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LA CONSTRUCCION DEL TEMPLO II (desde el siglo XIX)

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3.-EL MOVIMIENTO LITÚRGICO MODERNO

Se entiende por Movimiento Litúrgico moderno la corriente renovadora que desde mediados del siglo XIX comenzó a trabajar en la restauración de la vida litúrgica del pueblo cristiano. Su comienzo se suele datar en 1833, coincidiendo con el restablecimiento de la vida monástica en la abadía benedictina de Solesmes (Francia), y su final en 1963, con la promulgación de la constitución sobre Sagrada Liturgia «SacrosanctumConcilium» por el Concilio Vaticano II.

Las principales ideas en las que incidió el Movimiento Litúrgico se pueden esquematizar en cinco puntos:

  • el retorno a las fuentes, se pretendía realizar una profunda investigación sobre los fundamentos teológicos, escriturísticos, históricos y pastorales de la liturgia católica
  • la potenciación del sentido del misterio. En Occidente, el aristotelismo escolástico había ido convirtiendo la teología en un sistema científico —teología de conceptos— que se fue alejando cada vez más del «misterio para ser vivido» que implicaba tanto al entendimiento como al sentimiento propio de la predicación de los Padres antiguos
  • la devolución del protagonismo del culto a Dios, restauró la jerarquía de valores en la vida cristiana, devolviéndole a Dios el protagonismo que le correspondía en la obra salvífica. Frenteal voluntarismo ascético, se incidió en que era más importante lo que Dios hace por elhombre que viceversa, incluso para su propia salvación
  • la primacía cultual del sacrificiodel altar y Cristo como Sumo Sacerdote; sus actos redentores culminan y están compendiados en su muerte y resurrección; estos se hacen presentes mediante la liturgia; esta liturgia la celebra el pueblo de Dios (pueblo sacerdotal) bajo la dirección de un ministro ordenado; finalmente, el compendio de la liturgia es la eucaristía
  • la asunción de la celebración litúrgica por el pueblo de Dios entonces los fieles se deberían congregar para celebrar juntos la acción litúrgica como «pueblo de Dios», por lo que la iglesia tendría que ser ante todo «ecclesia», asamblea. Por eso, la comunidad reunida para el culto se vuelve a ver como un signo sacramental, ya que la propia comunidad quedaría constituida por la realización de ese acto cultual. El sacerdocio real de los fieles, conscientemente asumido, les animaba a ver, a oír y a participar en la acción sagrada, a posicionarse en estrecha relación con el sacerdote. (E. FERNÁNDEZ-COBIÁN, Historia litúrgica del templo cristiano, pág. 53ss)

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3.1.-La reforma litúrgica

En mayo de 1948 se crea la Comisión Plana, para dar respuesta a las inquietudes existentes en la comunidad eclesial sobre la fidelidad de la liturgia a las primitivas prácticas de las primeras comunidades. Sus aportes más importantes en la renovación litúrgica, promovida por el Papa Pío XII, fueron:

.-La restauración de la Vigilia pascual
.-La concesión más o menos amplia de Rituales bilingües.
.-Las facilidades más amplias con vistas a la frecuente participación sacramental en la Eucaristía.
.-La celebración de la misa en horas vespertinas.

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3.1.1. El templo de los años 60 y 70.

Iglesia de los Dominicos, Madrid_FisacSe refuerza la simbología del templo como domus ecclesiae, con medidas como:

  • El altar se sitúa a nivel de la nave de los fieles, suprimiendo cualquier distinción entre lo sagrado y lo profano
  • La asamblea puede ocupar de forma envolvente el altar.
  • La edificación presenta baja altura de techo y, en general, la sobriedad de la ornamentación.
  • Se propician arquitectónicamente las relaciones horizontales.
  • Se busca la integración del templo con la edificación urbana

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3.1.2. Consecuencias de la reforma a partir del Vaticano II

Los trabajos de la Comisión Plana ya habían anticipado las reformas que se propusieron a partir del Vaticano II, cuyas innovaciones principales fueron:

— Un solo altar, con supresión de los altares laterales

— Autorización de las concelebraciones.

— La separación del altar y el sagrario, que ahora podía se ubicado en una capilla lateral

— Un ambón fijo cerca del altar para la proclamación de la Palabra

— Una sede fija para el celebrante.

— La comunión procesional, y supresión del reclinatorio corrido que circundaba el presbiterio.

—.La pila bautismal pasaba desde la entrada del templo al presbiterio, según el nuevo ritual.

Las reformas tuvieron un calado profundo en el pueblo cristiano, tanto a nivel individual como colectivo. Incluso la arquitectura litúrgica fue fuertemente zarandeada por los nuevos vientos. El movimiento de fondo de los nuevos cambios produjo:

  • Disminución del sentido sacro del templo
  • Excesiva consideración del aspecto comunitario
  • Cambio del paradigma teocéntrico por la consideración antropocéntrica.
  • Incremento del rol dirigente del sacerdote, como animador y guía.
  • Planificación de los templos como anfiteatros, como auditorios.
  • Se refuerza el papel del templo para la acción comunitaria, en detrimento del momento de oración y meditación individuales.

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3.1.3. La importancia del altar.

iglesia-del-jubileo-de-1986_RomaLa nueva arquitectura sacra diseña en detrimento de la importancia del altar:

  • El espacio interior crea numerosos polos de atracción: altar, ambón, sagrario, capilla penitencial, etc.
  • La colocación del altar más cerca de la asamblea, favoreciendo una situación envolvente de la comunidad, aleja el diseño del edificio del original Templo de Jerusalén.
  • El altar ha sido reducido a una mera mesa de comida.
  • La destacada disposición de la liturgia de la Palabra disminuye la propia de la liturgia eucarística.
  • Durante los tiempos de no celebración, el espacio interior abierto asemeja el templo al de un museo, haciendo desaparecer la dimensión sagrada del recinto.

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3.1.4."Lo dogmático" y "la forma" de la Eucarística

El Cardenal Ratzinger denuncia la falta de claridad sobre la relación entre las dos esferas -litúrgica y dogmática- que ha introducido la Reforma Litúrgica en la celebración eucarística, diciendo que en la Última Cena el contenido dogmático es el sacrificio, y su forma litúrgica es la comida.

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3.1.5. La celebración orientada al este o al pueblo (versus populum, ad orientem)

“Uno de los signos [que ayudaran a los fieles a elevar el alma a Dios] más antiguos consiste en volverse hacia oriente para rezar. Oriente es símbolo de Cristo, el Sol de justicia… La idea de que sacerdote y pueblo en la oración deberían mirarse recíprocamente nació sólo en la época moderna y es completamente extraña a la cristiandad antigua. De hecho, sacerdote y pueblo no dirigen uno al otro su oración, sino que juntos la dirigen al único Señor”.

A pesar de que el Vaticano II nunca tocó este aspecto, en 1964 la Instrucción Inter Oecumenici, emanada del Consilium encargado de llevar a cabo la reforma litúrgica querida por el Concilio, en el n. 91 prescribió: “Es bueno que el altar mayor se separe de la pared para poder girar fácilmente alrededor y celebrar versus populum”. Desde aquel momento, la posición del sacerdote “hacia el pueblo”, aún no siendo obligatoria, se convirtió en la forma más común de celebrar Misa. (OFICINA PARA LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS DEL SUMO PONTÍFICE, El crucifijo en el centro del altar en la Misa “hacia el pueblo”)

Sin embargo, «para el cristiano que asiste regularmente a la celebración de la liturgia, los dos efectos más obvios de la reforma litúrgica llevada a cabo por el Concilio Vaticano II parecen ser la desaparición del latín y la colocación del altar cara al pueblo. El que lea los textos más relevantes de la Constitución conciliar no podrá menos de extrañarse de que ninguno de esos elementos se encuentre literalmente en los documentos del Concilio» (DE JOSEPH RATZINGER, Volverse hacia el Señor, Prólogo al libro de Uwe Michael Lang, Ed. Cristiandad, Madrid 2007, p 13-14).

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3.1.6. La iglesia, entre domus ecclesiae et domus dei

La relevancia dada en los nuevos templos a la dimensión comunitaria ha descuidado el aspecto sagrado de las iglesias como domus dei.

La arquitectura eclesiástica mantiene cierta indefinición entre la verticalidad de sus líneas, que estrenan preocupaciones aerodinámicas como contrapunto a la altura gótica –evocadora de la transcendencia divina- y la extensión horizontal de las nuevas construcciones, que buscan el acogimiento y cercanía de la comunidad. Esta arquitectura se encuentra enfrentada a la realidad de la Iglesia, compuesta de hombres que necesitan tanto la dimensión vertical que les une a Dios Padre, como la horizontal, que les une a Dios Hijo a través de la humanidad de la comunidad. El templo cristiano debe reflejar la tensión entre la domus dei y la domus ecclesia, entre la naturaleza divina y la naturaleza humana que posee Cristo

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4.-LA BÚSQUEDA DE UNA NUEVA ESTÉTICA

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4.1.-Romano Guardini , en la primera mitad del siglo XX, , haciendo énfasis en el misterio Pascual (muerte y resurrección de Cristo), rediseña la distribución interior del templo, haciéndola más apta para las celebraciones de pequeñas comunidades donde la participación de la asamblea en la gestualidad litúrgica y el canto puede ser más intensa y generaizada.

Su nueva estética recuperaba signos propios de las primitivas comunidades:

  • • Altar situado sobre el eje del edificio.
  • • Misa considerada como memorial del misterio Pascual, como sacrificio
  • • Facilitación de la situación de la asamblea rodeando el altar
  • • Arquitectura sacra dentro de la escuela de la Bauhaus

«Durante las décadas de 1950 y 60, en Alemania y en el resto de Europa occidental floreció la arquitectura funcional-litúrgica germana, nacida en el período de entreguerras y eclosionada en las décadas de la posguerra, por creadores como Böhm, Schwarz y Steffan. Esta nueva visión arquitectónica contribuyó firmemente a la renovación de las iglesias cristianas contemporáneas. Sus principios de sencillez, decoro y nobleza, inspiraron artículos del capítulo VII de la Constitución Sacrosanctum Concilium; del mismo modo, sus ensayos sobre el protagonismo del altar, la distribución del sagrario, ambón, coro, baptisterio, confesionarios y sacristía, incidieron en la redacción de la Instrucción Inter Oecumenici. Por tanto, las experiencias del funcionalismo litúrgico alemán, apoyadas por el episcopado y por numerosas publicaciones divulgativas, precedieron y contribuyeron a gestar la nueva ordenación del templo emanada del Concilio Vaticano II (1962-1965)». (Cfr. VÍCTOR MARÍN NAVARRO, La renovación de la arquitectura cristiana contemporánea. El funcionalismo litúrgico alemán, en , H. a del Arte, t. 25, 2012, págs. 201-222)

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4.2.-Kiko Argüello, el fundador del Camino Neocatecumenal, medio siglo después comenzará a celebrar la Eucarístía en salas con una estética nueva:

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  • Altar de grandes dimensiones, cuadrado, en el centro de la sala.
  • Sede del celebrante en el presbiterio, realzado dos o tres escalones
  • Colocación de la asamblea alrededor del altar, en diferentes niveles a modo de anfiteatro.
  • Pila bautismal enfrente del altar, de ocho lados. Donde se puede, se hace hundida en el suelo, donde se desciende y se sale por sendas escaleras, tras el bautismo de adultos por inmersión.
  • Integración en el terreno a través de grandes ventanales.
  • Sillas de metacrilato para eliminar sensación de pesadez del mobiliario eclesiastico.
  • Uso de iconografía de tipo bizantino escrita por el propio Kiko Argüello
  • Utilizaciónprofusa de cantos con letras de la Escritura (generalmente salmos) creados por el propio Kiko Argüello

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4.3.-La iglesia del vaticano II, a partir de 1962. En la vasta documentación de las sesiones del Concilio Vaticano II hay escasas indicaciones que puedan considerarse dirigidas a los responsables de la arquitectura o interiorismo de los templos, sean de nueva planta o reformados sobre edificaciones existentes. No más allá de la breve indicación «Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la participación activa de los fieles» (SC 124) se puede encontrar instrucciones referidas a este tema.

Sin embargo, no puede decirse que el dinamismo para implantar “la iglesia del Vaticano II” haya sido escaso o sin trascendencia para el pueblo fiel. Ya hemos señalado anteriormente la aguda observación del cardenal Ratziger señalando que «para el cristiano que asiste regularmente a la celebración de la liturgia, los dos efectos más obvios de la reforma litúrgica llevada a cabo por el Concilio Vaticano II parecen ser la desaparición del latín y la colocación del altar cara al pueblo». 

Aun siendo aspectos nada superfluos en la oración litúrgica del pueblo llano, el impulso del Movimiento Litúrgico del siglo XX ha ido más allá, hasta el punto de incidir en cualquier aspecto de la iglesia que se construía, desde al campanario hasta el altar o la cruz. Y no siempre respetando el fuerte simbolismo que el lugar de la oración de los fieles y de la presencia de Dios recoge como fruto de veinte siglos de desarrollo de la vida de la Iglesia.

Quizás el fruto más maduro de este Movimiento fue la Instrucción para aplicar debidamente la Constitución sobre la Sagrada Liturgia que, firmada por el cardenal Lercaro, fue publicada el 26 de septiembre de 1964 diciendo, entre otras cosas:

  • Nuevas iglesias, al reconstruirlas o adaptarlas, procúrese con diligencia que resulten adecuadas para celebrar las acciones sagradas, y obtener la participación activa de los fieles.
  • El altar mayor. Conviene que el altar mayor se construya separado de la pared, de modo que se pueda girar fácilmente en torno a él y celebrar de cara al pueblo.

Y ocupará un lugar tan importante en el edificio sagrado que sea realmente el centro adonde espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles.

  • El presbiterio alrededor del altar tendrá tal amplitud que se puedan desarrollar cómodamente en el los ritos sagrados.
  • La sede para el celebrante y los ministros se colocará de tal forma que, según la estructura de cada iglesia, sea bien visible a los fieles, y el celebrante aparezca realmente como el presidente de toda la comunidad de los fieles.
  • Los altares laterales serán pocos; es más, en cuanto lo permita la estructura del edificio, es muy conveniente que se coloquen en capillas separadas del cuerpo de la iglesia.
  • La cruz y los candelabros que se requieren en el altar para cada una de las acciones litúrgicas se pueden colocar también en las proximidades del mismo.
  • La sagrada Eucaristía se reservará en un sagrario sólido e inviolable, colocado en medio del altar mayor, o de un altar lateral, pero que sea realmente destacado, o también, según costumbres legítimas y en casos particulares, que deben ser aprobados por el Ordinario del lugar, en otro sitio de la iglesia, pero que sea verdaderamente muy noble y esté debidamente adornado.
  • El ambón. Conviene que para la proclamación de las lecturas sagradas haya uno o dos ambones, dispuestos de tal forma que los fieles puedan ver y oír bien al ministro.
  • El lugar de la schola y del órgano se situará de tal forma que se vea claramente que los cantores y el organista forman parte de la asamblea
  • Lugar de los fieles. Téngase especial cuidado en disponer el lugar de los fieles de modo que puedan ver las celebraciones sagradas y participar debidamente en ellas con su espíritu. Conviene que normalmente se pongan para su uso bancos o sillas.
  • El Bautisterio. En la construcción y ornamentación del bautisterio se procurará con diligencia que aparezca claramente la dignidad del sacramento del bautismo, y que el lugar sea apto para celebraciones comunitarias.

(Instrucción del Consilium para la aplicación de la Constitución sobre la Sagrada liturgia, nº 90 a 98)

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4.4.-La Arquitectura sacra contemporánea.

.Iglesia-Santo-Volto_Mario-Botta_TurinLas múltiples realizaciones de iglesias nuevas en estos últimos años han sido objetos de variados estudios por parte de los arquitectos y estudiosos de la construcción sacra. Uno de ellos es el trabajo de doctorado de Luis Aymá González, Estética de la arquitectura sacra contemporánea. un enfoque desde la filosofía relacional.

 En él afirma: En 1922, el teólogo Johannes van Acken había indicado que el altar debía trasladarse al centro para que los fieles pudiesen participara activamente en la misa. También insistió en la centralidad de la imagen de Cristo en el templo. Remarcaba la importancia de la comunidad frente a un individualismo al que culpaba de la catástrofe de la Guerra Mundial. Esta ideas fueron recogidas por Dominikus Böhm que comenzaría a diseñar templos a partir de una idea cristocéntrica. La utilización de la planta central se puede observar en iglesias precursoras de este movimiento de renovación como SchenKenhann, construida en 1909 o la iglesia de Branderburg – Wilhelmsdorf. Un ejemplo paradigmático es la iglesia estrellada o Sternkirche de Bartning, donde el altar quedaba situado en el mismo centro geométrico”. (LUIS AYMÁ GONZÁLEZ, Estética de la arquitectura sacra contemporánea. Un enfoque desde la filosofía relacional, pág 398. Tesis doctoral, UCM).

Es de notar, en esta observación dentro del «Capítulo V Análisis de los cambios estructurales y la incorporación de nuevas constantes arquitectónicas en la arquitectura sagrada del siglo xx», la dudosa identificación entre la idea cristocéntrica [en el diseño del espacio litúrgico] y su traducción arquitectónica de trasladar el altar al centro geométrico del templo. Podría, por ejemplo, interpretarse que el orar todos, celebrante y fieles, en la misma dirección, hacia el crucifijo, es un desarrollo absolutamente fiel al cristocentrismo en la idea arquitectónica.

Esta perseguida centralidad del altar obedece al seguidismo de las ideas difundidas en aquel tiempo por el nuevo movimiento litúrgico, que se impuso sin mayor crítica en el mundo de la arquitectura durante toda la segunda mitad del siglo XX, y, así, «la forma de la planta queda condicionada por la importancia dada al altar en el contexto de una jerarquía estructural con otros elementos, de tal modo que se abandona la disposición de la comunidad orientada a lo largo de una nave hacia un altar situado al fondo, propia del siglo XIX, imperceptible en muchas ocasiones»

 Pero no es exactamente así. La disposición de la comunidad orientada a lo largo de la nave hacia el altar no es cosa “propia del siglo XIX”, sino que «Ante todo, y más allá de todas las variaciones, hay algo que siempre estuvo claro en toda la cristiandad hasta bien entrado el segundo milenio: la orientación de la oración hacia el oriente es una tradición que se remonta a los orígenes y es la expresión fundamental de la síntesis cristiana de cosmos e iglesia, del arraigo en la unicidad de la historia de salvación, de salir al encuentro del Señor que viene» (CARDENAL RATZINGER, El espiritu de la liturgia, pags. 97, Ed Cristiandad, 2001).

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5.-¿POSIBILIDAD DE UN CANON CONSTRUCTIVO?

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5.1.-La Iglesia Ortodoxa

La Iglesia Ortodoxa no ha sufrido los avatares del Concilio Vaticano II, ni ha sentido la necesidad de una reforma litúrgica como la descrita anteriormante para la Iglesia Católica. A pesar del evidente patrón que presentan las iglesias ortodoxas a lo largo y ancho de su zona de influencia, en especial en el territorio del Patriarcado de Moscú, puede decirse que

«El canon en el sentido literal como un conjunto de reglas firmemente establecidas en la construcción del templo nunca ha existido y no existe.

La tradición canónica de la iglesia brinda al diseñador moderno la más amplia variedad de soluciones arquitectónicas y de composición. Es posible señalar solo un número limitado de reglas observadas de manera bastante estricta que refleja el significado del dogma ortodoxo, incluyendo las siguientes: 

  • orientación del edificio del templo a lo largo del eje este-oeste, con el altar al este. Este requisito se explica por el hecho de que se espera la segunda venida de Cristo desde el este, y Cristo mismo se menciona en las Escrituras como "el sol que nace de lo alto";
  • la bóveda del templo con la Cruz como símbolo de salvación, y del sacrificio de Cristo;
  • La separación del altar de la parte del templo donde se encuentran los fieles. Dado que el altar del templo es una imagen del Paraíso, el Reino de los Cielos donde Dios habita, y la parte del templo donde están los fieles representa simbólicamente la tierra, ambas partes del templo están separadas por un iconostasio, en el cual hay imágenes de santos rezando a Dios por nuestra salvación y el regreso del Paraíso.
  • la elevación del edificio del templo sobre la superficie de la tierra, y el altar sobre la superficie del mismo templo, reflejando los pasos del ascenso espiritual de lo terrenal a lo celestial».(HIEROMONK GURY (FEDOROV). Acercamiento de la iglesia a la construcción del templo, en. Iglesias y complejos ortodoxos. Manual de diseño y construcción, original en ruso)

Esa permanencia en el tiempo de las líneas maestras que identifican las iglesias ortodoxas son magníficamente compendiadas de la siguiente forma:

«La comprensión teológica del canon en relación con la arquitectura de una iglesia ortodoxa es, en nuestra opinión, fundamental. Al mismo tiempo que los teóricos e historiadores de la arquitectura, los historiadores del arte han trabajado una gran cantidad de material dedicado al estudio de las tradiciones en la arquitectura de la iglesia.

Además del aspecto teológico, es necesario considerar la comprensión arquitectónica y teórica del canon, tal como se aplica a la arquitectura de una iglesia ortodoxa, pues con independencia del período de construcción del edificio, existe en la mente de las personas, tanto profesionales como personas comunes,una imagen tradicional del templo, que se mantiene a lo largo de los tiempos, que llamaremos la imagen "canónica" del templo, y que sigue siendo relevante en la actualidad.

La imagen "canónica" del templo es interpretada por nosotros como una imagen estable, que se ha formado históricamente, y arraigada en las mentes de las personas circundantes, que la reconocen al ver la apariencia arquitectónica de una iglesia». (VERHOVIH EY, Canon en la iglesia ortodoxica de arquitectura. Manual de diseño y construcción, original en ruso).

Esta estabilidad de la imagen “canónica” del templo en la arquitectura rusa es confirmada por M. y T. Kudryavtsev, que dice: «Basándonos en la Sagrada Escritura y la Leyenda Sagrada, en la constante canonicidad de la arquitectura de la iglesia rusa antigua, así como en otros tipos de arte religioso, podemos rastrear la estabilidad del contenido de las formas individuales y asumir que los cambios a lo largo del tiempo son evidencia de cambios en los matices del contenido, pero no en su esencia básica» (Simbolismo de las formas arquitectónicas de una iglesia ortodoxa rusa. https://archi.ru/lib/publication.html?id=1850569701&fl=5&sl=1)

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5.2.-La Iglesia Católica

La proliferación de estilos que se registra en las construcciones modernas de los templos deja en evidencia la inexistencia de cualquier canon arquitectónico, ni siquiera de tipo litúrgico, ante la libertad que se toman los artistas en el diseño de los mismos. Por ello, numerosas diócesis han editado instrucciones y recomendaciones, de mayor o menor seguimiento, que intentan, tanto complementar las parcas indicaciones de la Comisión para la aplicación de la Constitución sobre la Sagrada liturgia, como fijar condiciones mínimas para la ordenación de los espacios en el interior de los nuevos templos de sus diócesis.

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5.2.1.-Orientaciones pastorales diocesanas

La página de la Diócesis de Cartagena ofrece unas orientaciones teológicas para el diseño y construcción del templo. De ella extraemos las siguientes ideas:

«Lo cierto y verdad es que una iglesia lleva detrás un planteamiento teológico y eclesiológico: depende de cómo entendamos lo que es el misterio de la Iglesia así quedará plasmado en los edificios que construyamos para albergar a la comunidad cristiana en sus celebraciones.

El altar, centro del espacio litúrgico

El altar tiene un simbolismo doble: por un lado es "ara", altar del sacrificio, porque en él se actualiza de forma sacramental lo que en el Calvario sucedió de una vez para siempre: la muerte y la resurrección de Jesucristo

Un segundo simbolismo, que es el de la mesa. Por eso se reviste con el mantel, y se adorna de forma festiva, con luces y flores. 

La sede, lugar de la presidencia litúrgica

La sede es el lugar de la presidencia litúrgica. Como todos los lugares de la celebración, tiene una funcionalidad y un significado simbólico. Ambos se complementan.

En lo funcional, la sede ha de ser visible

Simbólicamente la sede es signo de Cristo en tanto Cabeza, Pastor y Maestro en relación a la asamblea.

El ambón, lugar de la Palabra

El ambón es un lugar. No es un mero mueble, un atril que se puede poner y quitar a conveniencia,

El ambón es el lugar de la proclamación de la Palabra de Dios, ha de ser un lugar al que se vuelva espontáneamente la atención de los fieles

 El lugar de la asamblea

El criterio teológico acerca de la asamblea es que esta es signo de la Iglesia de Cristo: el aspecto comunitario de la liturgia se revela como algo fundamental

La asamblea es única y diferenciada. Por eso hay nave y presbiterio, que deben estar diferenciados 

La labor de adaptación del espacio litúrgico es complicada, pero necesaria

El tabernáculo o lugar de la reserva eucarística

Hay defensores acérrimos que sostienen que ha de estar en el presbiterio. Otros defienden que ha de estar situado en una capilla lateral, para favorecer el recogimiento y la adoración personal. Ambas soluciones son correctas.

El lugar del sacramento del Bautismo

Ha de mostrar la dignidad del sacramento del Bautismo.

Debe ser apto para las celebraciones comunitarias

Un edificio que nos habla de la Iglesia

El lugar de la celebración ha de ser funcional, válido y apto para la celebración litúrgica

El edificio litúrgico nos "habla". Aquí entraría entonces el discurso sobre el arte y la belleza, al servicio no de lo puramente estético, sino al servicio de la Belleza que es Cristo, que se manifiesta en la celebración. El arte cristiano –y mucho más el arte litúrgico- es expresión de la belleza del Misterio creído, celebrado y vivido. Por eso no todo arte puede ser arte litúrgico. 

(DELEGADO EPISCOPAL DE LITURGIA (CARTAGENA, El espacio litúrgico, en https://diocesisdecartagena.org/formacion/el-espacio-liturgico/)

 5.2.2.-Arquitectura sacra contemporánea

«¿Podemos hablar de estilo en la arquitectura sacra contemporánea?»

«Los ejemplos que se han ido analizando son tan heterogéneos como los caminos por los que se ha desarrollado el arte de finales del siglo XX y principios del XXI. En este sentido, cabe preguntarse si se puede hablar de estilo en la arquitectura sacra contemporánea, o más bien de una secuencia de experimentos formales que se desarrollan a impulsos del ingenio creador de los arquitectos. Por otro lado, en el panorama arquitectónico contemporáneo es más propio hablar de estilos que de estilo. Los edificios llevan las firmas de sus arquitectos, de tal modo, que resulta relativamente fácil reconocer los “estilos” particulares de cada uno». (Luis Aymá González, Estética de la arquitectura sacra contemporánea. Un enfoque desde la filosofía relacional, pág. 464)

No, no hay canon sacro en la arquitectura sacra contemporánea, ni siquiera estilo propio. Y este hecho hay que considerarlo un fracaso sin paliativos del Movimiento Litúrgico Moderno y su secuencia tras el Vaticano II.

Un fracaso cuya posibilidad ya era advertida en 1965:

«Es verdad que las iglesias modernas no han conseguido todavía dar la impresión de un estilo, de algo seguro y definitivo… Tras la revolución tecnológica de los últimos años, la inseguridad estilística no hay que verla como una prueba de incapacidad, sino como expresion de de una natural inmadurez en la renovación de la conciencia arquitectónica». (Juan Plazaola, El arte sacro actual, BAC, pág. 47).

Aquella inmadurez en el estilo arquitectónico sacro no ha terminado en un proyecto propio y distinguible en las décadas iniciales del siglo XXI, sino un cierto desencanto en el pueblo cristiano que, en líneas generales, no aprecia los nuevos templos. Desencanto que se recoge expresamente en la entrevista al arquitecto Fernández-Cobián

La arquitectura religiosa contemporánea no conecta con la mayoría de los fieles ¿Podría explicarnos cuales cree que pueden ser las principales causas?

«Veamos lo primero. Si por arquitectura religiosa contemporánea entendemos (como yo mismo suelo precisar en mis escritos) la construida en los últimos 80 años, que es el ámbito de una vida, entonces hay que reconocer que en los últimos tiempos (1935-2015) se ha construido una arquitectura religiosa muy heterogénea. Especialmente si consideramos el mundo es su conjunto. Otra cosa es que algunas arquitecturas hayan sido más divulgadas que otras. Existen arquitecturas importantísimas que nadie conoce.

Por ejemplo, en los últimos 80 años se han construido la mayoría de los santuarios marianos que acogen a las Vírgenes patronas de Latinoamérica. ¿Quién conoce esas iglesias, más allá de sus respectivos países? ¿Se podría decir que sus arquitecturas no conectan con los fieles? No lo creo. Lo mismo ocurre con las catedrales de la mayoría de las capitales del mundo. ¿Cómo es la catedral de Bangui (República Centroafricana, 1934/37), donde el papa Francisco acaba de pre-inaugurar el año de la Misericordia? ¿Conecta con los fieles?». (ENTREVISTA A ESTEBAN FERNÁNDEZ-COBIÁN, Zaragoza, 4 de enero de 2016,en https://arquitecturaycristianismo.com/2016/01/18/entrevista-a-esteban-fernandez-cobian/)

Obsérvese que Fernández Cobián, para no aceptar la afirmación de que "La arquitectura religiosa contemporánea no conecta con la mayoría de los fieles" debe remitirse a los santuarios marianos que acogen a las Vírgenes patronas de Latinoamérica o a la catedral de Bangui (República Centroafricana), ¿pero el contexto de la entrevista no permitía pensar que la pregunta del entrevistador se refería a las expresiones de arte sacro en Europa?.

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6.-.LA ORIENTACIÓN DEL EDIFICIO DEL TEMPLO

En su trabajo sobre El espiritu de la liturgia, el cardenal Ratzinger, a propósito de la construcción del templo cristiano, se pregunta: «¿Qué corresponde a la esencia de la liturgia y qué nos aleja de ella?

Y él mismo aclara:

«Ante todo, y más allá de todas las variacione, hay algo que siempre estuvo claro en toda la cristiandad hasta bien entrado el segundo milenio: la orientación de la oración hacia el oriente es una tradición que se remonta a los orígenes y es la expresión fundamental de la síntesis cristiana de cosmos e iglesia, del arraigo en la unicidad de la historia de salvación, de salir al encuentro del Señor que viene. En ella se expresa, tanto la fidelidad a lo que hemos recibido, como la dinámica que hay que recorrer.

 Y al igual que Dios ha tomado un cuerpo entrando en el espacio y el tiempo de la tierra, así es apropiado que en la oración –al menos en la liturgia comunitaria- nuestro hablar con Dios sea “encarnado”, que sea cristológico, que, a través de la mediación del Verbo Encarnado, se dirija al Dios trinitario. El símbolo cósmico del sol que nace expresa, por un lado, la universalidad por encima de todos los lugares y, al mismo tiempo, mantiene el carácter concreto de la revelación divina. Nuestra oración se inserta de esta forma en la procesión de los pueblos hacia Dios».(CARDENAL RATZINGER, El espiritu de la liturgia, pags. 97s, Ed Cristiandad, 2001)

En otra obra suya de gran difusión, el cardenal insiste en la necesaria orientación al este de la oración cristiana:

«El templo sigue teniendo una significación especial como célula primigenia en la unidad de la historia de Dios a través de los siglos: pero dondequiera que se celebre una asamblea, está lo esencial del templo, allí hay templo. De ese modo, sin romper la fidelidad a la historia de la fe expresada en el santuario de Jerusalén, cesó su exclusividad; el templo era considerado casa de oración para todos los pueblos, y ésta fue la premisa para la universalidad de la Iglesia.

Este giro aparece externamente con especial claridad en el cambio de orientación al orar: el judío, dondequiera que esté, ora en dirección a Jerusalén; el templo es el punto de referencia de toda religión, de suerte que la relación con Dios, la relación orante, debe pasar siempre por el templo, al menos en la orientación del cuerpo.

Los cristianos no oran en dirección a un templo, sino mirando a oriente: el sol naciente que triunfa sobre la noche simboliza a Cristo resucitado y es considerado como signo de un retorno. El cristiano expresa en su postura orante la dirección hacia el Resucitado, verdadero punto de referencia de su vida. Por eso, la orientación al este ha sido durante siglos la ley básica en la arquitectura cristiana; expresa la omnipresencia del poder congregador del Señor que, como el sol naciente, domina el mundo entero». (RATZINGER Un canto nuevo para el Señor, pág. 104)

Los templos romanos y las iglesias católicas se orientaban sobre el eje que va de levante a poniente con lo que a menudo, el templo tomaba la forma de cruz latina. El presbiterio se sitúa hacia oriente mientras que el pórtico se abre al occidente.

En la doctrina cristiana, el principio de orientación se basa en la luz (por lo tanto, en el sol) como símbolo de Cristo. Cristo es la luz del mundo, como se anuncia repetidas veces en los profetas y evangelistas:

«a vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra» (Mal 3, 20)

«Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto (Lc 1, 78)

Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8, 12).

Orientación que es también buscada porque por oriente vendrá el Hijo del Hombre:

«Pues como el relámpago aparece en el oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre» (Mt 24, 27).

Algunas construcciones antiguas de la época de Constantino tiene los ábsides con orientación hacia occidente, buscando de ese modo que en la oración el obispo, que tenía su sede en el ábside, la hiciera mirando al oriente. Así ocurre con las principales basílicas romanas, como San Pedro, San Juan de Letrán y San Pablo.

Como hemos visto en el punto anterior, la orientación al este es parte de las estrictas normas que regulan la construcción del templo ortodoxo.

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