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La natividad de la Virgen


El icono recoge la situación de una habitación lujosa de la acomodada casa de Joaquín y en él, como es habitual en la iconografía, se recogen escenas diferentes. La amplitud del escenario y la pureza de líneas de la figuración dan a todo el conjunto un determinado aire sacro, como si de un templo se tratara, y transmite un cierto simbolismo referido a la futura condición de María como portadora de Cristo, el verdadero templo de Dios.

En los iconos de la Natividad de la Virgen es corriente ver a Joaquín asomándose tímidamente desde algún umbral de la habitación para ver a su mujer y a la niña recién nacida. En la habitación sólo él y Ana, entre los adultos, están dotadas del nimbo dorado propio de la santidad.

En ambos iconos de esta página puede observarse que el iconógrafo ha pintado una pequeña aureola dorada alrededor de la cabecita de la niña María, que siempre aparece recibiendo los cuidados de las parteras, en orden al baño y limpieza rituales. En algunos iconos de la Natividad de la Virgen, la niña hace un gesto de repulsa ante el agua destinada a la limpieza ritual, señalando la nula necesidad de ser limpiada quien ha nacido "llena de gracia".

Tres mujeres llevan presentes a la madre, recordando los regalos que, más tarde, los pastoresy los Magos llevarán al Niño. Esta vez los regalos son a Ana, no a la niña recien nacida, en un reconocimiento muy oriental de que la niña pertenece a un pueblo, a una estirpe, y tiene derecho a ser mantenida por el cuidado de todos.

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"Y he aquí que un ángel del Señor apareció, y le dijo: Ana, Ana, el Señor ha escuchado y atendido tu súplica. Concebirás, y parirás, y se hablará de tu progenitura en toda la tierra."

"Y Ana dijo: Tan cierto como el Señor, mi Dios, vive, si yo doy a luz un hijo, sea varón, sea hembra, lo llevaré como ofrenda al Señor, mi Dios, y permanecerá a su servicio todos los días de su vida." (Promesa divina, Protoevangelio de Santiago).

"Bendito sea Dios, 
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor
." (Ef 1,3s).

Elegidos antes de crear mundo, es decir, presentes desde toda la eternidad en el plan divino. Desde toda la eternidad, pues, estaba prevista toda la Historia de la Salvación de la humanidad, necesaria desde la caída de Adán, y, muy particularmente este primer momento de su desarrollo en la tierra.

La intervención de Dios comienza directamente en el momento de la concepción de María, la hija de Joaquín y Ana.

 

Nazaret es un pueblo pequeño, insignificante hasta el punto de que los judíos se referían a él hasta con cierto desprecio, diciendo: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?"(Jn 1, 46). En él viven Joaquín, de la casa de David, y Ana, pareja piadosa que ha llegado a una avanzada edad sin tener descendencia. Una sobrina de Ana, Isabel, pasará a la historia por ser prima hermana de la Virgen María y madre de Juan Bautista.

La vida de esta pareja tiene aspectos de resonancias bíblicas: son patriarcas de una extensa fortuna, bien acomodados, dueños de ganados y tierras, pero señalados para el pueblo judío por la desgracia: no tenían hijos. Como en el caso ed Abrahan y Sara, Dios elige una situación sin esperanza humana y atiende la petición imposible para mostrar su favor, y Ana concibe una hija en su ancianidad.

Cristo es la definitiva consumación de la promesa y, con ella,  de la Historia de la Salvación, y "la revelación del designio amoroso de Dios: su anonadamiento, su encarnación y la consiguiente divinización del hombre. Convenía, pues, que esta fulgurante y sorprendente venida de Dios a los hombres fuera precedida de algún hecho que nos preparara a recibir con gozo el gran don de la salvación. Y éste es el significado de la fiesta que hoy celebramos, ya que el nacimiento de la Madre de Dios es el exordio de todo este cúmulo de bienes, exordio que hallará su término y complemento en la unión del Verbo con la carne que le estaba destinada. El día de hoy nació la Virgen; es luego amamantada y se va desarrollando; y es preparada para ser la madre de Dios, rey de todos los siglos. (De las Disertaciones de san Andrés de Creta, obispo"( Liturgia de las horas, 8 de septiembre).

En el año 1854 el Papa Pío IX elevó el sentir universal del pueblo católico sobre la concepción inmaculada de la Virgen María al grado de dogma, de verdad contenida en la revelación que el Espíritu hace progresivamente a través de la tradición, y la Iglesia católica lo celebra el 8 de septiembre, con estas palabras:

“proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente , en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…” (Bula ineffabilis Deus. Pio IX, 8 de diciembre de 1854).

La Iglesia celebra la fiesta el dia 8 de septiembre, justo al octavo dia de comenzar el año litúrgico bizantino, trayendo a nuestra consideración el octavo dia de la Creación, que sigue a los seis dias de trabajo creador y al septimo del descanso. El octavo día es el dia de la Resurrección, el día sin ocaso. Ocho son, también, los lados de la fuente bautismal donde el catecúmeeno nace a la vida eterna.

El icono recoge la situación de una habitación lujosa de la acomodada casa de Joaquín y en él, como es habitual en la iconografía, se recogen escenas diferentes. La amplitud del escenario y la pureza de líneas de la figuración dan a todo el conjunto un determinado aire sacro, como si de un templo se tratara, y transmite un cierto simbolismo referido a la futura condición de María como portadora de Cristo, el verdadero templo de Dios.

 

En los iconos de la Natividad de la Virgen es corriente  ver a Joaquín asomándose tímidamente desde algún umbral de la habitación para ver a su mujer y a la niña recién nacida. En la habitación sólo él y Ana, entre los adultos,  están dotadas del nimbo dorado propio de la santidad. 

En ambos iconos de esta página puede observarse que el iconógrafo ha pintado una pequeña aureola dorada alrededor de la cabecita de la niña María, que siempre aparece recibiendo los cuidados de las parteras, en orden al baño y limpieza rituales. En algunos iconos de la Natividad de la Virgen, la niña hace un gesto de repulsa ante el agua destinada a la limpieza ritual, señalando la nula necesidad de ser limpiada quien ha nacido "llena de gracia".

Tres mujeres llevan presentes a la madre, recordando los regalos que, más tarde, los pastoresy los Magos llevarán al Niño. Esta vez los regalos son a Ana, no a la niña recien nacida, en un reconocimiento muy oriental de que la niña pertenece a un pueblo, a una estirpe, y tiene derecho a ser mantenida por el cuidado de todos. 
 

Todo nacimiento es un augurio de esperanza y la mirada de Ana, perdida en el horizonte parece buscar respuesta al milagroso acontecimiento de esta criatura, venida en su ancianidad tras insistente petición a Dios.