visión
de una Iglesia que sabe cómo servir
y cómo adherirse firmemente a ti
en la vida y en la muerte.
Que con María, y fortalecidos por su Hijo, 
seamos suficientemente pobres y humildes
para escuchar tu palabra y para vivir según ella, 
para estar al lado de nuestro prójimo en necesidad,
y para ser para el mundo como el cuerpo visible de tu Hijo,
hasta que nos llames a participar en tu gloria
por los siglos de los siglos. Amén.
(de la misa del dia)

 

Mientras esperamos la suerte de María, digamos:

Santa María, ora pro nobis

¡Maran atha!  ¡Ven, Señor Jesús!