rezarconlosiconos
 

La resurrección del Señor

Icono de la muerte y resurrección del Señor

 

Tú, espectador, eres el cuarto personaje que completas la escena pintada por Rublev en el encinar de Mambré.

 

volver

1. Introducción

La iconografía surgida sobre el tema de la Resurrección del Señor ayuda a adentrarse en el misterio de salvación vivido por Cristo, siguiendo la voluntad del Padre divino. Y también cuáles son las diferencias surgidas entre Oriente y Occidente durante la contemplación de este misterio.

 

Ambas Iglesias tienen un mismo Credo y confiesan una misma fe, pero la manera de abordar en el arte el misterio es muy diferente. Este Credo dice:

…padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
.-fue crucificado, 
.-muerto y 
.-sepultado, 
.-descendió a los infiernos
.-al tercer día resucitó de entre los muertos
subió a los cielos

 

Occidente –la Iglesia Católica- se enfrenta a este evento de manera procesal: padece--> es crucificado--> muere--> es enterrado--> desciende a los infiernos--> resucita el domingo.

Cuan si fuera un fotógrafo se sitúa frente al suceso y empieza a describir la historia, a decir cómo ocurrió.

Oriente –la Iglesia Ortodoxa- no está interesada en describir la historia, sino en hacer teología. Lo importante es que resucitó, no cómo resucitó. No busca el cómo, sino el porqué y el para qué; es decir, cuál es el significado del suceso.

Estos dos diferentes enfoques teológicos darán lugar a dos corrientes iconográficas muy diferentes sobre el tema de la Resurrección, que veremos en los puntos siguientes.

 

2.- La historia

En Getsemaní se hace historia humana el coloquio divino que tan bien reflejara Rublev en su icono La Trinidad.  Allí, el cáliz con los pecados del mundo es puesto en la mesa-altar por Dios Padre y ofrecido al Hijo, bajo la mirada conmovida del Espíritu Santo.

En la contemplación del icono de La Trinidad, de Rublev, veíamos que lo que el Padre  pedía al Hijo era su encarnación en la historia humana, no tanto para eliminar el sufrimiento traído por el pecado, como para compartirlo con el hombre.  La crucifixión de Cristo ilumina un poco el misterio del sufrimiento de los inocentes, aunque sea con una luz paradójica, pues ante ello no cabe sino decir que Dios es “débil”. No con una debilidad que afecte a su omnipotencia, sino débil en su Amor crucificado.

En Getsemaní, la humanidad del Hijo se estremece ante la magnitud del pecado que debe cargar sobre sus hombros y grita “«Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú» (Mt 26, 39)”, pero sabe bien cuál es la contestación que se encierra en el silencio divino, como acaba de confesárselo  a Pilato:  “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37).

En aquel coloquio divino se determinaron los roles trinitarios en la Historia de la Salvación: “El Padre es el Amor que crucifica; el Hijo es el Amor crucificado; y el , Espíritu Santo es la fuerza invencible de la Cruz”,  según definición del Patriarca Philarète, de Moscú.

La Crucifixión de Cristo es participada, a su modo, por cada divina persona y el misterio de Dios se hace más incomprensible aún al ver cómo el Dios de la historia se hace Dios en la historia. La crucifixión lleva la realidad del sufrimiento al interior de la Trinidad. El grito de “Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir:«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)»(Mt 27, 46) se dirige también al “al Señor y dador de vida”, que abandona al Hijo igual que el Padre lo ha abandonado.

El Espíritu Santo, que procede del amor mutuo del Padre y del Hijo, parece rehusar en ese instante su origen, y el dolor de este necesario abandono es su forma de sumarse al sacrificio del Hijo, unirse a su cruz y hacerse, así, garante de la victoria final de la Cruz.

Una dimensión que sobresale en el drama de la Pasión es la tremenda soledad con que debe afrontarla Cristo y que, de alguna manera, ya ha sido anticipada por sus tipos veterotestamentarios. Abrahán  debe ofrecer su hijo único sin ninguna garantía que condicionara la petición o mitigara el drama de su decisión libre y abandonada a la sola voluntad divina. El destino de los profetas  tiene  una dimensión trágica

“otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados  el mundo no era digno de ellos , vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido”  (Hb 11, 35-39),

precisamente por esta falta de garantías sobre el resultado de la misión que Dios le encarga.

La agonía de Jesús en Getsemaní

Jesús sabe que es libre cuando el momento de la decisión definitiva llega en Getsemaní. Siente el peso de su libertad y el peso de su soledad. Y es la tensión entre, por un lado, el rechazo instintivo de su cuerpo al dolor y de todo su ser a la espantosa visión del pecado de la humanidad con que cargaba; y, por otro, su amor al Padre y su deseo de que se cumpla su voluntad, lo que provoca su angustia y su sudor de sangre.

Para ser verdaderamente humana, la decisión debe ser humanamente libre y al ser el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, los imprevisibles derroteros que elija  su libertad deben ser libres; tan libres que deben ser  imprevisibles para Dios mismo.

Por eso, en cada hombre Dios corre una aventura. Con cada hombre Dios hace una alianza y nada mitiga, ni para el hombre ni para Dios, los riesgos de la libertad humana. Nada debilita en el hombre  esa soledad, que en última instancia supone la falta de garantías. La voluntad de Dios debe ser hecha  sin garantía final alguna… y Cristo lo sabe y se pregunta amargamente si su sacrificio servirá para algo: “Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?». (Lc 18, 8).

En una tensión semejante a esa,  tensión entre el primer Adán y el nuevo Adán, entre el hombre viejo y el hombre nuevo, nos encontramos todos y no podemos eludir responder a la radicalidad del planteamiento, porque “donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.” (Mt 6, 21). Elección necesaria para cada hombre,  porque aunque la salvación ya ha sido objetivamente realizada por Cristo, es preciso asumirla personalmente, conforme a la afirmación de San Agustín: “'Dios que te ha creado sin contar contigo, no te salvará sin ti” (Sermo CLXIX, 13).

Icono de Cristo en su descenso a los infiernos

Hablando san Pablo de Cristo –posiblemente  ante un icono del “Descenso a los Infiernos”- dice: “Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo” (Hb 2, 16s).

Pero Cristo, que ha dicho “para eso he venido yo al mundo” en el interrogatorio de Pilato no termina su misión con el hecho puro de la crucifixión. Él “muere para algo”.

 

3.-Los textos

Podemos afirmar que desde el mismo Paraíso Dios anunció una promesa de salvación, que fue concretando y dando pistas de cómo sería ésta. Se haría a través de un enviado, de un Mesías cada vez mejor perfilado en la escritura.

 
 
 

3.1.-Profecías de la resurrección de Cristo 

En el Antiguo Testamento hay muchas profecías sobre la persona de ese Mesías prometido, así como de la suerte que debe correr, incluidas su muerte y resurrección, un Mesías sufriente alejado del Rey que viene en gloria.  El ejemplo más sorprendente de esto es la profecía de Isaías
¿Quién creyó nuestro anuncio?; ¿a quién se reveló el brazo del Señor? 
Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, 
despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros,  despreciado y desestimado. 
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; 
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. 
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. 
Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca:  como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. 
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién se preocupará de su estirpe? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. 
Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. (Isaías 53, 1-9; cuarto canto del Siervo de Yhavé)
 
Al final se incluye un Apéndice Bíblico para mayor ilustración sobre la extensa pedagogía seguida por Dios para dar a conocer el alcance de su promesa.

 

3.2.-Testimonios de la resurrección de Cristo

Como se mencionó anteriormente las historias principales del evento son las reportadas por los cuatro evangelistas, que ya no hablan de una promesa que llegará, sino del cumplimiento de esa promesa milenaria que ellos han conocido, alguno personalmente. Invitamos a los lectores a acudir a los Evangelios directamente, a ponerse allí en comunicación personal con la Palabra de Dios. 
 
Un esquema concordado de los sucesos alrededor de la “resurrección” puede ser el siguiente:
  1. un grupo de mujeres, en la mañana después del entierro de Cristo, se dirigen a la tumba para ungir el cuerpo de Cristo (confr. Mt 28, 1; Mc 16, 16-2; Lc 24, 1; Jn 20, 1).
  2. Al llegar a la tumba, las mujeres descubren que la roca redonda que sellaba la sepultura ha sido movida de su sitio (conf. Mt.28, 2s; Mc 16, 3-4; Lc 24,2; Jn 20,16)
  3. Asustadas ante una tumba vacía, ven a un ángel que les explica la situación y les da un mensaje. (Mt 28, 5s; Mc 16, 5s; Lc 24,3s).
  4. las mujeres corren a Jerusalén para transmitir las noticias a los apóstoles, pero no son creídas  (confr. Mt 28, 8; Lc 24, 8ss; Jn 20,2)
  5. Pedro y el "discípulo amado" corren hacia la tumba y, al encontrarla vacía, regresan. (Jn 20, 3-10; Lc 24,24)
  6. Siguiendo a los discípulos, María  Magdalena regresa a la tumba, permaneciendo allí después de la partida de aquellos. Entonces Cristo se le aparece. (Jn 20, 11-18; Mt 28,9).
  7. Ese mismo día, Cristo se aparece a Pedro y a los discípulos que se dirigían a Emaús y, posteriormente, a los otros discípulos que permanecían en Jerusalén (Lc 24, 13-32.34, 36-43; 1 Cor 15,5, Mc 16, 12s; Jn 20,19-23)
 

3.3.-Puntos por aclarar

De los puntos anteriores se pueden deducir dos consecuencias obvias: por un lado, que después de la Resurrección, Cristo aparece y desaparece donde sea y cuando sea que juzgue oportuno, y, por otro, sólo aparece ante sus fieles.
Las diferencias aparentes de los relatos evangélicos de la resurrección se contraen a los siguientes aspectos:
a) Qué discípulos fueron a la tumba .
Según la narración de cada uno de los evangelistas, son los siguientes:
 i) según Mateo: María Magdalena y la "otra María" (Mt 28, 1),
 ii) según Marcos, María Magdalena, María de Santiago y Salomé ( Mc 16, 1),
 iii) según Lucas, las "Mujeres de Galilea", a las que luego llama María Magdalena, María de Santiago, Juana y "todos los demás juntos" (Lc 24,10) y
iv) según Juan,  María la Magdalena (Jn 20, 1) 
b) ¿Cuándo se quitó la lápida?
c) ¿Cuántos ángeles estaban presentes?
d) Qué dijeron los ángeles a los discípulos
e) ¿Quién vio a Cristo por primera vez?

 

4.-Los iconos de la Resurrección

La hagiografía ortodoxa oriental no tiene imagen de la resurrección. Ese evento está pintado por la tradición iconográfica oriental en el icono llamado “Descenso a los infiernos"
Por lo tanto, cualquiera que intente analizar la imagen de la Resurrección debe referirse a su forma occidental única y exclusivamente.
 
¿Por qué esa  diferencia entre las dos formas de “mirar” el hecho de la resurrección?
No se trata de una cuestión baladí, ni de un asunto académico sin trascendencia alguna. Por el contrario, estamos ante una cuestión de fondo grave
 
.-La tradición occidental trata de transmitir el hecho, 
El pintor occidental se sitúa externo al evento, como dotado de una cámara fotográfica para captar cómo se suceden los hechos del triduo pascual. Por su parte, el espectador de la pintura siente que ve que el incidente se desarrolla frente a él. No se da ninguna interpretación a los hechos representados en las imágenes sagradas.

 

El pintor occidental con su pintura está escribiendo una historia. A juicio de la ortodoxia tal pintura religiosa puede ser artística, pero de muy pobre significado. 

 

.-La tradición ortodoxa trata de transmitir el significado del evento
Icono-de-Theophanes_Kris_Monasterio-de-Stavronikita_Athos-siglo XVEl hagiógrafo ortodoxo va más allá de la historia. El hagiógrafo con su pintura no está tratando de escribir historia porque está interesado en escribir teología. Se encuentra por encima de la captura fotográfica del evento porque busca capturar el significado y la importancia de los hechos para la salvación de las personas. Con sus colores pinta su fe e imprime en la madera la teología ortodoxa.
 
Esto explica por qué es propia de la tradición de la pintura occidental la imagen de la Resurrección, mientras que en la hagiografía ortodoxa lo propio es la imagen del Descenso al Infierno. El pintor del Oeste pone todo su arte para mostrar a Cristo saliendo del sepulcro en poder y gloria, sosteniendo orgulloso el estandarte de su victoria, mientras a sus pies aparecen los soldados caídos en el suelo.

 

Mientras el pintor occidental trata de decirnos cómo se produjo la resurrección y las etapas de la misma, el iconógrafo ortodoxo afirma que el modo cómo se hizo la resurrección es de poca importancia. Por eso, ningún evangelista describe en su libro esa problemática. Lo verdaderamente  importante es que la resurrección haya tenido lugar.
 
Por ello, lo sustantivo ante este hecho es encontrar el sentido y la importancia de la resurrección. Este sentido es mejor ilustrado por el iconógrafo oriental. Cristo es enterrado y a través del sepulcro Desciende al Hades para terminar con su poder y liberar a sus cautivos. Todo esto está significado en los iconos por ese techo destrozado y las puertas rotas bajo los pies de Cristo  victorioso sobre la muerte; por las cerraduras y clavos dispersos por el suelo; por la energía y fuerza con que Cristo saca a Adán y Eva de sus tumbas; por el mismo Diablo aherrojado en el suelo, etc.
 

4.1.-Los iconos de la Resurrección en Oriente

En la hagiografía ortodoxa tradicional, el modo real de la resurrección de Cristo nunca ha sido representado. Tanto los Evangelios como la Tradición de la Iglesia guardan silencio sobre este momento y no dicen cómo y cuándo Cristo resucitó, lo que contrasta con lo hecho con la  resurrección de Lázaro. Fue ésta un milagro que todos los presentes pudieron entender, pero la resurrección de Cristo escapa a cualquier comprensión y resta inaccesible. La mente humana no puede visualizarlo y, por tanto, no hay imágenes de él. 
 
Para venerar y mostrar a los fieles el suceso central de nuestra religión, la iconografía ortodoxa tiene dos imágenes que se complementan entre sí. 
 
.-La primera es una representación simbólica
Representa el momento anterior a la Resurrección de Cristo: el Descenso a los infiernos. 
Al infierno sólo puede descender el alma de Cristo, no su cuerpo que aún está en el sepulcro: luego ningún iconógrafo puede decir cómo ve en su conciencia la resurrección, que es un evento posterior y afecta a la persona entera, a su alma y a su cuerpo. No pudiendo testificar el momento de la resurrección, la tradición ortodoxa está tratando de transmitir el significado del evento
 
.-La segunda aprehende los hechos históricos que siguieron a la resurrección de Cristo,
a partir de la visita histórica de los discípulos a la tumba de Cristo. Más tarde, los iconos  de este tipo se enriquecieron con las escenas de la aparición de Cristo a María Magdalena ("Noli me tangere") y a las dos Marías ("Las mujeres miróforas ").
 
Icono-del-sigloXVI-del-monasterio-de-Dionysiou_arriba-David-y-JonasLos iconos del tipo “Descenso a los infiernos” dan cuenta de la ruptura de las puertas del Sheol por la fuerza de Cristo resucitado y la consiguiente liberación de los justos que esperaban este momento, comenzando por Adán y Eva.

 

Complementariamente, los iconos del tipo “Las mujeres miróforas”, desarrollan las escenas evangélicas que relatan cómo las mujeres que portaban hasta el sepulcro los ungüentos y aceites aromáticos con el que mostrar su último gesto de amor hacia el maestro, reciben el anuncio del ángel: “Él no está aquí. Ha resucitado”

 

El hecho concreto de su pasión y muerte en cruz, sucesos de los que sí cabe afirmar su historicidad en el tiempo, serán  expuestos en este sitio  través de los iconos de la Crucifixión, descenso de la cruz y entierro de Jesús, que se contempla en la página señalada.

 

Confiamos que todas ellas ayuden al visitante a rezar ante el misterio de nuestra fe y a elevar una oración agradecida a la Trinidad Santísima, donde “El Padre es el Amor que crucifica; el Hijo es el Amor crucificado; y el  Espíritu Santo es la fuerza invencible de la Cruz”.

 

Los iconos ortodoxos , especialmente la pintura de iconos rusos , enfatizan el motivo del aplastamiento de las puertas del infierno por el Cristo resucitado. Se representan en forma de puertas rotas debajo de los pies de Cristo, generalmente en cruz, que también simboliza la victoria sobre la muerte por la muerte de Cristo en la cruz ("la muerte se corrige por la muerte").
 
Desde el sheol destrozado salen los justos del Antiguo Testamento, cuyas almas estaban en el infierno antes de esta liberación y son conducidos al Reino de los Cielos por Cristo.
 

4.2.-Los iconos de la Resurrección en Occidente

imagen-occidentalizada-del-icono-de-la-resurreccion
Un motivo común hay en las imágenes de origen occidental, donde la Resurrección está representada por los guardias que duermen en el sarcófago y Cristo, saliendo solemne y majestuosamente de la tumba, sosteniendo en su mano una pancarta blanca con una cruz roja, como un símbolo de la victoria de la Vida sobre la Muerte

 

Esta trama no se corresponde exactamente con el relato evangélico de los acontecimientos, donde Cristo se levanta antes de que la piedra sea retirada de la entrada de la tumba, debido al descenso del ángel. Sin embargo, desde la Edad Media, la iconografía occidental lo ha estado utilizando, cambiando solo los detalles y la forma de expresión.

 

Es bastante natural que la imagen del "Descenso al infierno" surgiera en el área cristiana occidental, pues todas las etapas mencionadas en el Credo fueron incorporadas en imágenes específicas.

 

 

 

 

1. .-padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
2. .-fue crucificado, 
3. .-muerto y 
4. .-sepultado, 
5. .-descendió a los infiernos
6. .-al tercer día resucitó de entre los muertos,

 

Así, todos ellos fueron temas de inspiración para los grandes pintores de la Edad Media y el Renacimiento, como Caravaggio, Rembrandt, Rubens, Miguel Ángel y muchos otros, cuyos cuadros y frescos inspirados en la resurrección y las apariciones del Cristo resucitado a sus discípulos, lucen hoy en los principales museo del mundo.
 

5.- El icono

imagen-ortodoxa-de-la-resurreccion

 

 

Cristo

.-En el centro de la imagen, se encuentra el vencedor de la muerte, Cristo, y la mirada triunfante de su rostro está en plena armonía con el momento de gloria que vive. 

.- El nimbo de su cabeza muestra la cruz que será canónica a partir de este momento para toda la iconografía del Salvador.

 

 

 

 

 

 

.-- A la altura de su cabeza figuran las letras “IC XC ", de su nombre griego IesouS XristoS, con una línea encima para indicar que es una abreviatura. En el nimbo, en los brazos de la cruz, hay tres letras griegas: O (omicron), W (omega) y N (ni), formando la palabra Jehová , el nombre bíblico de Dios.

.--Le rodea una mandorla característica de su posición gloriosa. Los colores azules de los anillos son propios de su naturaleza humana.

.--Sus vestidos son trasunto de su gloria, tal como él mismo mostró a los discípulos predilectos en el Tabor:
“Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz” (Mt 17, 2)
.--con su mano derecha “agarra” la muñeca del brazo de Adán, en gesto que indica, tanto su energía y decisión, como el que no precisa ayuda alguna de Adán para sacarle del Seol.
.--con su mano izquierda sujeta la cruz, mostrando que ésa es la verdadera llave capaz de abolir el poder y el estado de la muerte, y abrir el paraíso y la gloria ",

.--Sus pies muestran las señales de los clavos que sólo un día antes le sujetaban a la cruz.

El cuadro

.--En la parte superior de la imagen, hay dos ángeles sosteniendo en sus manos los símbolos de la Pasión. Como señal de respeto, las manos están cubiertas con sendos paños.

.--A la izquierda se muestran los reyes y profetas del Antiguo Testamento: David, Salomón, Moisés, y más. Algunos están dotados de aureolas que indican que se trata de santos. Las manos que le señalan están significando que le reconocen como el  Redentor esperado. cuando bajó al infierno. .y preparó su sermón para encontrar una respuesta a las almas de los caídos.

.--En el cuarto inferior de la imagen el suelo del Hades aparece roto dejando ver el “fondo de la tierra” y los “tesoros del Hades”: los candados y grilletes, clavos y cerraduras, con los que han sujetado a los justos a los que Cristo viene a rescatar.

Es el "fondo de la tierra", "los tesoros del Hades", donde el Señor bajó para declarar la salvación "por los siglos de los siglos".

.--En este suelo, en su parte central, la muerte está representada por un anciano encadenado. Está atado por ángeles con los mismos lazos con los que la raza humana estaba atada y subyugada.

.--La esquina inferior derecha aparece ocupada por una Eva que extiende sus manos suplicantes para ser salvada como Adán.

 

6. Reflexión teológica

“Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe" (1Co 15,14). Así de contundente se muestra san Pablo, indicando que el hecho de la resurrección es la roca sobre la que se asienta la salvación traída por Cristo, según la voluntad del Padre. 

En especial, se hacía necesario sanar la más notable y definitiva de esas consecuencias:  la muerte, su dominio ineludible sobre la creación, la corrupción inevitable y universal del cuerpo, el fin de la vida.

El poder de la muerte radica en su autonomía, en su acción independiente de cualquier influjo o componenda. Llega sin condiciones ajenas a ella misma. Pero Cristo, que ha asumido todo lo humano, ha asumido también su muerte o, mejor dicho, asume la muerte que entró en el mundo por el pecado. La muerte de Cristo no puede ser el débito de un pecado que Él no ha padecido, no es la consecuencia de una fugacidad inherente a todo lo creado tras el pecado de Adán. Es una “muerte voluntaria”,  una entrega libre de la propia vida ofrecida a Dios como reparación de aquella ofensa inicial: es un hombre nuevo para una humanidad nueva.

En su abandono total en manos del Padre, en su sacrificio por los pecados del mundo, no sólo ofrece su muerte, sino también la muerte misma, que persigue a la humanidad como la gran victoria de Satanás sobre Adán. Y, por ello, al morir en la cruz muere con él la propia realidad de la muerte, la consecuencia terrible de un pecado ya redimido.

Por eso, muerta la muerte, “Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio”, (Hch 2, 24) y su alma vuelve a unirse por la acción del Padre “que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria” (1Pe 1, 21). Ver este triunfo final de Cristo es lo que hace exclamar a Pablo “Muerte, ¿dónde está tu victoria?”.

La aceptación por el Padre de esta entrega sacrificial voluntaria genera una  nueva alianza y como consecuencia la “muerte de la muerte”,  y se hace realidad la oración sacerdotal de Cristo: “Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.” (Jn 17, 4s).  

Sin embargo, una vez reconocida la centralidad de la resurrección en el mensaje cristiano, las Iglesias Ortodoxa y Católica tienen distintas maneras de entender la salvación llevada a cabo en la cruz:

 

6.1.-En la Iglesia Ortodoxa

Para la Iglesia Ortodoxa, la encarnación del Verbo divino persigue restaurar al hombre a la situación anterior al pecado de Adán, recuperar la imagen y semejanza con Dios perdida en el Edén, y busca como meta de la vida la divinización del hombre hecha posible por la humanización del Verbo.

Es la doble promesa de la Alianza Nueva, eliminar el pecado, como aspecto negativo de la promesa, e implantar un nuevo corazón, según la profecía de Ezequiel, como aspecto positivo.

”Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne" (Ez 36, 25-27).

Como consecuencia, Oriente ha expresado en sus iconos la necesaria relación que hay entre la redención y liberación de las consecuencias que el pecado de Adán trajo sobre la humanidad, y el Descenso a los Infiernos de Cristo. Y, simultáneamente, las consecuencias de esa liberación sobre todos y cada uno de los hombres y mujeres, desde Adán y Eva, hasta la última pareja de la historia por venir.

 

6.2.-En la Iglesia Católica,

Para la Iglesia Católica, el Hijo se hace hombre para redimir a la humanidad como nuevo Adán y satisfacer al Padre por la ofensa del pecado original. Pone el énfasis en la búsqueda personal de la santidad.

La disputa con el pelagianismo hizo que desde san Agustín, el aspecto negativo de liberación del pecado original siempre haya prevalecido sobre aquél positivo del don del Espíritu Santo.

En Occidente, la necesaria dimensión temporal del hombre obligó a pensar el misterio de la muerte y resurrección de Cristo en términos procesuales, como si la secuencia del  Credo: ... "Creo en Jesucristo...

que padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado,
muerto y
sepultado;
descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso”.

fijase los acontecimientos de aquellos días como hechos sucesivos, sujetos al paso del tiempo y de las horas... 

 

No ha sido así, ni podemos conocer cómo se produjo el evento más extraordinario de la historia. La Iglesia Oriental no lo refleja directamente en su iconografía y la Católica canta en su Pregón Pascual: ¡Oh noche maravillosa, tú sola conociste la hora  en que Cristo resucitó! 
mientras su arte refleja, con mayor o menor profusión, cada una de estas etapas, como si hubiesen sido recorridas sucesivamente aquella noche maravillosa.

 

7. Oración 

iconos de la resurrección

Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.

 

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

iconos de la resurrección

Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

 

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.

¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por rnedio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

iconos de la resurrección

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.

Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén.

 

 

8. Galería

 
 

9. Apéndice bíblico

 

9.1.-Antiguo Testamento

Jer.  23: 5, 5

Mirad que llegan días —oráculo del Señor— | en que daré a David un vástago legítimo: | reinará como monarca prudente, | con justicia y derecho en la tierra

Mic.  5: 2 ,

Miq5 1 Y tú, Belén Efratá, | pequeña entre los clanes de Judá, | de ti voy a sacar | al que ha de gobernar Israel; | sus orígenes son de antaño, | de tiempos inmemoriales

Mal.  3: 1 .

1 Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí. De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando, dice el Señor del universo.

Dan.  7:13 , 14 .

13 Seguí mirando. Y en mi visión nocturna | vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo*. | Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.

14 A él se le dio poder, honor y reino. | Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo

sirvieron. | Su poder es un poder eterno, no cesará. | Su reino no acabará.

 

Como prototipo de su futura resurrección, Cristo dice que "no habrá otra señal que la señal del profeta Jonás , ya que Jonás estuvo en el vientre de la ballena durante tres días y tres noches, así que el Hijo del Hombre estará en el corazón de la tierra tres días y tres noches "

Mt 12,39s.

39 Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. 40 Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. 41

 

 

9.2.-Los cuatro evangelios

Mateo,  28

1 Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. 2 Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. 3 Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; 4 los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. 5 El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. 6 No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía 7 e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado». 8 Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.

9 De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. 10 Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

11 Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. 12 Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, 13 encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. 14 Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros». 15 Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Evangelio de Marcos,  16

1 Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. 2 Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. 3 Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?». 4 Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande. 5 Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas. Él les dijo: 6 «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron. 7 Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”». 8 Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían.

9 Resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 10 Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. 11 Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

12 Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. 13 También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

14 Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. 15 Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. 17 A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18 cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

19 Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20 Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Lucas,  24

1 El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. 2 Encontraron corrida la piedra del sepulcro. 3 Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. 5 Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, 7 cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar». 8 Y recordaron sus palabras. 9 Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás.

10 Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles. 11 Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. 12 Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los lienzos. Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido.

Juan,  20

Jn20 1 El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 2 Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». 3 Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. 4 Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; 5 e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. 6 Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos 7 y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9 Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 10 Los dos discípulos se volvieron a casa.

11 Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro 12 y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. 13 Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». 14 Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». 16 Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». 17 Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». 18 María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

 

9.3.-Epístolas de san Pablo

En las epístolas del apóstol Pablo, el tema de la resurrección de Cristo se revela con gran profundidad teológica:

  • 1 Cor. 5: 7;"Nuestra Pascua, Cristo, es asesinada por nosotros"
  • Col  2:12  “Habiendo sido enterrado con Él en el bautismo, en Él también has resucitado por la fe en el poder de Dios, que lo resucitó de los muertos"
  • Rom. 6: 3-5  “Entonces fuimos sepultados con Él por el bautismo de muerte, para que así como Cristo fue resucitado de la muerte por la gloria del Padre, así podamos caminar en una vida nueva. Porque si estamos unidos con Él en la semejanza de su muerte, debemos estar unidos en la semejanza de la resurrección.”
  • 2 Cor. 5: 14-17 “Porque el amor de Cristo nos abraza, razonando de la siguiente manera: si uno murió por todos, entonces todos murieron. Y Cristo murió por todos, para que aquellos que viven ya no vivan para sí mismos, sino para los difuntos por ellos y resucitados. ... Así que quien está en Cristo es una nueva criatura; lo viejo ha pasado, ahora todo es nuevo
  • 1 Cor.15: 4 , 12-14 , 22-23  “Fue enterrado y resucitó al tercer día, según las Escrituras ... Si se predica acerca de Cristo que resucitó de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, entonces Cristo no resucitó; pero si Cristo no ha resucitado, entonces nuestra predicación es inútil, inútil, y tu fe ... Como todos en Adán mueren, así en Cristo todos volverán a la vida, cada uno en su propio orden: el Cristo primogénito, luego Cristo, en su venida”