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La Trinidad, de Rublev

La Trinidad, de Rublev

 

Los tres personajes revelan autoridad similar, como se ve en sus largas varas y alas, y en la práctica imposibilidad de decidir cuál es la persona divina significada por cada ángel.
El ángel de la izquierda está revestido de oro, color de la santidad, porque Dios es el Santo. En su pecho se vislumbra color azul, símbolo de la humanidad.

El ángel central está situado bajo el árbol, como verdadero fruto del árbol de la vida. Situado en el centro del icono vestido de rojo –atributo del amor, del sacrificio y de la divinidad- y con enorme manto azul -signo de su plena humanidad- es imagen indudable del Hijo, que muestra su potente brazo, cuan brazo creador del Padre, mientras permanece absolutamente vuelto hacia el Padre, pendiente de sus palabras.

El personaje de la derecha aparece como el más vuelto hacia la tierra, con manto verde, símbolo de la vida y de la fuerza creadora de la naturaleza. El vestido azul, bajo el manto, indica su entrega al hombre.

La mesa es alegoría del altar sacrificial. En ella está depositado un cáliz que contiene una cabeza de cordero.

Hay como un movimiento circular desde el pie izquierdo del ángel de la derecha que, subiendo por su cuerpo y pasando por la cabeza del personaje central se cierra en la figura del Padre, forma un círculo casi perfecto, símbolo de la unidad divina en la trinidad personal.

Círculo que encierra en su centro la cruz formada por el árbol y la figura central, como eje vertical, y las cabezas de los otros dos personajes, como eje horizontal.

La simetría que mantienen los personajes laterales dibujan un cáliz que contiene en su centro la figura del Hijo.

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La Trinidad

  La lectura más frecuente

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es "nuestro redentor"...Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla, tú el alfarero: somos todos obra de tus manos. (Is63, 16b.19b).

El icono de Rublev nos muestra tres personajes sentados alrededor de una mesa sobre la cual hay una copa donde la tradición quiere ver la cabeza de un cordero. Un pequeño rectángulo adorna el frente vertical de la mesa. Encima del personaje de la izquierda hay una edificación complicada que le cubre por encima de su cabeza que, como es habitual en la pintura iconográfica, no mantiene perspectiva alguna. Por encima de la figura central aparece un árbol inclinado hacia la izquierda. Finalmente, al personaje de la derecha le sobrevuela una roca también inclinada hacia la izquierda.

El conocimiento de la trinidad de personas divinas, el hecho de que nuestro Dios es comunidad de tres personas, es un acontecimiento de los últimos tiempos, de la revelación traída por Jesucristo. Y él es, realmente, la imagen con que se nos muestra el Dios inaccesible, el Dios que prescribe “no te harás figura alguna de lo que hay arriba en el cielo” (Ex 20, 3). Sin embargo, si no es posible pintar a la Santísima Trinidad,  "que habita una luz inaccesible”  (1Ti 6,16), sí lo es pintar a la imagen con la cuál ella se revela. 

 

La tradición ha querido ver en la escena de Mambré (Ge 18) la prefiguración de la Trinidad. De hecho en el relato bíblico es el Señor quien se aparece  y tres los hombres que ve Abraham.  Abraham y Sara, resguardados del calor del desierto a la puerta de la tienda, ya alcanzada la ancianidad, han perdido toda esperanza de descendencia: como pareja son la representación de la esterilidad. La llegada de tres personajes misteriosos obliga a Abraham a salir de su ensimismamiento, a abrirse hospitalariamente a un tercero, y en este acogimiento amoroso encuentra su verdadera relación con Sara. 

Rublev ha suprimido en su dibujo a Abraham y Sara, y prescinde de los detalles concretos del contenido de la cena. Rublev ha querido abrir una ventana únicamente a lo invisible, al sentido espiritual del encuentro. El icono representa, así, la Trinidad, un solo Dios en tres personas en todo iguales. Los personajes mantienen un aspecto aéreo, leve, espiritual, ciertamente sobrenatural, con cuerpos alargados. La misma mirada, la misma cabellera, igual aureola, iguales alas, el mismo bastón. En las túnicas, el mismo color azul. La mesa asemeja un altar eucarístico.

Este icono presenta, simultáneamente, el texto del Génesis y los misterios cristianos de la Trinidad, la encarnación, la redención y la Eucaristía.  

El milagro del amor trasforma la esterilidad de la pareja en fecundidad que no tendrá fin. Serán la primera figura veterotestamentaria de que con Jesucristo “hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. No amar es quedarse en la muerte” (1Jn3, 13). Todos somos Abraham, iconos del hombre que necesita ser visitado por Dios.

Los tres personajes revelan autoridad similar, como se ve en sus largas varas y alas, y en la práctica imposibilidad de decidir cuál es la persona divina significada por cada ángel, si bien la tradición occidental ha terminado decantándose por una determinada interpretación, sin que por ello las interpretaciones alternativas hayan perdido interés, en especial el contenido en el estudio contemplado en la página de la trinidad.

Personaje izquierdo

El ángel de la izquierda está revestido de oro, color de la santidad, porque Dios es el Santo. En su pecho se vislumbra color azul, símbolo de la humanidad. Su mano derecha parece en la actitud de bendecir. Contrariamente a los otros dos ángeles, se mantiene erguido, recto, ocupando el lugar de honor del icono, a la derecha del cuadro. Los otros dos ángeles se vuelven hacia él. Su bastón se muestra perpendicular al suelo, mientras los otros están ligeramente inclinados. Su vestimenta tiene colores más discretos que los del resto.

Su gesto de bendición es muy discreto. Su cuerpo aparece de lado, entrevisto solo en tres cuartas partes de su frente, dando una impresión de difuminado ante el colorido del ángel central.

No porta la banda vertical dorada (Clavis ou claviculum) que decora la túnica romana y que aparece normalmente en los iconos de Cristo, los ángeles y los apóstoles, y que es signo imperial de la corte Bizantina. Detrás del personaje aparece una casa, que evoca la tienda de Abraham o el Templo, casa de Dios, o, mejor aún, evoca la Iglesia, comunidad donde reside Dios. Puede representar al PADRE, fuente de todo.

       El ángel central está situado bajo el árbol, como verdadero fruto del árbol de la vida -en contrafigura al suceso del paraíso-, y es imagen indudable del Hijo, que muestra su potente brazo, cuan brazo creador del Padre, mientras permanece absolutamente vuelto hacia el Padre, pendiente de sus palabras -"Os llamo amigos porque todo lo que he oido a mi Padre os lo he dado a conocer" (Jn 15,15)-.  Está situado en el centro del icono  vestido de rojo –atributo del amor, del sacrificio y de la divinidad- y con enorme manto azul -signo de su plena humanidad. 

Está sentado casi de frente, detrás de la mesa, girada la cabeza hacia el ángel izquierdo mientras mantiene el busto orientado hacia el ángel derecho.

 

Su gesto bendice la copa que contiene la cabeza de un cordero (llamado el cordero de la hospitalidad de Abraham) como indicando que se identifica él mismo con este sacrificio. Da la impresión al espectador de que él preside la mesa, pero el movimiento de su brazo y de su mano parece señalar al ángel de la izquierda.

Lleva túnica marrón con clavis amarilla, bajo manto azul. El color marrón, símbolo de la tierra, y el color azul, del cielo, recuerdan la encarnación de Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios. El Clavis, por su parte, indica que es enviado de Dios.

Tiene los colores más intensos y es el que ocupa más espacio en el icono. Son los colores de Cristo. Se trata del HIJO.

Detrás del ángel hay un árbol. Es la ENCINA de Mambré, tan cercana a la tienda de Abraham. El árbol representa la alianza hecha gracias a la crucifixión sobre la madera de la cruz: árbol de la cruz, árbol de vida. Una cruz se señala en el icono formado por el cuerpo de este ángel, como madero vertical, y la línea formada por las cabezas de los otros dos ángeles, como madero horizontal. En algunas versiones de este icono el autor ha dotado a la cabeza de este ángel con una aureola con una cruz dibujada en ella, en la cual se han colocado las letras griegas omega, omicron y un, que significan “yo soy el que es”, (Ex 3, 14; cf Jn 8, 24.57), letras que figuran siempre en los iconos de Cristo. En la parte inferior del cuadro, bajo la copa, se observa un rectángulo, símbolo de la tierra y, al mismo tiempo, de la encarnación del Hijo de Dios.

El personaje de la derecha aparece como el más inclinado hacia el suelo, con manto verde, símbolo de la vida y de la fuerza creadora de la naturaleza.  El vestido azul, bajo el manto, indica su entrega al hombre. Está situado bajo la roca dibujada en el icono porque la montaña es el lugar de la revelación veterotestamentaria y, en el tiempo de la Iglesia, es "el espíritu de la verdad que os guiará hasta la verdad plena" (Jn 16, 13). s el Espíritu que ya en el principio "se cernía sobre la faz de las aguas" (Ge 1,2) y siempre asegura a cada generacións la novedad de la salvación traída por Jesucristo -"envías tu espíritu, y los creas, y renuevas la faz de la tierra" (Sal104, 30). Personaje derecho

Lleva un manto verde, color de la vida y de la esperanza de la resurrección, sobre la túnica azul. Está inclinado hacia el ángel de la izquierda, en un movimiento lleno de harmonía y sencillez.

Su mirada se dirige al cuadro que simboliza el mundo, como significando que descenderá sobre la tierra. Su Clavis indica que es enviado de Dios.

Detrás de él hay una roca que le cubre la cabeza. La roca, la montaña es el lugar privilegiado de la teofanía, de la manifestación de Dios, lugar donde Dios se revela. Se trata del ESPIRITU SANTO quien da vida para hacer nacer la vida.

La mesa es alegoría del altar sacrificial. En ella está depositado un cáliz que contiene una cabeza de cordero y, con ello, nos remite tanto a la pascua judía, a través del simbolismo del cordero en el pueblo judío, como a la mesa eucarística de Jesucristo, poniendo en evidencia la continuidad entre el primer Adán y Cristo, segundo Adán, que con su entrega a la voluntad del Padre se convierte en cabeza del nuevo pueblo escogido, de la Iglesia.

Estas relaciones entre los personajes del icono no dejan de evocar fuertemente las relaciones entre las personas divinas según la llamada "trinidad económica" y facilitan la perspectiva iconográfica desde la consideración de la "trinidad inmanente".

Así, contemplado desde cierta distancia, toda la figuración habla al alma creyente del misterio trinitario. Hay como un movimiento circular desde el pie izquierdo del ángel de la derecha que, subiendo por su cuerpo y pasando por la cabeza del personaje central se cierra en la figura del Padre, forma un circulo casi perfecto, símbolo de la unidad divina en la trinidad personal. Círculo que encierra en su centro la cruz formada por el árbol y la figura central, como eje vertical, y las cabezas de los otros dos personajes, como eje horizontal. Mientras, la simetría que mantienen los personajes laterales dibujan un cáliz que contiene en su centro la figura del Hijo.

La escena de Mambré fue escrita/pintada por Rublev, muerto en 1430. Unos ciento cincuenta años después, el Concilio de los Cien capítulos  convierte su trabajo en el icono de los iconos, al elegirle como modelo de la iconografía y de todas las representaciones de la Trinidad.

 

 

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