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La dormición y asunción de la Virgen María

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La dimensión antropológica de la Asunción es evidente y llena de esperanza. El cuerpo yerto de la Virgen, suavemente orientado hacia lo alto, nos habla de la verdad de una muerte real pero abierta a la vida, por lo tanto de una dormición.

La Virgen, acogida por Jesús como niña, es el símbolo de la humanidad nueva, de la nueva creación, esperanza de una pascua del universo, de los cielos nuevos y de la tierra nueva. María es tierra pascual, paraíso glorificado, carne transformada, inmortalidad prometida a todos los que en Cristo se dejarán transformar en humanidad nueva ya aquí en la tierra.

María, gloriosamente asunta al cielo, la primera persona humana que accede plenamente a la salvación traída por Cristo, se convierte para toda la Iglesia que la celebra en Aquella que intercede ante su Hijo, como intercedió por aquellos novios de Caná.

En la celebración de la Dormición, María se convierte así en prototipo, es decir, en modelo, de la salvación para la Iglesia y para cada uno de los cristianos.

María, la Madre de Dios, junto al Verbo encarnado, junto al misterio de la Iglesia, junto al misterio del hombre. El hombre atormentado y perdido conducido por María al puerto que es Cristo mismo; el hombre, objeto de la misericordia divina por medio de la Madre de Dios; el hombre alegrado por Aquella que engendra a Aquél que es la alegría del mundo, Cristo.

 

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1.-Introducción

Desde toda la eternidad, Dios eligió a María, la doncella de Nazaret, para ser la madre de su hijo, el instrumento de su Encarnación. Esta unión con Jesús informa la vida de María desde su concepción hasta su muerte. Es dable pensar que si en el Calvario se unió al sacrificio de su hijo –la espada de dolor que profetizó Simeón-, de forma semejante se uniría a su Hijo en el tránsito final. 

No se encuentra en el Nuevo Testamento testimonio alguno de cómo fueron los últimos días de la Virgen María. El Evangelio nada dice sobre la vida terrena de la Madre de Dios después de la Ascensión del Salvador. Ésta debió trascurrir en Judea hasta la guerra judía –en la que tuvo lugar la destrucción del Templo, en el año 70-, pues sabemos que hasta esas fechas estuvo Juan, el discípulo que cuidó de la madre de Jesús, sin salir hacia Asia. 

Parece seguro que la Madre de Dios murió en Jerusalén y fue enterrada en Getsemaní.

Pero si no hay fuentes escritas, la Tradición suplió cumplidamente esta laguna. La fe de los primeros cristianos fue trasmitiendo la experiencia de los apóstoles, creando numerosas “historias apócrifas”, y, posteriormente, las catequesis y homilías de los santos Padres fueron dando contenido teológico a los misterios de la vida final de María en la tierra. Cabe destacar "La Palabra de Juan el Teólogo sobre la Asunción de la Virgen" y “las tres Homilías de San Juan de Damasco” (el siglo VIII) como fuentes de la inspiración iconográfica más antigua sobre la muerte de la Virgen.

Por lo tanto, el final terrenal de María sigue siendo un misterio para la mente humana. Como en el “Tantum ergo”, debemos decir: “Præstet fides suppleméntum, Sénsuum deféctui” (que la fe supla el defecto de los sentidos), porque estos momentos últimos de María ya no pertenece a la historia de este mundo, son de la historia de la salvación,

La Iglesia ha iluminado parcialmente este misterio con la definición dogmática de 1950. Una definición que no habla de las circunstancias pormenorizadas de la partida de María de este mundo, pero afirma la verdad principal de la Asunción, la verdad de la fe de los primeros siglos. Este icono debido a Theófanes de Creta, refleja bastante bien la fe del pueblo cristiano en esta verdad que, poco a poco, se ha ido revelando por la acción del Espíritu Santo, hasta llegar al año 1950, en el que Pio XII suscribió que:

“después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste” (Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, 44).

 

2. Los apócrifos

El momento de la transición de la Virgen a la eternidad no se describe en el Evangelio. Los detalles de este evento nos son conocidos por la Tradición y varias fuentes apócrifas.

Con razón podríamos extrañarnos de que la muerte de la Virgen y su Asunción pasaran desapercibidas para quienes la rodeaban. Este enigma se explica probablemente por los acontecimientos históricos, cuando durante el primer asedio de Jerusalén (60-70), los cristianos huyeron más allá del Jordán, hasta una pequeña ciudad de Decápolis llamada Pella. Allí permanecieron durante años, separados del resto del cristianismo. Al regresar, encontraron a Jerusalén completamente destruida y nuevamente se vieron obligados a abandonarlo durante la revuelta de Barkobéba, en el año 139. Luego se construyó una nueva ciudad bajo el emperador Adriano y se llamó Aelia Capitolina. Sin embargo, el acceso a esta región estaba prohibido a cualquier judío. Todos estos eventos contribuyeron a que la gente olvidara lo que había sucedido en Pella, 60 años antes.

Que los relatos populares y las tradiciones existentes se basan en un hecho cierto se conjetura por la unanimidad de los mismos. La glorificación de María es un acontecimiento metahistórico y por sí mismo escapa a todo testimonio humano, solo accesible por la fe y la reflexión teológica. 

Estos relatos incluyen la leyenda de la Asunción de María, que aparece relativamente tarde, entre los siglos IV y V. Esta leyenda apócrifa es rica en simbolismo religioso, haciendo que sea el Arcángel Gabriel, que trajo la buena noticia del inminente nacimiento de Jesús, quien anunciara ahora a María su inminente Asunción. Así, con una historia paralela a la Anunciación marca el comienzo de una nueva vida, un nuevo nacimiento para la propia María.

Pero, al mismo tiempo que realiza esa bella analogía, no duda en contar sucesos milagrosos fantásticos. Para excitar la imaginación de los creyentes de las clases incultas recurre a contar sucesos absolutamente increíbles, como decir que el sol y la luna comparecieron frente a la casa de María , para mostrar el aprecio sin parangón y el lugar de María al lado de Dios tras su Dormición y Ascensión al cielo.

Una idea constante en los apócrifos es la presencia de todos los apóstoles en la muerte de María, haciendo, incluso, que los apóstoles fallecidos cobren vida temporalmente para despedirse de María y presenciar el milagro de su partida de la vida terrena. 

En Occidente se crearon diversas leyendas sobre la muerte de María, provenientes de diferentes traducciones de las existentes en lengua griega. Una diferencia significativa en la versión latina es la historia de que el apóstol Tomás llegó tarde al entierro de María, y pidió a sus compañeros que abrieran su tumba para poder verla por ultima vez y llorar su muerte. Abierta la tumba, se encontró vacía, tal como pide una historia, en todo paralela con las narraciones del Evangelio sobre la tumba vacía de Jesús, que quiere enfatizar la conexión especial entre María y Jesús.

Estas leyendas sobre la Dormición y la Asunción de la Virgen María tardaron en pasar a ser parte de la tradición eclesiástica, aunque se sabe que la fiesta de la Dormición de la Virgen se estableció como universal en el siglo VI. 

En común, los diferentes relatos coinciden en señalar que el arcángel Gabriel advirtió a la Virgen que, pasados tres días, su Hijo la llevaría consigo. La Santísima Virgen, que esperaba con ansia esta noticia, ya estaba lista para ir a la eternidad, y usó los tres días anunciados para despedirse de todos los amigos más queridos. Cuando se hizo evidente que no podría ver a algunos de los apóstoles de su Hijo (por ejemplo, a los apóstoles que estaban predicando en las partes más alejadas del Imperio Romano) porque tres días no eran suficientes para reunirlos a todos, la Madre de Dios pidió ayuda a Jesús. El Señor respondió a las oraciones maternas enviando ángeles a todas las regiones donde estaban los apóstoles, que los llevaron en medio de las nubes a Jerusalén.
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Siglo XIII, mosaico, Santa Maria Maggiore, Roma

Cuando llegó el día señalado para el fallecimiento, María yacía tranquilamente en su cama, brillando su rostro con tranquila alegría. A su alrededor estaban reunidas las personas más cercanas. De repente, una luz indescriptible brilló en la cámara. Por el techo del aposento que estaba abierto Cristo mismo, rodeado de fuerzas celestiales, se estaba acercando a su Madre. El alma de María se separó del cuerpo y se dirigió a las manos del Salvador, quien la apretó contra Él. Mientras, en la cama quedaba el cuerpo que lucía una tranquilidad y serenidad llamativas, como si la Virgen estuviera durmiendo tranquilamente.
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La Madre de Dios fue enterrada en la tumba donde sus padres Joaquín y Ana, así como su esposo José, habían sido enterrados antes. Mientras el cuerpo de la Virgen María era llevado solemnemente por Jerusalén las autoridades religiosas judías decidieron dispersar la procesión. Pero, entonces, los cristianos que escoltaban a la Virgen María en su último viaje fueron rodeados por una nube y ocultados a los perseguidores, de manera que los soldados enviados por los sacerdotes no pudieron hacerles daño. 

En medio del desfile del cortejo, un fanático judío llamado Jefonías intentó derribar el féretro, pero al tocar el carro funerario un ángel del Señor, con el gran poder de una espada de fuego, le cortó los dos brazos desde los hombros y los hizo colgar alrededor del lecho, levantadas en el aire. Jefonías, arrepentido de su descaro, caminó detrás del lecho gritando: "Santa María, que diste a luz a Cristo, que es Dios, ten piedad de mí". Entonces Pedro se volvió y le dijo: "En el nombre de Aquél que nació de ella, los brazos que te han sido cortados volverán a ti". E inmediatamente, a las palabras de Pedro, recobró los brazos.

A todo esto, el apóstol Tomás no había participado en la procesión porque el Señor específicamente dispuso que llegara tarde. Llegó a Jerusalén tres días después del funeral. Triste porque nunca volvería a ver a la Virgen María, comenzó a pedir a sus compañeros apóstoles que le dieran la oportunidad de despedirse del cuerpo. Acordaron que así fuese, pero cuando abrieron la tumba contemplaron estupefactos que no había ningún cuerpo en la cueva, sólo estaban las sábanas funerarias en el nicho, de donde salía una fragancia celestial. Los apóstoles estaban consternados y regresaron a casa, perplejos y rezando a Dios para que les dijera dónde buscar el cuerpo desaparecido. Y ese mismo día, en la noche, mientras cenaban los Apóstoles, se apareció la Madre de Dios rodeada de ángeles y los saludó con las palabras: "¡Alegraos! Porque estaré con vosotros todos los días".

3. La leyenda dorada

LA LEYENDA DORADA, esa obra monumental del s. XIII que recoge la hagiografía de cada día del año, dedica numerosas páginas al evento principal del día 15 de agosto, que la Iglesia Católica celebra con la festividad de la Asunción de la Virgen y la Iglesia Ortodoxa con la Dormición de la Virgen.

No siendo posible, ni la trascripción completa del artículo, ni la ignorancia de su existencia, nos limitamos a recoger los párrafos que nos han parecido más bellos dedicados a nuestra Madre, sin más atrevimiento que su presentación, con objeto de hacerla más fácilmente legible:
 
LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA.
Subió Cristo nuestro Salvador al cielo, y dejó a su benditísima Madre y Señora nuestra en la tierra : no la llevó consigo; porque así convenía a toda la Iglesia, que no quedara como huérfana de padre y madre, y muy desconsolada y afligida, si simultáneamente perdiera la presencia corporal de su Padre y maestro y de su Madre y abogada.
 
Dejóla, para que como luna en ausencia del sol alumbrase este hemisferio
 
Dejóla para ejemplo de todos los fíeles, para que enseñase a los apóstoles, instruyese a los evangelistas, esforzase a los mártires, alentase a los confesores, encendiese en el amor de la pureza a las vírgenes, Y finalmente, para que como un prodigio divino resplandeciese en el mundo. 
 
Dejóla para que con el ejercicio de sus admirables virtudes creciesen más sus merecimientos, y la corona de su gloria fuese también mayor, cuanto había sido más encendida su caridad, más duras sus peleas, y más colmada la medida de sus trabajos y victorias.
 
Dejóla para aparejarle el lugar que había de tener en el cielo, y salió' él mismo a recibirla, acompañado de toda la corte celestial, para que la fiesta y solemnidad de su recibimiento y entrada en el cielo fuese más solemne y regocijada con la presencia del Señor, que salía al encuentro de su gloriosa Madre, para ensalzarla y colocarla sobre todos los coros de los ángeles: 
 
Hoy hizo esto el Señor con su dulcísima Madre, llevándola en cuerpo y alma al cielo, y sentándola en un trono por si sobre todos los coros de los ángeles, y sobre todos los santos, como Madre suya, y Reina y Señora de todo lo criado: y por esta gloria tan encumbrada de la Virgen se llama esta fiesta especialmente: «Día de nuestra Señora».
 
Verdad es, que hoy celebramos en un día tres fiestas de nuestra Señora debajo del título de la Asunción:
 
1. .-una es la de su felicísimo tránsito, cuando su bendita alma, dejando el cuerpo en la tierra, voló a! cielo: 
 
2. .-otra es, cuando poco después se juntó y se reunió la misma alma con el cuerpo, y con inefable gloria subió al cielo
 
3. .-la tercera es de su coronación por Reina de los ángeles y Señora del universo; 

 
 

3.1.- Su felicísimo tránsito.

Asuncion-de-la-Santisima-Virgen-Maria. Athos-monasterio-Pantokrator-Fragmento-del-iconoOyó el Hijo los piadosos ruegos de su Madre, y envióle un ángel con la nueva de su muerte, y con una palma, en señal de la perfecta victoria que había alcanzado del pecado, del demonio y de la misma muerte. 
 
No se puede fácilmente creer el júbilo que tuvo el espíritu de la Virgen con tan alegre nueva, por ver que se cumplía lo que tanto deseaba. Mandó aparejar muchas velas, limpiar y aderezar el aposento, componer su pobre cama, para hacer fiesta y aparejarse a la muerte, y a recibir en ella la visita del Autor de la vida. 
 
Fue muy conveniente que ella delante de mucha gente espirase, y fuese amortajada y enterrada para deshacer el error de los que la tuvieran por ángel, o por ventura por Dios, si no muriera. También convino esto para mayor merecimiento y corona de la Virgen : porque no se puede negar, sino que la muerte aceptada con paciencia y resignación en la divina voluntad, es muy meritoria delante de Dios : y por esto se dice, que la muerte de los santos es preciosa en los ojos del Señor; porque es de gran precio : y mucho más lo fue la de esta Señora, que así como venció a todos los santos en las demás virtudes, así también en esta resignación. 
 
Luego que se supo en Jerusalén la nueva que la Virgen había tenido del cielo, y se derramó por aquella comarca entre los cristiano», vinieron muchos de ellos, y se juntaron en la casa de la Virgen, que era en un apartado de la casa de la madre de san Juan. 
 
Había la Virgen deseado ver en esta hora a los sagrados apóstoles, que a la sazón vivían y andaban predicando las victorias y gloria de su Hijo por el mundo, y echarles su bendición antes de salir de él: y el Señor, a quien todas las cosos están sujetas y obedecen, por ministerio de ángeles ó de otra manera, se los trajo para consuelo de ella y de los mismos apóstoles que se hallaron presentes, y con ellos otros varones apostólicos, como Hieroteo, Timoteo y Dionisio Areopagita, que así lo escribe él mismo, y otros graves autores.
 
Increíble fue la alegría de la Virgen cuando vio en su presencia aquella dichosa y santa compañía; y después de haber hecho gracia a su precioso Hijo por haberla regalado con ella, volviéndose a ellos con rostro blando, y con un semblante del cielo, les dijo el deseo que ella había tenido de partirse de esta vida, y que el mismo habían tenido los espíritus angélicos de verla a ella en el cielo: y que Dios se lo había concedido; y que para esto los había traído de diferentes partes. Todos se enternecieron con estas nuevas, aunque le dieron el parabién de su gloria y bienaventuranza, y encendieron las velas; y la Virgen sacratísima se recosió en su humilde cama, y mirándolos a todos con su aspecto más divino que humano, les mandó que se acercasen y les echó su bendición, suplicando a su Hijo, que él la confirmase. Todos lloraban y derramaban ríos de lágrimas por la ausencia de tal Madre, y por ver que se les ponía aquel sol que alumbraba el mundo: más ella los consolaba y decía: Quedaos con Dios, hijos míos muy amados: no lloréis porque os dejo; sino alegraos, porque voy a mi querido. 
 
¿Quién podría aquí dignamente explicar la suavidad y ternura con que el Hijo recibió la alma de la Madre, y las caricias y favores con que la llevó al cielo, y las alabanzas, fiestas y alegrías con que fue recibida por toda la corte celestial, como Madre de su Señor y Señora de todos?
 
Mas al mismo tiempo que expiró la Virgen, los mismos ángeles que acompañaban su benditísima alma al cielo, y otros que quedaron con su sagrado cuerpo, hicieron sonar en la tierra una música celestial y divina, que fue oída de los que allí estaban presentes. 
 
Pero cantaron los ángeles, y lloraron los hombres, y los apóstoles y discípulos del Señor se deshacían en lágrimas cuando vieron sin duda aquel cuerpo del cual había tomado carne nuestra Vida, y obrado, y padecido en ella por nosotros tantos tormentos y penas.
 
Arrojándose al suelo, besáronle [el cuerpo de la Virgen], regáronle con sus lágrimas, adoráronle, ungiéronle con preciosos ungüentos, y envolviéronle con una limpia sábana. Cantaron himnos de alabanza al Señor, y esparcieron flores y suaves olores, mas la fragancia que salía del cuerpo de la Virgen sacratísima era tan grande, que ningún otro olor se le podía comparar. 
 
Sanaron muchos enfermos de varias dolencias, e hizo Dios otros milagros en su entierro, que por haberlos escrito en su vida, no los quiero repetir aquí, ni lo demás que toca a las exequias y sepultura de la Virgen en Getsemaní, 
 

3.2.- La Virgen en cuerpo y en alma subió a los cielos

Asuncion-de-la-Santisima-Virgen-Maria_Galeria-Estatal-Tretyakov_ Moscu_Siglo XVPuesto, pues, el cuerpo purísimo de la Virgen en el sepulcro, cantaron los ángeles; y los apóstoles, alabando juntamente con ellos al Señor, se quedaron al derredor del sepulcro tres días, como trasportados y arrobados en Dios.
 
Al cabo de tres días llegó allí santo Tomás, apóstol que no se había hallado a la muerte de la Virgen, y con grande instancia y sentimiento pidió a los demás apóstoles se abriese el sepulcro, para que él también viese y reverenciase el santo cuerpo, pues no había merecido venir antes y verle, ordenándolo Dios así para que con esta ocasión se descubriese la gloria de la Virgen. Porque abriéndose el sepulcro, no se halló en él el sagrado cuerpo, sino solamente los lienzos y la sábana en que había sido envuelto, y con ello entendieron que había resucitado, y tornando a cerrar el sepulcro, del cual salía un olor celestial, se volvieron a la ciudad llenos de incomparable gozo, teniendo por cosa ciertísima, que la Reina de los ángeles y Señora nuestra, ya estaba en el cielo en cuerpo y alma gozando de la cara y bienaventurada presencia de su Hijo.
 
No pudo aquel cuerpo purísimo de la Virgen ser comido de tierra, ni de los gusanos; porque era conveniente, que como viva arca del Testamento, no fuese carcomida, ni padeciese corrupción. 
 
y así dice san Agustín : « Aquella purísima carne, de donde tomó carne el Hijo de Dios, creer que fue entregada a los gusanos para que la comiesen, como no lo puedo creer, así no lo oso decir.» (Y añade):
 
Y si Cristo nuestro Señor dijo, que el que le ministrase y sirviese estaría en el mismo lugar donde él estaba, muy justo fue que la que le había servido y ministrado no como los otros, sino por otra más excelente manera (vistiéndose de su carne, sustentándole con su leche, criándole con su solicitud, acompañándole en sus huidas y temores, y padeciendo mil martirios atravesada de dolor al pie de la cruz), estuviese con un modo singular y extraordinario donde estaba su Hijo que en cuerpo y en alma reinase con él, pues toda la honra de la Madre es honra del Hijo, y ninguna honra que el Hijo a tal Madre puede dar se lo debe negar. 
 
La manera con que resucitó el cuerpo de la Virgen santísima, y de nuevo se unió con su alma ya bienaventurada, no lo dice la sagrada Escritura, como tampoco lo demás que aquí queda referido, mas por lo que escriben algunos graves autores, podemos creer que a los tres días después de su glorioso tránsito (aunque algunos ponen más, y otros menos tiempo), para que en todo se pareciese a su unigénito Hijo que estuvo tres días en el sepulcro, el mismo Hijo vino del cielo acompañado de innumerables ángeles, y del alma de la Virgen, y bajó al sepulcro, y dio vida al cuerpo muerto, y le volvió a juntar con aquella alma gloriosa, 
 
Fue presentada por el Hijo delante del Padre eterno, recibida de él, como Esposa dulcísima y templo suyo, y coronada de gloria, y constituida Emperatriz del universo y Reina soberana de todas las criaturas.

 

3.3.- Coronación por Reina de los ángeles y Señora del universo

Coronacion-de-la-Virgen-(llamada-Madonna-de-Monteluce)_Giulio-Romano-y-Giovan-Francesco-Penni_museo-del-VaticanoSentóse como otra Betbsabé madre de Salomón, en una silla al lado de su Hijo sobre todos los coros y jerarquías de los celestiales espíritus y de todos los santos. Aquí vinieron aquellos divinos cortesanos a hacer reverencia, y dar la obediencia a su Reina y Señora, admirándose de su belleza, de su gracia y de su santidad, y que una pura criatura estuviese tan reluciente, y tan vestida del sol do justicia y de su inmensa claridad, que oscureciese con ella a todos los demás santos, y estuviese tan encumbrada y tan levantada sobre todos, que apenas la podían ver, y maravillados de la grande novedad y gloria decían: ¿Quién es esta que sube del desierto llena de deleites y recostada sobre su amado? 

Otros considerando el olor suavísimo do sus virtudes decían: ¿Quién es esta que sube como una vara delgada de humo de mirra e incienso, y de todos los polvos olorosos, que son todas las virtudes? 
 
Otros maravillados de su resplandor y hermosura decían: ¿Quién es esta que sube a lo alto como la luz de la mañana, cuando comienza a esclarecer: hermosa como la luna, escogida como el sol y terrible como los escuadrones de los ejércitos bien ordenados? 
 
Espantábanse los serafines, viéndola tan abrasada y encendida en amor de Dios, que a ellos mismos los inflamaba, y en su comparación eran fríos. Admirábanse los querubines cuando la consideraban tan llena de luz y de sabiduría, que los enseñaba a ellos, y delante de ella parecían niños e ignorantes. Los tronos estaban absortos, contemplando como en aquella arca viva reposaba la santísima Trinidad, mucho más perfectamente que en ellos.
 
Así dice el seráfico doctor san Buenaventura:
«Admirable privilegio de la gloria de María, es que todo lo que después de Dios es lo más hermoso, más dulce, más alegre en aquella gloria de los bienaventurados, todo esto es de María: todo está en María y todo les viene por María.» 
 
De esta manera fue recibida y llevada esta Señora a aquel trono que Dios le tenía aparejado; y en cierta manera, como dice el cardenal Pedro Damián, fue este recibimiento de la Virgen más solemne e ilustre, que el que hizo a su Hijo cuando subió a los cielos.Porque entonces los ángeles salieron al encuentro, y recibieron al Señor de la majestad como triunfador de la muerte; y a su Madre dulcísima la recibieron todos los ángeles y santos que estaban en el cielo, y  su mismo Hijo (que es el Santo de todos los santos) Ja acompañó y presentó a Ja santísima Trinidad, y la asentó en su trono.
 
La Virgen tiene más gloria que todos los ángeles y todos los santos juntos, de manera que si toda la gloria de ellos se juntase y amontonase, y como se fundiese o hiciese una, y se pusiese en una balanza, y en otra la gloria sola de la Virgen, dicen que pesaría la de ella sola más que la otra de todos los santos juntos. En confirmación de esta probable opinión dice el devoto capellán de nuestra Señora san Ildefonso estas palabras; «Así como lo que hizo la Virgen es incomparable, y lo que recibió inefable; así es incomprensible el premio de la gloria que mereció:» y san Bernardo: «Tanta es la gloria singular que tiene en el cielo, cuanta fue la gracia que sobre todos tuvo en la tierra». 
 
¿Quién duda que se le dio más gracia, y por consiguiente mayor gloria, que a todos? Porque el amor de Dios no es ocioso ni de cumplimiento, como el de-los hombres, sino que a quien más ama, hace más bien, y a la medida de su amor es la gracia: a la cual siempre corresponde igual grado de gloria: ¿quién duda, sino que se debe más amor y honra a la madre sola que a todos los criados juntos? ¿ Y que el que más ama a Dios es más santo y más amado de Dios?¿ Y que la Virgen santísima amó más a su precioso Hijo, que a todos los santos, y que (como dice san Anselmo) fue cosa conveniente que resplandeciese con una pureza tal, que debajo de Dios no se pueda entender otra mayor? Y no fuera tal esta pureza y santidad de la Virgen, si no sobrepujara la de todos los santos, y de una manera, que no se puede entender otra mayor.
 
Pero una de las razones, que arriba tocamos del tránsito de la Virgen de esta vida temporal a la eterna, es la que dice la Iglesia en una oración :
«Para que con grande «confianza interceda por nosotros.» 
 
No quiere decir la iglesia que si la Virgen estuviera en la tierra no intercediera por nosotros, ni fuera nuestra abogada, sino que para poderlo hacer con mayor confianza nuestra, subió a los cielos; para que nosotros entendamos que está donde ve en Dios todas nuestras necesidades, y oye nuestros clamores y piadosos ruegos, y se compadece de nuestras miserias, y las presentará a su Hijo benditísimo como Madre, y nos envía desde el cielo lodos los bienes
 
No hay estado alguno en la Iglesia de Dios, que no esté debajo de su amparo y protección. La caridad y celo que tuvieron los apóstoles; la fortaleza y constancia de los mártires; la sabiduría y luz de los doctores; la humildad y penitencia de los confesores; la castidad y pureza de las que se consagraron a Dios; y todo el ornato, gracia y gloria de la Iglesia católica, es fruto y obra de su intercesión.
 
Y así dice san Germán, arzobispo de Constantinopla, hablando con la Virgen, estas palabras :
«Ninguno se salva sino por vos, ¡oh Virgen santísima! Ninguno es libre de los males, sino por vos, ¡oh, Virgen purísima! Ninguno hay que reciba dones de Dios, sino por vuestra mano, ¡oh, Virgen castísima! De ninguno tiene Dios misericordia, sino por vos, ¡oh, Virgen benditísima! ¿Quién después de vuestro bendito Dijo tiene tanto cuidado del linaje humano como vos?
 
¿Quién así nos defiende de nuestras tribulaciones? ¿Quién tan presto nos socorre, y nos libra de las tentaciones que nos acosan y persiguen? ¿Quién con sus piadosos ruegos así intercede por los pecadores, y los excusa y les alcanza perdón, y los libra de las penas que por sus pecados merecen? 
 
Por esto recurre a vos el que está afligido, el que se siente agraviado y el que se halla angustiado y combatido de las furiosas ondas de este mar tempestuoso, mira a vos, como al norte y estrella rutilante, para que le salvéis y llevéis al puerto". 
 
«Rogad por nos ahora, y en la hora de nuestra muerte.».
 

4.-San Juan Damasceno

Si las loas a María que leemos en La Leyenda Dorada pueden servir como representación de las múltiple obras, apócrifas o no, que recogen leyendas sobre el tránsito de la Virgen, ahora presentamos unas palabras de san Juan Damasceno, seguramente el mayor teólogo de su tiempo, como representante de la producción teológica primera defendiendo el misterio de la Asunción de María.
 
“Era necesario que la que recibió la Palabra de Dios en su seno ella misma habitara en los divinos tabernáculos de su Hijo; y así como el Señor dijo que “debería estar en lo que es del Padre” ( Lucas 2, 49 ), así la Madre debería haber habitado en los aposentos del Hijo, “en la casa del Señor, en los atrios ... de nuestro Dios” ( Sal. 134: 2 ), porque si en Él está la morada de todos los que se regocijan ( Salmo 86: 5 ), entonces ¿dónde [podría haber] la causa del gozo? Era necesario que Aquel que mantuvo [Su] virginidad inquebrantable al nacer, también mantuviera [Su] cuerpo incorruptible después de la muerte.
 
Era necesario que Aquel que llevaba en brazos al Creador como un bebé viviera en aldeas divinas.
 
Era necesario que la Novia, a quien el Padre había escogido, morara en los salones de bodas celestiales.
 
Era necesario que la que vio a su Hijo en la cruz y llevó en su corazón la espada del sufrimiento ( Lc 2, 35 ), de la que escapó al nacer, lo viera sentado junto al Padre.
 
Era necesario que la Madre de Dios poseyera todo lo que pertenecía al Hijo, y que toda la creación la venerara como Madre y sierva de Dios. Porque la herencia siempre pasa de padres a hijos, pero ahora, como dijo cierto sabio, las fuentes de los ríos sagrados fluyen hacia atrás, porque el Hijo subyugó toda la creación a la Madre”.(San JUAN DAMASCENO, Tres palabras de alabanza a la Dormición de la Madre de Dios, palabra 2ª, 14; en 
(https://azbyka.ru/otechnik/Ioann_Damaskin/tri-pokhvalnykh-slova-na-uspenie-bogomateri/#0_2)
 

5.- La iconografía

Como estamos viendo, nos encontramos ante un tema que no soportado por texto bíblico alguno de apoyo, sino solamente leyendas en una Tradición cristiana que cuenta distintas historias y momentos diferentes en el relato de la Dormición/Asunción de la Virgen. Si este hecho ya complicaría la labor del artista iconógrafo, más difícil se hace aún al considerar que el icono de la Dormición no es solo una representación de las narrativas apócrifas, sino que se alimenta también del contenido de los textos litúrgicos con los que la Iglesia celebra las tradiciones de este evento tan importante en la vida de Nuestra Señora. 

La doble óptica de ver el momento de la muerte de María, ya como Dormición, ya como Asunción –que recuerda también la dobre forma de ver el misterio Pascual, como misterio de la Bajada a los infiernos/Resurrección--  explica la doble iconografía existente del misterio de la Dormición de la Virgen, según examinemos el desarrollo habido en Occidente o en Oriente.
 
La comparación de los iconos de El Greco y de Theófanes de Creta que figuran en esta página habla bien de la doble celebración que el día 15 de agosto trae a las grandes Iglesias cristianas y, a la vez, la distinta sensibilidad que el milagroso tránsito de la Virgen desde la tierra al cielo ha merecido para Oriente y Occidente.

Dormicion_Theofanes-de-Creta v. Asunción_El Greco.Oriente expresa en el icono de la Dormición de la Madre de Dios, de Theófanes de Creta, su comprensión del momento en que Jesucristo viene a hacerse cargo del alma de su madre. Allí, la Iglesia apostólica reunida en torno a María, ve cómo su Señor ha venido a recoger el alma de su madre.
Occidente, a través del icono de El Greco, contempla que la Virgen María aparece gloriosa en el cielo, rodeada de ángeles que la aclaman, en el momento que su Hijo recoge su alma, que abandona su cuerpo. 

 

5.1.-En Occidente

En Occidente, la imagen bizantina de la Dormición experimentó un mayor desarrollo. El motivo inicial de su muerte y el rescate de su alma por Cristo se convirtió en el punto de partida para un ciclo de glorificación de la Madre de Dios que culmina en la escena de la coronación de María. 

En Occidente, la tendencia realista del arte occidental y su propensión a “contemplar” el misterio como un proceso lleva a que la Asunción del alma de María conlleve también la Asunción de su cuerpo, y su resucitación previa, para terminar con su coronación en gloria por Dios Padre.

El siguiente link le dirige a una magnífica exposición del tema de la Asunción de María hecha por pintores occidentales  https://www.youtube.com/watch?v=IX9KPn3jbDk

 

5.2.-En Oriente 

Para la Iglesia Ortodoxa, el esquema de la Dormición se  fija alrededor del siglo XIII, y se así, prácticamente canónico hasta el siglo XV, momento a partir del cual se comienzan a introducir escenas tomadas de los apócrifos. Si el icono de Teóphanes todavía muestra la composición antigua, los iconos del siglo XV y posteriores presentan un considerable enriquecimiento en el número de escenas incorporadas al icono. Así, la escena del profanador acercándose al cuerpo de María; del ángel blandiendo una espada para impedirlo; de los brazos cortados; de los apóstoles trasportados por los ángeles hasta el camerino de la Virgen;de  las multitudes de ángeles en el cielo para acompañar el ascenso de la Virgen;  de la Virgen en gloria situada en la parte superior del icono; etc.

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6.-El icono

 

6.1.-El esquema

Asuncion-de-la-Santisima-Virgen-Maria_Comienzo-del-siglo-XIII_Novgorod_Galeria-TretyakovHay a modo de una gran cruz formada por la figura de Cristo en el eje vertical y una cama cubierta con tela morada sobre la cual descansa el cuerpo puro de la Virgen, formando el eje horizontal. En el centro geométrico del cuadro, detrás de la cama se encuentra la figura de Cristo, que sostiene en sus manos el alma santa de su madre.

El icono no está sujeto a las leyes de la tierra, ni a las dimensiones del espacio o las limitaciones del tiempo: recoge como el artista sabe hacer el misterio de la fe. Quiere presentarnos el mundo celestial, la eternidad. Además, en el icono de la Dormición, las escenas no siguen el orden cronológico, sino que son parte de todo el misterio y revelan sus dimensiones espirituales. Así los Apóstoles aparecen por última vez alrededor de la Madre de Dios. Sus rostros y sus gestos expresan una profunda tristeza porque han perdido a quien también era su Madre.

Todo el cuadro presenta un cierto abigarramiento de figuras y símbolos que intentan recoger el contenido de las tradiciones sobre la Asunción de la Virgen. La figura de Cristo --que se inclina sobre el cuerpo de la Madre y sostiene en sus manos su alma santa (siempre se la representa como un bebé recién nacido envuelto en pañales)--. por su posición central y la rotundidez de su presencia, preside el misterio de salvación que ocurre alrededor del cuerpo de María

Los ángeles vuelan sobre el Salvador y la Virgen, testigos celestiales de este glorioso y triste momento

Las primeras imágenes fueron generalmente concisas y de figura pequeña. Los apóstoles están de pie, a la derecha y a la izquierda de la cama de la Virgen, sus poses y gestos son tristes y transmiten la tristeza general del momento, aunque en algunos iconos vemos a los Apóstoles en el cielo, tomados en las nubes por los ángeles, para presenciar el paso de María y ser testigos de la gloria.

Según la tradición, la Dormición tuvo lugar en la casa de Juan el evangelista, en Jerusalén, en el mismo lugar donde se había producido la efusión de Pentecostés, el Descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles. .

En el siglo XI aparece el denominado “tipo de nube” del icono de la Asunción, en el que, además de la escena de la despedida de los apóstoles a María en su lecho, en la parte superior de la composición se muestra cómo los ángeles los llevan por el cielo hasta el lugar de la Asunción.  Es de este tipo al que pertenece el icono del siglo XIII, notable por sus cualidades artísticas, del Monasterio Desyatin de Novgorod (Galería Estatal Tretyakov, Moscú).

 

6.2.-En la parte superior del icono

, vemos a la Madre de Dios en un halo, llevada al cielo por los ángeles. Ella está vestida con el maphorion, en otros iconos está toda vestida de blanco. El halo está en tonos azul verdoso. Tiene tres círculos, como el halo de Cristo de la Transfiguración: símbolo de la divinidad, de las tres personas de la Trinidad. Por lo tanto, la Virgen entró en el misterio inefable de Aquel a quien se unió durante su existencia. En otros iconos, vemos sobre el halo un segmento del cielo cuyas puertas se abren para recibir a la Madre de Dios.
En algunos iconos, se representa otro detalle interesante: todo el campo libre del icono en su parte superior está cubierto de nubes, en las que se pueden ver figuras de personas y ángeles. De una manera tan inusual, los pintores iconos representan a los apóstoles que no pudieron llegar a tiempo a Jerusalén, y finalmente fueron entregados milagrosamente en las nubes por los ángeles.
 

6.3.-En el centro del icono

En el icono, la Madre de Dios yace en una cama ricamente decorada, vestida con un mophorion, este abrigo cuyo color varía entre marrón y morado. Sus ojos están cerrados, una mano descansa sobre su corazón, la otra está extendida. La cama y el cuerpo forman una línea horizontal, un signo de descanso y la ausencia de vida. María se somete a las leyes de la naturaleza que no eran incompatibles con la majestad con la que estaba vestida, porque su Hijo acordó morir para salvar el mundo. 

Pero la muerte de la Madre de Dios no es solo el final de su humilde existencia terrenal. El momento en que su alma estuvo realmente separada de su cuerpo por un tiempo, que tal vez fue muy corto, este momento fue la culminación de una vida que había sido completamente consagrada a Dios. Entonces ella no sufre la muerte, sino que pone su alma en las manos de su Hijo. Como él, ella muere libremente, voluntariamente. La liturgia bizantina enfatiza este aspecto con gran insistencia.

La mayoría de las veces hay una vela frente a la cama.

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Asunción de la Bienaventurada Virgen María. Monasterio de Stavronikita. Athos (autor: Teófanes de Creta)

En algunos iconos se figura claramente que la escena ocurre en el interior de un edificio, en una habitación. Así, se dibujan siluetas incompletas de columnas, ventanas, arcos, cornisas y otros elementos arquitectónicos. A veces, en lugar de un rico fondo interior, simplemente puedes ver dos pilares y telas colgando sobre ellos, una vela extendida sobre las personas reunidas. En cualquier caso, tanto la tela como otros elementos pueden ser símbolos tanto del espacio cerrado como de los edificios de la ciudad de Jerusalén por los que pasó la procesión fúnebre.

 

6.4.-Los apóstoles

Alrededor de la cama aparecen por última vez junto a la Madre de Dios. Sus rostros y sus gestos expresan una profunda tristeza porque han perdido a quien también era su Madre

El conjunto de los personajes que aparecen alrededor de la Virgen no es fijo. Si lo que contemplamos es un fresco o un icono grande el número de figuras próximas es mayor que si se trata de un pequeño icono. Pero en cualquier caso, Pedro y Juan están presentes en todas las figuraciones. Es muy frecuente ver a Pedro con un incensario en sus manos fumigando la cama de la Virgen con incienso. Juan, inclinado sobre el cuerpo de la Virgen, solloza desconsolado. Junto con los apóstoles, a veces puedes ver a las personas que de alguna manera entraron en contacto con la Virgen. Por ejemplo, Juan Damasceno, enamorado de la Santísima Virgen en sus escritos.

 

6.5.-la figura de Cristo

Detrás del cuerpo de la Madre acostada en la cama, aparece el Hijo de Dios, vestido de luz. su rostro no expresa alegría o ternura por su madre, sino fuerza y determinación. Es el Resucitado quien aparece aquí, el vencedor de la muerte.

Está rodeado por una mandorla, un halo enorme que simboliza la gloria divina. En sus manos hay un niño pequeño envuelto en vendas: Es el alma de la Virgen María, pintado de manera que recuerda al bebé que aparece en el icono de la Natividad. Ahora Él presiona su alma pura contra su pecho. También hay muchos ángeles junto a Cristo, que forman una procesión de gloria que acompaña hasta el Cielo al Rey y a la Reina del universo.

La Dormición de la Virgen se manifiesta como un paso previo a su Resurrección y es un signo eficaz de la Resurrección de la humanidad en el Juicio Final. María es de hecho la primera persona humana en quien se da completamente ya la salvación que nos ha ganado Jesucristo, aquella que esperamos todos tras la próxima venida del Hijo del hombre al fin del mundo.

 

6.6.-La leyenda del profanador

En primer plano del icono, frente a la tumba de la Virgen, vemos a un personaje que levanta los brazos para tocar la tumba. A su derecha aparece el Arcángel Miguel, quien le corta las manos con la espada. En otros iconos, este personaje retrocede, manos marchitas. Así lo expresa San Juan Damasceno:

"Se dice que en el momento en que los portadores del cuerpo bendito de la Madre de Dios comenzaron a descender la ladera de la montaña, un hebreo, esclavo del pecado y atado por un pacto con error ... se arrojó de un Impulso demoníaco en esta residencia divina, cuyos ángeles se acercaron con miedo, agarrando con sus dos manos la cama fúnebre ... ... quería que cayera al suelo. Se dice que fue privado de sus dos manos., y ... de repente mutilado, hasta el momento en que, cediendo a la fe y al arrepentimiento,.. se encontró sano y salvo" (San Juan Damasceno, segunda homilía sobre la Dormición de la Virgen, 13)

En la composición siguiente puede verse cómo a partir del siglo XV aparecen más detalles en el icono y, entre éstos, un testimonio del suceso ocurrido cuando se pretendió profanar el cuerpo de la Virgen.
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Expresa San Juan Damasceno con estas palabras, que la Madre de Dios, la que es "más venerable que los querubines, más gloriosa que los serafines" está bajo la protección del del Altísimo en persona y que no será tocada ni por el mal ni por el odio.

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7.-La gloria de la Madre de Dios

Como podemos ver en el icono de la derecha de la composición anterior, algunos iconos presentan en la parte superior del cuadro a la Madre de Dios en una situación de gloria, normalmente en una mandorla o halo mientras es llevada al cielo por dos ángeles. Unas veces está vestida con el maphorion, y en otras toda vestida de blanco. 

Cuando en el halo tiene tres círculos, simboliza  la divinidad de las tres personas de la Trinidad. El conjunto da a entender que la Virgen entró en el misterio inefable de Aquél a quien dio a luz y, con Él, en el misterio Trinitario.

 

8.-La Fiesta

El 15 de agosto las iglesias Católica y Ortodoxa celebran el misterio de la Asunción/ Dormición de la Santísima Virgen María. Esta fiesta conmemora un doble hecho, tanto la partida (Dormición, una feliz manera de expresar que se trató de un tránsito más parecido al sueño que a la muerte) de María de esta vida, como la gloriosa Asunción de su cuerpo al cielo.

La comparación de los iconos de El Greco y de Teófanes de Creta que figuran en el punto 5 de esta página habla bien de la doble celebración que el día 15 de agosto trae a las grandes iglesias cristianas y, a la vez, la distinta sensibilidad que el milagroso tránsito de la Virgen de esta tierra ha merecido para Oriente y Occidente.

Oriente expresa en el icono de la Dormición de la Madre de Dios, de Teófanes de Creta, su comprensión del momento en que Jesucristo viene a hacerse cargo del alma de su madre. Allí, la Iglesia apostólica reunida en torno a María, ve como su Señor ha venido a recoger el alma de su madre.

Occidente, a través del icono de El Greco, contempla que la Virgen María aparece gloriosa en el cielo, rodeada de ángeles que la aclaman, en el momento que su Hijo recoge el alma que abandona su cuerpo.

En Oriente se celebra desde finales del siglo VI con el nombre de “Dormitio” o “Koimeis”, es precedida por la llamada “pequeña cuaresma de la Madre de Dios”, período de oración y de ayuno que comienza el uno de agosto. En estas dos semanas, mientras se llega al día de la fiesta, por la tarde se celebra el oficio de la Paráklisis (“súplica”, “invocación”, “consolación”), una oración a la Madre de Dios, muy popular y amada por los fieles. El día 14 tiene lugar una pre-fiesta y es seguida por una octava que concluye el día 23.

En Occidente la evolución fue más lenta. La ausencia de fuentes auténticas, junto a la general reserva de los padres latinos con respecto a los libros apócrifos, hace que apenas se registren testimonios sobre la Dormición durante los primeros siglos. Además, pronto pasó a ser llamada la fiesta de la Asunción, pues Occidente consideró este evento, precedido por la resurrección, como el objeto principal de la nueva fiesta, pasando la muerte a un segundo plano

En el siglo IX hay testimonios de dos historias pseudónimas, una atribuida a San Jerónimo, la otra a San Agustín, sobre el significado profundo de los acontecimientos alrededor de la muerte de María. 

El pseudo-Jerónimo, sin negar la resurrección corporal de María, la cuestiona y la presenta como una mera opinión piadosa del pueblo y durante mucho tiempo, la tendencia representada por el Pseudo-Jerónimo tuvo numerosos partidarios El pseudo-Agustín, por el contrario, no puede aceptar que el cuerpo de la Virgen María haya sufrido la corrupción de la tumba, opinión que tuvo una gran influencia en la liturgia. Ya a mediados del siglo XIII, la doctrina de la Asunción corporal se hizo cada vez más firme. Los grandes teólogos escolásticos, como Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura, lo consideran como la fe común de la Iglesia.

Alrededor del siglo XV, la fiesta de la Asunción se celebraba con gran brillantez y jugó un papel importante en la devoción de la gente. Esta devoción mantuvo continuidad hasta los tiempos modernos y condujo en la Iglesia romana a la definición de los dogmas de la Inmaculada Concepción  (definido por el Papa Pío IX en su constitución Ineffabilis Deus, el 8 de diciembre de 1854 ) y la Asunción (Pío XII, Munificentissimus Deus, año 1950), dos misterios estrechamente vinculados. 

9.-La liturgia

Asuncion-Coronacion-de-la-Virgen_RENI-GUIDO_Museo-del-Prado.Ambas realidades son festejadas por las liturgias ortodoxa y católica.

Oriente se fija en la presencia en el icono de todo el colegio apostólico, con Pedro, su cabeza, y Santiago, primer obispo de Jerusalén. Es una bella relación entre la Fiesta, la Ciudad Santa y el Protoevangelio de Santiago, apócrifo en el cual se basa en muchos puntos esta misma Fiesta:
“Cuando te marchaste, oh Madre de Dios, junto a Aquél que de ti nació inefablemente, estaban presentes Santiago, hermano de Dios y primer pontífice, junto a Pedro, venerabilísimo y sumo corifeo de los teólogos, y de todo el coro divino de los apóstoles”. (Tropario de la fiesta). 
 
En la segunda parte del tropario podríamos decir que la acción litúrgica se traslada al cielo y todas las criaturas angélicas son involucradas en la alabanza y en la confesión del misterio de la Redención de Cristo:
“Desde lo alto las santísimás y nobilísimás huestes angélicas miraban con estupor el prodigio y, con la cabeza inclinada, las unas a las otras se gritaban : Alzad los dinteles, himnos de gloria el cuerpo santo y venerable que ha hospedado al Señor que a nosotros no se nos ha dado a contemplar. Y nosotros, festejando tu memoria, a ti gritamos, oh digna de todo canto: Alza la frente de los cristianos y salva nuestras almas”.
 
Occidente, proclama que
"Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte" (Lumen Gentium,59). 
 
En la liturgia eucarística de la fiesta de la Asunción, la Iglesia anuncia, pensando en María:
"Un gran signo apareció en el cielo; una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza" (Antífona de Entrada)
"Dios todopoderoso y eterno, que hiciste subir al cielo en cuerpo y alma a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos vivir en este mundo sin perder de vista los bienes del cielo y con la esperanza de disfrutar eternamente de su gloria". (Prefacio).
 

10.-Reflexión teológica

El icono de la Asunción nos revela una verdad trascendental para el vivir cristiano: que la vida no es un callejón sin salida, ni la muerte un final sin sentido. El ser humano es creado para una vida sin término, eterna, en la que la etapa terrestre es seguida de una nueva realidad vital, más plena, más feliz al lado de Dios a quien verá cara a cara.  

El contraste entre la mitad inferior del icono, que presenta el ambiente doloroso de la despedida a la Virgen, y la mitad superior, donde ésta entra en el cielo portada por su hijo para ser coronada por el Padre, es símbolo de la aventura humana, que en su camino a la gloria celestial debe transitar este valle de lágrimas lleno de tribulaciones, movido por la esperanza de que el tránsito de la Bienaventurada Virgen María es el prototipo de su propio camino.

La fiesta del 15 de agosto presenta a los cristianos el acontecimiento de la muerte como un momento con dos sucesos que se operan simultáneamente, aunque nosotros, hombres que vivimos en un mundo con dimensión temporal, sólo lo podamos imaginar en forma de proceso secuencial. El cristiano sabe que su alma inmortal, creada para vivir eternamente, abandona el cuerpo en el momento de la muerte para pasar al Reino de Cristo donde, al cabo de un tiempo que sólo conoce el Padre, también su cuerpo conocerá la resurrección.

La Dormición/Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos y se coloca claramente en la economía de salvación de Cristo mismo. Como se ve en los iconos, los apóstoles se convierten en celebrantes del misterio de la redención de Cristo por medio del cuidado del cuerpo de Aquella que se convierte en morada de Dios:
“Con himnos teológicos los apóstoles celebraban el divino y extraordinario misterio de la economía del Cristo Dios; y prestando los últimos cuidados a tu cuerpo, origen de vida y morada de Dios, se regocijaban, oh digna de todo canto” (Tropario de la Fiesta)
 
Con la proclamación del dogma de la Asunción, que refiere cómo la Madre de Dios después de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, la Iglesia Católica abre sobre el insondable misterio de la muerte una ventana que lo ilumina con la luz de la muerte y resurrección de Cristo. Y lo ilumina con una luz de esperanza, porque
"La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (CIC, 966).

La Asunción de la Virgen realiza en el género humano la redención definitiva traída por Jesucristo. Ya hay una persona humana a quien la redención de Cristo le ha alcanzado plenamente, no como a nosotros que, al aplicarla a nuestra vida a través de los sacramentos, por ejemplo,  la vemos realizada según nuestra condición pecadora, y con un complejo sentimiento de gozo y frustración  debemos decir “ya sí, pero todavía no”.

María es la esperanza cierta de que nuestro destino no es una quimera. Ella ya ha alcanzado lo que a mí se me ha prometido. Esta seguridad es la respuesta al mito pagano de la reencarnación, de quien busca dentro del limitado mundo de su inteligencia la respuesta a su infinita ansia de vida y su infinito horror a la muerte. El afán por el poder, el dinero, la autoridad, el prestigio humano, la salud… es un sinvivir agotador para el hombre europeo del Siglo XXI.

El cristiano, que no vive fuera del mundo y no es ajeno a las fatigas del hombre contemporáneo, y que se mueve en la tensión y el cansancio del ”ya sí, pero todavía no”, encuentra un oasis de paz y descanso en el misterio de la Asunción.

Sobre nuestra vida terrenal, en medio de las fatigas y caídas de nuestro peregrinar, está María, el “Auxilium christianorum”. La letanía “Ora pro nobis” trae a nuestras agitadas vidas el aliento continuo de una renovada esperanza y la seguridad de su cumplimiento en todo aquél que, como hizo María, se alimenta sólo de la voluntad de Dios.

 

11.-ORACION

Hermanos:

Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos.

En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.

Enseguida será la consumación, cuando, después de haber aniquilado todos los poderes del mal, Cristo entregue el Reino a su Padre. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos. El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte, porque todo lo ha sometido Dios bajo los pies de Cristo.(ICo 15, 20-27)

 

Señor, tú enalteces a los humildes; 
en María nos has dado una visión
de una Iglesia que sabe cómo servir
y cómo adherirse firmemente a ti
en la vida y en la muerte.
Que con María, y fortalecidos por su Hijo, 
seamos suficientemente pobres y humildes
para escuchar tu palabra y para vivir según ella, 
para estar al lado de nuestro prójimo en necesidad,
y para ser para el mundo como el cuerpo visible de tu Hijo,
hasta que nos llames a participar en tu gloria
por los siglos de los siglos. Amén.
(de la misa del dia)

 Mientras esperamos la suerte de María, digamos:

Santa María, ora pro nobis

¡Maran atha!  ¡Ven, Señor Jesús!

 

12. Galería de iconos