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Icono de El Salvador


 

Se observan los elementos siempre presentes en los iconos de Cristo.

Llama la atención la fuerte presencia que emana del icono, que manifiesta a un hombre joven, dotado de abundante cabellera, barba ligera y bigote.

Aunque el rostro del Pantocrator es casi siempre severo, el que contemplamos tiene un rostro bello con mirada intensa, dirigida a quien le observa, y manifiesta un gesto bondadoso.

Se insinúa una cruz formada por la línea horizontal de los ojos y la vertical del tabique nasal. Aparece adornado con la aureola propia del icono de Cristo, fuertemente dorada y señalando los perfiles de una cruz con las tres letras ómicron, omega y nú que significa "el que soy" (cfr. Ex 3, 14).

Su doble naturaleza se señala elocuentemente en los colores rojo y verde-azul de su túnica y manto. El rojo indica el amor y el sacrificio, propios de la misión salvífica de Cristo, mientras el azul señala la plena humanidad de su persona. La faja vertical de color dorado señala, a modo de estola, la dimensión sacerdotal y divina del personaje.

La mano derecha bendice transmitiendo la misericordia del Padre y señalando, con la posición de los dedos, tanto la unidad de la Trinidad (pulgar, meñique y anular unidos formando un círculo), como el misterio de su doble naturaleza (índice y corazón, mostrando una X).

En su otra mano, porta el libro de la vida anunciado el el Apocalipsis (Ap 5).

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El Salvador

En la predicación la persona de Jesús, su muerte y su resurrección son el centro del kerigma. En el Templo, en el Iconostasio o, más generalmente, en el conjunto del arte del iconográfico, el icono de Jesús ocupa el lugar principal como corresponde al personaje central de la Historia de la Salvación.

Hablar del icono de Cristo puede hacernos olvidar o, simplemente, velar que Él es el icono de Dios."Él es imagen del Dios invisible" (Col 1,15) y, como él mismo afirma, "quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? (Jn14, 9s).

La contemplación del icono de Cristo hace presente a Jesús el Salvador ( “Soter”, en griego, “Spas” en ruso) con la misma fuerza que la proclamación de su Palabra, y el triángulo contemplativo formado por el icono, el autor y el espectador se abre para acoger al representado. 

El iconógrafo, desbordado por la realidad del personaje, se fija en alguna de las innumerables facetas de su misterio y, a través de ellas, fija en madera y color la imagen del Emmanuel, el Pantocrátor, la Sabiduría divina, la vid verdadera... Es esta tensión entre la pretensión de hacer visible la inmensidad del personaje y las limitaciones de la tablilla y los pinceles, la que explica los innumerables detalles que el icono, en general, presenta.

Un intento de clasificación de la iconografía de Cristo llevan a considerar seis tipos diferentes, según le representa en las diferentes situaciones del Verbo en la Historia de la Salvación:

El Salvador, llamado Pantocrator.

El Salvador, en figura no hecha por mano de hombre, Mandylion

El Salvador, en Majestad.

El Salvador, como Emmanuel

El Salvador, en el silencio.

El Salvador, como Sabiduría eterna del Padre

 

En las siguientes páginas de este sitio veremos las características iconográficas de Jesucristo en Majestad, como Pantocrátor; de la figura "no hecha por manos humanas", tal como se representa en el Mandylion; de la representación de el Salvador entronizado, signo de su venida final lleno de poder como Señor de la historia y juez anunciado en el Apocalipsis;  como profecía del signo de Dios con su pueblo, según la profecía de Isaias, en la imágenes de "el Emmanuel" (Is 7); y, contemplándole dentro de la Trinidad eterna, ya como Hijo eterno del Padre, antes de su encarnación, en los iconos de"Cristo en Silencio", ya como "Sabiduría divina",  presente en la creación.

En todos los casos una serie de reglas canónicas, propias de las cosas sagradas destinadas a la liturgia, darán unidad al icono del Salvador y permitirán su reconocimiento por los fieles.

La aureola o nimbo, que en los iconos es signo de la santidad divina, presenta siempre una cruz de tres brazos con las letras griegas ómicron, omega y nú, formando la leyenda "el que soy", tal como se autodenominó Dios ante la pregunta de Moisés (Ex3, 13-15).

Generalmente, presenta un rostro severo, con una mirada bondadosa. El gesto de su mano derecha bendice inequívocamente, mientras la posición de los dedos envía un doble mensaje. Por un lado, los tres dedos cerrados evocan la Trinidad, mientras que los dos abiertos hablan a quien le contempla de la doble naturaleza de Jesús. En este lenguaje de los dedos no es difícil encontralos formando el tetragrama de Cristo, I C X C. 

En el otro brazo porta un libro, según la profecía del Apocalipsis.

Hacer inteligibles estos "guiños" que el autor del icono hace al espectador, siempre referidos a detalles de la historia de la salvación, es la principal tarea, junto a la presentación del icono mismo, de los comentarios que acompañarán a las imágenes. 

Resaltando unos signos u otros, los diferentes iconos de Cristo van presentando rasgos que resaltan la persona de Jesucristo según la intención catequética del autor.