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Las fiestas marianas

Las fiestas dedicadas a la Virgen...

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Las fiestas marianas que contempla el año litúrgico se han ido incorporando al mismo a medida que la veneración de los fieles iba consolidando la tradición apostólica e incorporandola al sensum fidei”. La mayoría de las fiestas marianas son compartidas por las liturgias católica y ortodoxa, en especial las que se consolidaron en el primer milenio, como son las siete primeras de la relación siguiente y que, por ello, han sido expresados en iconos de corte bizantino.

La últimas, propia de la Iglesia Católica, ha sido creada a partir de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción, en 1854.

1.       Nacimiento de la Virgen (8 de septiembre)

2.       Entrada al servicio del templo (21 de noviembre)

3.       La presentación del Señor: 2 de febrero)

4.       La anunciación (25 de marzo)

5.       La dormición/Asunción de María (15 de agosto)

6.       La Visitación de la Virgen María (31 de mayo)

7.       Santa María, Madre de Dios (1 de enero)

Más modernamente, la Iglesia Católica ha introducido la siguiente fiesta de la Virgen

8.       La Inmaculada Concepción de María (8 diciembre).

 

1.-Natividad de María

La Iglesia celebra la fiesta el día 8 de septiembre, justo al octavo día de comenzar el año litúrgico bizantino, trayendo a nuestra consideración el octavo día de la Creación, que sigue a los seis días de trabajo creador y al séptimo del descanso. El octavo día es el día de la Resurrección, el día sin ocaso. Ocho son, también, los lados de la fuente bautismal donde el catecúmeno nace a la vida eterna.

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2.-La entrada de la Virgen al servicio del templo

El Templo es la habitación de Dios entre los hombres. La construcción del Templo fue el sueño de David y el gran logro de Salomón, que lo inauguró diciendo: “He querido erigirte una casa para morada tuya, un lugar donde habites para siempre” (1Re 8, 13).

El pueblo de Israel tenía siempre presente el Templo en sus oraciones y el buen israelita peregrinaba al Templo para encontrarse con su Dios:

Pero el Señor está en su templo santo,

el Señor tiene su trono en el cielo(sal 10)

La devoción hacia la madre de Jesús llevó a ver en ella la realidad de los lugares teofánicos del AT y, así, pronto fue cantada como la zarza ardiente de Moisés, el Arca de la Alianza, el Monte Sion… La Iglesia oriental alabó a María como templo, santuario, palacio, morada, relicario, y tabernáculo que, por su pureza, era digna de ser habitáculo divino; tal como se expresó en homilías, oraciones, himnos y rezos diversos.

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3.-La Presentación del Señor (la Hypapanté)

Los protagonistas visibles de la Fiesta en la liturgia, de acuerdo, por otro lado, a la misma perspectiva evangélica son el Niño y su Madre María, y los ancianos Simeón y Ana. Simeón y Ana son la Iglesia que recibe al Señor que entra en su Templo Santo, si bien la escena – como notábamos – se desarrolla fuera del Templo. Es otra área espiritual la que ha inaugurado Jesús con su venida. José queda en la penumbra

Los iconos de Oriente que en este día ven una de las doce grandes Fiestas del año nos presentan, en sus luces de oro, estas figuras que transmiten el mensaje del misterio revelado: presentación y encuentro.

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4.-La Anunciación del Señor(25 de marzo)

El conocido desarrollo de la escena nos permite saber que Dios tiene un plan para la humanidad que precisa tanto del concurso de María, la doncella de Nazaret, como de su aquiescencia informada. Las palabras de Gabriel, del heraldo divino, lo dan a conocer.

El Arcángel San Gabriel se presenta en el camarín de la Virgen para trasmitir, como los antiguos heraldos medievales, las instrucciones de su señor. 

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

"Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo"

 Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

"No temas María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús".

Gracias al «sí» de Cristo y de María, Dios pudo asumir un rostro de hombre (Benedicto XVI, 25 marzo 2007)

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5.-La Dormición de María (15 de agosto)

La escena que dibuja el icono la “Dormición de la Virgen” es el tránsito de la Madre de Dios al dejar esta tierra. Es una escena que parece tener de protagonista a la muerte. El cuerpo horizontal reflejando la rigidez última; el catafalco ricamente ornado; los espectadores con gestos doloridos; todo el conjunto hace recordar una liturgia funeraria. Siendo la muerte el motivo del icono, la figuración general no es la propia de la época: no hay descenso del alma al Hades, como podía esperarse de un judío, ni liberación de la misma al estilo platónico.

Ni siquiera la subida del alma de la Virgen es el motivo principal del dibujo. Por el contrario, Cristo baja a la tierra y reclama el protagonismo que se debe al personaje que ocupa el lugar central. Cristo, sosteniendo una niña vestida como si estuviera amortajada con vendas blancas, recuerda de forma irresistible el icono de la Natividad del Señor, pero con la figuración invertida: allí era la Virgen el personaje central, y el niño Jesús el que aparecía con estas mortajas blancas.

En Occidente llamamos a esta fiesta la Asunción,  que presenta  una bella simetría entre la ascensión  de Cristo que sube a los cielos y el misterio de la virgen que es subida a los cielos. Cristo con su propio poder. La Virgen por gracia de su Hijo.

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6.-La Visitación de la Virgen María (31 de mayo)

María, llevando en su seno a Jesús recién concebido, va a casa de su anciana prima Isabel, a la que todos consideraban estéril y que, en cambio, había llegado al sexto mes de una gestación donada por Dios. Es una muchacha joven, pero no tiene miedo, porque Dios está con ella, dentro de ella. En cierto modo, podemos decir que su viaje fue la primera «procesión eucarística» de la historia. María, sagrario vivo del Dios encarnado, es el Arca de la alianza, en la que el Señor visitó y redimió a su pueblo. La presencia de Jesús la colma del Espíritu Santo. Cuando entra en la casa de Isabel, su saludo rebosa de gracia: Juan salta de alegría en el seno de su madre, como percibiendo la llegada de Aquel a quien un día deberá anunciar a Israel. Exultan los hijos, exultan las madres. Este encuentro, impregnado de la alegría del Espíritu, encuentra su expresión en el cántico del Magníficat.

¿No es esta también la alegría de la Iglesia, que acoge sin cesar a Cristo en la santa Eucaristía y lo lleva al mundo con el testimonio de la caridad activa, llena de fe y de esperanza? Sí, acoger a Jesús y llevarlo a los demás es la verdadera alegría del cristiano. Queridos hermanos y hermanas, sigamos e imitemos a María, un alma profundamente eucarística, y toda nuestra vida podrá transformarse en un Magníficat, en una alabanza de Dios.

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7.-Santa María, Madre de Dios (1 de enero)

La decisión conciliar  de llamar a la Virgen María “Theotokos”, Madre de Dios, fue acogida con entusiasmo callejero por el pueblo cristiano. Una manifestación grandiosa  se organizó para proclamar el dogma tan arraigado en el alma popular. Miles de voces cantaban el nombre bendito: ¡Hyperaguía Theotóke, sóson imas!¡Santísima Madre de Dios, sálvanos!

Theotokos(en griego: Θεοτόκος; en latín:Deipara o Dei genetrix) significa Madre de Dios, en griego. Es un título cristiano universal desde que el Concilio de Éfeso, de 431, en referencia a su maternidad divina decidiera que

Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y luego descendió sobre Él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne... De esta manera [los Santos Padres] no tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen."  (Denzinger, 111)

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