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La Visitación de la Virgen a su prima santa Isabel

 

Tú, espectador, eres el cuarto personaje que completas la escena pintada por Rublev en el encinar de Mambré.

 

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"Hoy, con la liturgia, nos detenemos a meditar en el misterio de la Visitación de la Virgen a santa Isabel. María, llevando en su seno a Jesús recién concebido, va a casa de su anciana prima Isabel, a la que todos consideraban estéril y que, en cambio, había llegado al sexto mes de una gestación donada por Dios. Es una muchacha joven, pero no tiene miedo, porque Dios está con ella, dentro de ella. En cierto modo, podemos decir que su viaje fue la primera «procesión eucarística» de la historia. María, sagrario vivo del Dios encarnado, es el Arca de la alianza, en la que el Señor visitó y redimió a su pueblo. La presencia de Jesús la colma del Espíritu Santo. Cuando entra en la casa de Isabel, su saludo rebosa de gracia: Juan salta de alegría en el seno de su madre, como percibiendo la llegada de Aquel a quien un día deberá anunciar a Israel. Exultan los hijos, exultan las madres. Este encuentro, impregnado de la alegría del Espíritu, encuentra su expresión en el cántico del Magníficat."

"¿No es esta también la alegría de la Iglesia, que acoge sin cesar a Cristo en la santa Eucaristía y lo lleva al mundo con el testimonio de la caridad activa, llena de fe y de esperanza? Sí, acoger a Jesús y llevarlo a los demás es la verdadera alegría del cristiano. Queridos hermanos y hermanas, sigamos e imitemos a María, un alma profundamente eucarística, y toda nuestra vida podrá transformarse en un Magníficat, en una alabanza de Dios."

"En la fiesta de la Visitación, como en todas las páginas del Evangelio, vemos a María dócil a los planes divinos y en actitud de amor previsor a los hermanos. La humilde joven de Nazaret, aún sorprendida por lo que el ángel Gabriel le había anunciado -que será la madre del Mesías prometido- se entera de que también su anciana prima Isabel espera un hijo en su vejez. Sin demora, se pone en camino, como dice el evangelista, para llegar con prontitud a la casa de su prima y ponerse a su disposición en un momento de particular necesidad."

"¡Cómo no notar que, en el encuentro entre la joven María y la ya anciana Isabel, el protagonista oculto es Jesús! María lo lleva en su seno como en un sagrario y lo ofrece como el mayor don a Zacarías, a su esposa Isabel y también al niño que está creciendo en el seno de ella. «En cuanto tu saludo llegó a mis oídos -le dice la madre de Juan Bautista-, la criatura saltó de alegría en mi vientre». Donde llega María, está presente Jesús. Quien abre su corazón a la Madre, encuentra y acoge al Hijo y se llena de su alegría. La verdadera devoción mariana nunca ofusca o menoscaba la fe y el amor a Jesucristo, nuestro Salvador, único mediador entre Dios y los hombres. Al contrario, consagrarse a la Virgen es un camino privilegiado, que han recorrido numerosos santos, para seguir más fielmente al Señor. Así pues, consagrémonos a ella con filial abandono."

Visita de la Virgen a su prima Isabel"La Visitación de María se comprende a la luz del acontecimiento que, en el relato del evangelio de san Lucas, precede inmediatamente: el anuncio del ángel y la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo descendió sobre la Virgen, el poder del Altísimo la cubrió con su sombra. Ese mismo Espíritu la impulsó a «levantarse» y partir sin tardanza, para ayudar a su anciana pariente."

"Jesús acaba de comenzar a formarse en el seno de María, pero su Espíritu ya ha llenado el corazón de ella, de forma que la Madre ya empieza a seguir al Hijo divino: en el camino que lleva de Galilea a Judea es el mismo Jesús quien impulsa a María, infundiéndole el ímpetu generoso de salir al encuentro del prójimo que tiene necesidad, el valor de no anteponer sus legítimas exigencias, las dificultades y los peligros para su vida. Es Jesús quien la ayuda a superar todo, dejándose guiar por la fe que actúa por la caridad."

"Meditando este misterio, comprendemos bien por qué la caridad cristiana es una virtud «teologal». Vemos que el corazón de María es visitado por la gracia del Padre, es penetrado por la fuerza del Espíritu e impulsado interiormente por el Hijo; o sea, vemos un corazón humano perfectamente insertado en el dinamismo de la santísima Trinidad. Este movimiento es la caridad, que en María es perfecta y se convierte en modelo de la caridad de la Iglesia, como manifestación del amor trinitario."  (Benedicto XVI, en los jardines vaticanos, el 31 de mayo de 2005, 2006 y 2007).

 

Oración

Aún recuerdo cómo fue y aunque espantada,
hoy me alegro y sonrío confiada.
Cuando el ángel me dejó, yo aún temblaba
de esperanza, de ilusión, desconcertada.

Pero pronto sentí que Aquél que late por Mí
me empujaba a llevarle a Isabel,
el aliento de Dios con su sombra me cubrió
y ahora tengo que irme de aquí
a la montaña , a la montaña.

Todo queda como ayer pero en mi alma
un amor desconocido me embriaga.
Siempre he amado lo que soy y me humillaba,
escondida tras las rejas de mi casa.

Pero Dios se fijó en aquella humillación
y con todo su poder me levantó;
Yo quería pasar oculta de los demás
y ahora veo la esperanza florecer
en mis entrañas, en mis entrañas.

Llevo dentro la esperanza deseada
que me inunda, que me envuelve, que me llama;
soy pequeña, soy sencilla, soy la esclava
pero sé que tengo todo y no soy nada

Gonzalo Mazarrasa