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Tú, espectador, eres el cuarto personaje que completas la escena pintada por Rublev en el encinar de Mambré.

Eres invitado a sentarte en torno a la mesa y a la copa, y a participar en el diálogo divino. Porque, en definitiva Rublev nos muestra a las tres Personas Divinas ocupadas no en sí mismas, sino en el hombre, nos muestra a un Dios servidor del hombre, un Dios infinitamente compasivo y misericordioso. Un Dios que quiere en el Hijo compartir el sufrimiento del hombre.

La copa sobre la mesa está en el corazón de los tres Ángeles. Y esa mesa, que es un altar, aparece abierta de tu lado, como si la copa te fuese ofrecida; es necesario recordar que Él dijo: «En verdad, en verdad os digo, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros»(Jn 6, 53) y tomar la copa eucarística para entrar en el misterio de Dios.

Este lado de la mesa sin cubrir invita al espectador a participar en el Reino del Padre de las misericordias, del Hijo que es Verdad liberadora, y del Espíritu que siembra la alegría. Y los Tres te invitan, a ti que pasas, a sentarte en el lugar que está preparado, ante la Copa de la Salvación. Abraham y Sara no aparecen en el cuadro porque ellos llevan ya mucho tiempo en la Luz. Sin embargo, cada fiel de Cristo tiene un poco de Abraham, nuestro padre en la fe, con la posibilidad de acoger personalmente a los Tres y al que los Tres esperan desde toda la eternidad.

En Mambré la Trinidad se dejó encontrar por Abraham, y en este icono esperan encontrarse con cada uno de nosotros: esperan desde siempre al fiel que mira el icono y es invitado a ocupar el sitio vacío, a participar en el círculo divino, a compartir la vida trinitaria y a recibir la promesa de una alianza eterna con su creador porque cada uno de nosotros es para ellos único en el mundo, irrepetible.

 

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La Trinidad

Estudio del icono de Rublev

Aunque el icono de la Trinidad, de Rublev, es una obra de arte incomparable, es, ante todo, una obra religiosa y como tal debe ser considerada. Nunca, en ninguna época de la Iglesia, se ha hecho una meditación tan densa sobre el misterio de la Trinidad. Rublev ha escrito en un icono de una simplicidad desconcertante, lo que no ha sabido expresar la literatura teológica.

Vamos a adentrarnos en su contemplación siguiendo el siguiente índice:

1.-Elcontexto histórico del icono

2.-El tema

3.-La escena

4.-Lo nuevo en Rublev

5.-Análisis del icono de Rublev

6.-El icono

6.1.-lectura descriptiva

 6.2.-Lectura teológica 

 6.3.-Lectura iconográfica

       6.3.1.-Los tres ángeles

       6.3.2.-Los cuerpos y las miradas

       6.3.3.-La copa en el centro

7.-Quién es quién en el icono

 7.1.-Interpretaciones más probables

 7.2.-La clave interpretativa

8.-El coloquio divino

  8.1.-La promesa a Abraham

  8.2.-La indicación de las manos

  8.3.-La Historia de Salvación

  8.4.-El cuarto personaje

9.-La oración

1.-Contexto histórico

El monasterio de la Santa Trinidad está situado a 80 km de Moscú. Fue fundado en el periodo comprendido entre finales del SXIV y principios del SXV por Sergio de Radonèje, gran santo ruso. La fascinación que producía su espiritualidad y su persona toda atrajeron a un gran número de vocaciones monacales. André Rublev fue una de ellas.

El clima social era de gran preocupación, pues el Gran Ducado de Moscú lucha por imponer su influencia en toda Rusia. Por primera vez en 200 años los tártaros han sido vencidos y se inaugura una época de paz y gran creatividad, con grandes construcciones públicas en piedra y madera. El monasterio de la Trinidad se termina en 1422. El Abad Nikon pide a Rublev que prepare la decoración del iconostasio de la iglesia con una gran pintura de la Trinidad. 

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 2.-El Tema

El tema bíblico que subyace en el icono está relatado en Génesis 18, conocido como la escena de Mambré o la Hospitalidad de Abraham, y desde antiguo ha servido a los Padres de la Iglesia para hablar de la Trinidad.

Gn 18,1 
El Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día. Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra  y dijo: «Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo.  Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo». Contestaron: «Bien, haz lo que dices».

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, prepara tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz unas tortas».  Abrahán corrió enseguida a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato. Tomó también cuajada, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba bajo el árbol, ellos comían.

Después le dijeron: « ¿Dónde está Sara, tu mujer?». Contestó: «Aquí, en la tienda». Y uno añadió: «Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo». Sara estaba escuchando detrás de la entrada de la tienda. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos. Sara se rió para sus adentros, pensando: «Cuando ya estoy agotada, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?». Entonces el Señor dijo a Abrahán: « ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “De verdad que voy a tener un hijo, yo tan vieja”? ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo». Pero Sara lo negó: «No me he reído», dijo, pues estaba asustada. Él replicó: «No lo niegues, te has reído». (Gen 18, 1-15)

Es un pasaje muy célebre porque, por un lado, muestra la acogida de Abraham a unos visitantes a los que saluda como Dios, y, por otro, porque es la primera vez que se evoca el misterio trinitario en la Biblia.

En el diálogo, Abraham se dirige indistintamente, tanto  a un personaje, como a tres, mezclando extrañamente la expresión singular con el plural, como puede observarse en los términos subrayados en el punto anterior. San Agustín, comentando este pasaje, dice: “Abraham vio a tres [personas]  y adora a un solo [Dios]”.

 

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 3.-La escena

 Hospitalidad de Abraham

 

Son numerosos los iconos que, antes de Rublev, se han fijado en el tema de “La hospitalidad de Abraham”. Los autores se han manejado con gran libertad respecto a la figuración del cuadro, de manera que sólo tienen en común la presencia de los tres ángeles. En la galería fotográfica puede apreciarse la variación con que se trata la posible presencia de Abraham, Sara, los sirvientes, el sacrificio de Isaac, el cordero, etc.

Los manuales de iconografía hechos para la preparación de los alumnos precisaban los elementos constitutivos en la composición de este icono: casa, tres ángeles sentados ante una mesa que contiene un plato con una cabeza de cordero, panes, vasos con licores, botellas de vino y copas. A su derecha, Abraham con un plato cubierto y, a la izquierda, Sara que lleva otro con un ave ya asada.

 

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4.-Lo nuevo en Rublev

Toda la decoración, muy breve, es colocada en la quinta parte más alta del icono. Los tres elementos canónicos (árbol, casa y roca) figuran en forma simbólica. Abraham y Sara han desaparecido del cuadro. Sobre la mesa sólo una copa. La escena es ocupada casi en su totalidad por los tres ángeles.

Cambia también la misma intención del autor que, en los iconos tradicionales, presenta la acogida de Abraham a los tres ángeles que le visitan. Rublev, yendo más allá, contempla a Dios mismo en los tres ángeles y presenta el misterio de la Trinidad.

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5.-Análisis del icono de Rublev

La innovación de Rublev, simplificando la escena, no es una simple reducción.

El volumen escénico ocupado por los tres ángeles, hace que nos fijemos inmediatamente en ellos, que tienen aspecto de jóvenes de bella apariencia con miradas casi idénticas y con la misma cabellera. Sólo se diferencian en las emociones y afectos que parecen dirigirse unos a otros, y su posible identidad sólo viene matizada por los elementos decorativos. La tienda de Abraham sugiere el Templo, el Palacio del Reino de Dios y su Iglesia; la encina de Mambré deviene en el árbol de la vida del que se habla en Génesis y en el Apocalipsis; la roca sobre el personaje de la derecha remite directamente al sueño de Nabucodonosor, descifrado por Daniel, o a la Roca de las cartas de san Pablo.

Un arco circular formado por el contorno de los ángeles laterales representa el cosmos, la creación. El cordero ofrecido por Abraham a los tres ángeles, se transforma en la copa eucarística que figura sobre la mesa. Las manos de los visitantes descienden sobre la tierra, simbolizado por el escabel rectangular que forma el pie de la mesa.

La parte superior de la mesa se transforma en un verdadero altar sobre el cual reposa la copa de la nueva alianza a través de la cual llega la salvación ofrecida a la humanidad.

No ha dejado de señalarse desde el principio la belleza, la finura y el dulzor de las miradas, la refinada armonía de los colores y la luminosidad que desprende todo él, la levedad espiritual del conjunto y el juego de figuras geométricas insinuadas.

Círculos, triángulos, cuadrados y líneas rectas, aún sin perfilar completamente, son posibles de señalar en este icono, aunque Rublev ha roto toda simetría voluntariamente.

Por ejemplo, si observamos la posible simetría vertical, los asientos de los ángeles laterales no están a la misma altura y la cabeza del ángel del centro se eleva ligeramente sobre las de sus compañeros e inclinada hacia la izquierda del espectador, lo que en un cuadro tan cargado de simbolismo no puede dejar de encerrar algún mensaje teológico.

 

Un triángulo equilátero, símbolo de la Trinidad por poseer tres ángulos y tres lados iguales, puede trazarse uniendo los asientos de los ángeles laterales con la cabeza del ángel central.

 

Y procediendo de forma análoga se puede obtener un segundo triángulo equilátero, esta vez invertido, si el eje horizontal lo buscamos uniendo el cuello de los ángeles laterales y el vértice opuesto en el suelo que se encuentra en medio del escabel de  los ángeles. No puede ser una casualidad que los lados laterales de este triángulo sigan los ejes de los ángeles correspondientes.

 

 La superposición de los dos triángulos da lugar a la estrella de David, que inscribe al personaje central, e inevitablemente nos recuerda que el mesías prometido es llamado Hijo de David.  ¿Quiere señalar Rublev a este personaje como al Hijo, al Verbo eterno del Padre?.

Como era de esperar, los triángulos equiláteros señalados se inscriben en un círculo. Con las imperfecciones debidas a la falta de simetría buscada por Rublev en los personajes, todos ellos encajan en un círculo cuyo centro es la mano que descansa sobre la mesa del personaje del centro

El círculo, por sus propiedades de línea que no tiene principio ni fin ha sido considerado siempre símbolo de la eternidad y de la perfección, de la santidad.

¿Es posible ver, en las imperfecciones geométricas del círculo, no errores de cálculo de Rublev, sino su mensaje de que la Trinidad se encuentra teológicamente incompleta hasta que la humanidad entera se encuentre incluida en el diálogo divino que el mismo icono insinúa? 

A su vez, el propio círculo puede ser inscrito en un cuadrado perfecto que, excluye la decoración superior, para contener estrictamente la Trinidad en su inefable conversación.

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Según los cánones iconográficos los personajes son ángeles, acreditados por sus alas, lo que les da un carácter de mensajeros

 

Vienen a traer a Abraham el anuncio de un descendiente. No se trata solamente de la descendencia inmediata que le llegará de su unión con Sara, sino mucho más que esto y que le llegará ulteriormente. Será Jesús, el Hijo de Dios mismo quien será la descendencia perfecta del patriarca.

Los tres personajes, que han llegado como peregrinos, tal como muestra el bastón que cada uno porta, están sentados en la mesa de Abraham. Alguna vez se ha dicho que estos bastones son el signo de su realeza, una especie de cetros reales. Pero se trata simplemente del bastón del peregrino, que en algunas reproducciones grandes de este icono permiten percibir en  el extremo diversos útiles necesarios para sobrevivir, propios de montañeros o caminantes, como depósitos de agua, pequeñas palas, etc. que todavía hoy se usan.

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6.-El icono

Pintado entre los años 1422  y 1427, el icono original era muy grande, midiendo  141 x 112 cms (aproximadamente, una relación de 5 por 4). El icono está pintado al agua, con colorantes ligados con yema de huevo, según una técnica poco habitual todavía en su tiempo que mezclaba la yema de huevo con aceite y agua, y permitía obtener matices extraordinariamente delicados en el icono. El original se encuentra en la Galería nacional Tretiakov de Moscú.

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6.1.-Lectura descriptiva

Los tres personajes tienen alas, nimbos y bastones. Sus rastros se asemejan; parecen vestidos de la misma manera, con iguales túnicas y mantos, sólo diferentes en sus colores. Tienen en común el color azul. Están sentados alrededor de una mesa rectangular.

El ángel del centro y el derecho tiene sus miradas dirigidas hacia el ángel de la izquierda, que reenvía estas miradas hacia el de la derecha. Éste, con su mirada y su mano, prolonga el movimiento hacia la copa y la pequeña abertura rectangular que tiene el frontal de la mesa.

El ángel central está muy ligeramente sobreelevado y lleva en sus vestido los colores púrpura y azul, propios de los personajes principales del imperio bizantino; el ángel de la izquierda tiene un manto con colores poco definidos pero con una gran variedad  de los mismos; y el ángel de la derecha porta un manto verde. Ambos tienen una túnica azul.

La copa colocada sobre la mesa ocupa un lugar importante en el cuadro: está colocada en el centro de los tres personajes, que tienen sus manos derecha orientadas a ella, mientras observamos que la mesa y el contorno interno de los ángeles laterales forman una copa mayor que la contiene en su centro.

Los tres personajes se inscriben en un círculo formado por el movimiento de sus cuerpos y de sus cabezas; contenidos, a su vez, por un círculo mayor que engloba la roca, el árbol y la casa, por encima de las cabezas de los tres personajes.

Un eje central vertical une el árbol, el ángel del centro, la copa y la confessio (la abertura que los altares romanos tenían para permitir a los fieles la posibilidad de ver las reliquias de los mártires situados bajo el altar).

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6.2.-Lectura bíblica y teológica

La escena de Mambré fue muy precozmente entendida por los primeros cristianos como propia de la revelación de la Trinidad divina, y recogida en iconos con diversos nombres, como “Coloquio divino” o” El Consejo eterno”.

Por ello, el icono presenta dos niveles interpretativos simultáneos e inseparables: representa una escena de la vida de Abraham y evoca, al mismo tiempo, los principales misterios cristianos.

Los tres peregrinos son interpretados como las tres divinas personas; sus bastones como los cetros de su majestad. La mesa con la copa es el altar del sacrificio. La roca es, a la vez, evocación de la montaña del sacrificio de Isaac y de la montaña del Gólgota. El árbol es la encina de Mambré, pero también el árbol de la vida del paraíso, ligada a la eucaristía por el eje central de la imagen. La casa, rememora tanto la tienda de Abraham como el templo que es la Iglesia.

Creer en el Dios trinitario cambia la imagen clásica de Dios. Y cambia, también, la imagen del hombre. Creer en Dios Trinidad es también creer en el hombre y su destino eterno. Si la vida de Dios es vida de relación, el hombre, formado a imagen de Dios, deberá realizarse como “ser en relación”. Todo hombre, pensado y querido por Dios desde toda la eternidad es una historia sagrada.

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6.3.-Lectura iconográfica

El Concilio II de Nicea estableció que “Solamente el aspecto técnico de la obra depende del pintor. Todo su plan, su disposición depende de los santos Padre”. Se establecieron manuales para la elaboración con ellos.

El dorado, en la iconografía bizantina, representa la luz de Dios, por lo tanto cualquier figura representada en ellos está llena de la luz Divina-

El blanco no es propiamente un color, sino la suma de todos ellos. Es la luz misma. Es el color de la "Vida Nueva".

El negro es la contraparte del color anterior, pues es la ausencia total de luz, la carencia total de color. El negro representa la nada, el caos, la muerte, el pecado, pues sin luz la vida deja de existir.

El rojo simboliza la sangre del sacrificio, así como también al amor, pues el amor es la causa principal del sacrificio. Al contrario del blanco que simboliza lo intangible, el rojo es un color netamente humano; representando por lo tanto, la plenitud de la vida terrenal.

El púrpura es representativo del poder imperial. Es utilizado únicamente en los mantos y túnicas del Pantocrátor, y de la Virgen o Teothokos. Representando que Cristo y por extensión  su Madre, detentan el poder divino. Como Cristo es también el Sumo Sacerdote de la Iglesia, simboliza el Sacerdocio.

El azul  fue establecido en Bizancio como el color propio de Dios y de las personas a las cuales les transmite su santidad.

El verde es el color de la naturaleza, el color de la vida sobre la tierra, del renacimiento a la llegada de la primavera. La iconografía le otorga un significado de renovación espiritual

El marrón o café es el color de la tierra. Y por lo tanto la iconografía pinta de color marrón los rostros de las imágenes que aparecen en los iconos, para recordar aquello de “polvo eres y en polvo te convertirás”. Significa también "humildad", pues esta palabra proviene del vocablo latino "humus" que significa  "tierra".  Por este motivo los hábitos de los monjes son de ese color.

Oro, blanco, negro, rojo, púrpura, azul, verde y marrón son los únicos colores que pueden ser utilizados en la pintura de los iconos; el uso de otras combinaciones de colores queda fuera de toda regla iconográfica pues no contienen ninguna simbología.

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6.3.1-Los tres ángeles

Mirad y contemplad la belleza soberana del icono, la finura y dulzor de sus rostros, su perfecta semejanza, la paz serena que emana del icono, la estrecha comunión entre los personajes, su “movimiento inmóvil”, la armonía y riqueza suntuosa de sus colores, la luminosidad que parece emerger de sus alas doradas, el juego de sus líneas rectas y sus líneas redondeadas, la ligereza casi inmaterial de todo el conjunto…

Las figuras de los ángeles siguen algunas de las reglas tradicionales de la angeología: llevan sandalias ordinarias, apenas una suela sujetad por cintas de cuero que dejan la parte superior del pie al descubierto; están sujetando su bastón de enviados.

 

La masa de sus cabellos tiene un toque propio de Rublev, que los dota de una cabellera abundante, llenos de bucles, tanto por la parte delantera como a los lados y lisas por la parte superior, formando un conjunto esférico muy armonioso.

La banda que lucen justo encima de la frente es una decoración muy tradicional. Precisamente, los personajes del icono son reconocidos como ángeles porque, aunque tienen el pelo corto, portan esta banda anudada detrás de la cabeza.

Las colas del nudo, vueltas alrededor de la oreja, son signos de la actitud de escucha y obediencia, propia de su condición de mensajeros de Dios.  

La vestimenta respeta también las leyes del arte bizantino, donde los personajes visten túnica y manto. Rublev ha utilizado admirablemente los dos. El manto recubre los dos hombros del ángel de la izquierda, mientras sólo uno en los otros dos, sea el hombro izquierdo o el derecho, permitiendo ver, así, sobre el hombro que queda libre, el claviculum” forma de estola que caía a ambos lados de la túnica, propia de los dignatarios romanos. El escote muy pronunciado es también un detalle propio de Rublev que muestra un cuello fuerte y ayuda a resaltar los finos rasgos del rostro

El cuadro trasmite la impresión de que Rublev ha querido figurar tres personajes muy semejantes y muy diferentes, semejantes cada uno a los otros y, al mismo tiempo, fieles cada uno a su especificidad.

La encina de Mambré (Gen 18: 1), la tienda de Abraham y la roca (1), dibujadas en el quinto superior del icono, aparecen como elementos decorativos y, a la vez, como testigos y símbolos de un reencuentro único en la historia.

 

Dentro de su meditación, el espectador puede hacerse algunas preguntas sobre los ángeles así retratados:

¿Los tres ángeles  acaban de llegar? Nadie lo sabe. No importa... Están ahí, sentado en la mesa de Abraham, sin señales de fatiga alguna. Su bastón de peregrino evoca su largo camino. Ocupan todo el espacio (más exactamente cuatro quintas partes de la altura en toda la anchura, que es el módulo cuadrado del icono).

¿Quiénes son? Ellos callan, pero su ser parece irradiar santidad.

¿Dónde viven? ¿De dónde vienen? El cielo es su patria, ellos tienen alas. Ellos están ahí, de visita... Visten el azul de la divinidad y portan el halo de santidad. Cuando llegue el día final  su bastón de peregrino aparecerá como el cetro del poder divino, mientras que la tienda del nómada se convertirá en la Santa Iglesia; la encina de la hospitalidad, en el árbol de la Cruz; y la roca del sacrificio de Isaac, en el Monte Calvario.

¡Cuán iguales son los tres mensajeros. Su esbelta cintura acentúa su ligereza y destaca su espiritualidad (ya que la altura total es de 9 veces la altura de la cabeza, en vez de sólo 5 veces en una representación ordinaria).Los Tres descubren en  un gran escote el mismo cuello, potente, animada por el Aliento de Vida, la plenitud del Espíritu. Llevan la misma banda sobre su ancha frente en señal de escucha, heredado de la magnífica Bizancio. La mirada no puede abandonar estos Rostros de una dignidad sin igual, que lleva el reflejo del Nombre incomunicable, y se ofrecen a quien abre su corazón

¿Cómo están vestidos?  Muy simplemente, pero con esplendor.

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¿Y qué hacen los tres?  Ellos esperan, sin decir una palabra. Sus alas de luz, que se entremezclan, cierran más aún esta comunión íntima. ¿Qué se dicen entre ellos? Su lenguaje no es el de los hombres, ellos están en silencio, sus labios están cerrados; pero su silencio nutre una comunicación más profunda y vital! Los Tres se sientan alrededor de la mesa, totalmente vacía, convertida en altar por Rublev, a modo de  ara romana (que tiene un signo característico: la confessio, la apertura cuadrangular que permite a los fieles de Roma ver la tumba de los mártires bajo el altar, o incluso tocarlos, aunque sólo sea con tejidos que luego se convierten en venerables reliquias; no se encuentran este tipo de altar en Oriente)

Miran fijamente a la copa situada en el centro de la mesa. Este cáliz colocado en el altar, está contenido en la copa que dibujan los perfiles interiores de los ángeles laterales  y que contiene la silueta del ángel del centro.  Esta gran Copa, en el corazón de los Tres, es un módulo original y propio de este icono de  Rublev  ¿Quién iba a comprender su alcance? Ofrece el secreto del Dios de la Misericordia y la Compasión.

Los trabajos de restauración del icono,  a principios del siglo XX, revelaron que el contenido de la Copa había sido retocado varias veces: la capa superior era un racimo de uvas, por debajo de la de un cordero.

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6.3.2.-Las miradas y los cuerpos

Ellos mantienen una estrecha semejanza con su fina nariz alargada, su boca estrecha, su pequeño mentón y sus cejas ligeramente arqueadas. Sin ninguna duda, su porte expresa una cierta gravedad compatible con una gran dulzura que irradia paz.

Para comprender adecuadamente la genialidad del icono es preciso situar a Rublev dentro de su tiempo, a finales del SXIV y principios del SXV, cuando el imperio tártaro está en pleno apogeo. El Gran Ducado de Moscú conoce las horas más sombrías de su historia. Sería lógico esperar que Rublev, ante tanto dolor patrio, apelara a un Dios vengador y nacionalista. Más he aquí que en su icono hace soñar con un Dios infinitamente compasivo y misericordioso, lleno de amor para un pueblo cuyos sufrimientos le desborda, el Dios de ternura y de piedad que se revela en la Biblia.

Los tres en manera alguna mantienen un aire altivo o avasallador; son de una sencillez desconcertante que permite hablar, a este respecto, de la humildad de dios. La mirada de cada uno de ellos, el juego de sus manos, la inclinación de sus respectivas cabezas, expresan de manera manifiesta una extraordinaria comunión entre ellos.

Otra costumbre de Rublev es la de pintar a sus personajes muy grandes, lo que da una impresión de gran ligereza e inmaterialidad a la escena, nada pesada y nunca apabullante.

La figuración del grupo, tanto por el movimiento de sus cabezas, como por la inclinación de sus cuerpos inclinados hacia el centro y la disposición de los pies sobre los escabeles respectivos, da una viva impresión de estar inscrito en un círculo desde sus cabezas a sus pies.

 

6.3.3.-En el centro, la copa

La copa situada en el centro de la mesa, objeto de la mirada de los tres personajes que se agrupan a su alrededor, está, a su vez, dentro de otra más grande y centrada en el icono, formada por el contorno interno de los dos ángeles laterales, desde sus cabezas a sus pies.

Las tres personas divinas se comunican mutuamente; ellas hablan entre ellas y, por su disposición, la copa debe estar en el centro de su diálogo. ¡Todo el misterio de la Trinidad está como suspendido del misterio de esta copa!

Para avanzar en el contenido de este coloquio es preciso saber quién es quién en este cuadro; es decir, quién es el Padre, quién el Hijo, quién el Espíritu Santo.

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7.1.-Interpretaciones más probables de los personajes

Hay seis permutaciones posibles de los tres personajes. Un pequeño cuadro muestra las tres admisibles

 

 

 

 

 

 

Jesús está en el centro.

Es la persona divina que ha tomado carne y figura humanas: es el que tiene una presencia física más marcada en el icono. Es el personaje central. Su mano despliega dos dedos, indicando sus dos naturalezas. Su mano derecha esté en el centro del icono porque Jesús es la mano de Dios. Además, é está en el centro de la copa situada en la mesa y en la copa más grande insinuada por los ángeles laterales

El árbol que aparece a su espalda es el árbol de la cruz. Porta la banda dorada (el clavis romano) como se suele representar en el Cristo Pantocrátor.

 

 

 

El Padre es el personaje de la izquierda, que presenta sus alas que se adelantan a la del ángel central, lo que indica preeminencia. Tiene un gesto de bendición y, sobre todo, tiene sobre él una casa (la casa del Padre).

Los otros dos personajes se inclinan hacia él mientras le miran.

 

 

 

El Espíritu es el ángel de la derecha, que porta vestidos verdes, color de la vida y la esperanza. La roca que le sobrevuela es un tanto misteriosa pero puede sr alusión a la gruta de Elías donde Yahvé se manifestó bajo la forma de brisa. Él está en el origen del viento que doble el árbol de Cristo. Su mano está en reposo sobre la mesa, en señal de que él no hace nada, él inspira.

Su mirada se dirige hacia la copa y hacia el rectángulo que significa el universo

Es la lectura más frecuente en Occidente

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El Padre está en el centro en toda representación de la Trinidad. La omnipotencia de su amor se ve en la mirada del ángel del centro.

El volumen del brazo derecho  del ángel central se amplifica a medida que se acerca al ángel de la izquierda. En el lenguaje simbólico del icono, las curvas convexas designan actividad,  expresión de vida, la palabra, el despliegue, la revelación; y por el contrario, las curvas cóncavas significan obediencia, solicitud,  abnegación, atención, receptividad. El Padre está vuelto hacia el Hijo. Le habla.

 

 

 

 

El movimiento que recorre su ser es el éxtasis. Se expresa enteramente en el Hijo, ángel de la izquierda, sentado a la derecha del Padre.

 Es una lectura alternativa a la contemplada como más frecuente en Occidente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Esta tercera interpretación se apoya en el análisis y atribución de los elementos decorativos.

El Padre está en el centro

El árboles el árbol de la vida, el árbol de la creación. Y siempre es el Padre al que se le considera como el Creador Y la teología, admitiendo la igualdad entre las Personas, le otorga al Padre una cierta precedencia; es considerado como Fuente de la vida. Su centralidad en el icono expresa manifiestamente esta preeminencia que solo puede designar al Padre.

 

 

 

 

  

 

 

El Espíritu es el personaje de la izquierda. La casa que se eleva en la parte superior izquierda designa a la Iglesia, de la que San Pablo afirma que es “templo del Espíritu Santo”. También dice que el templo verdadero es el cristiano en quien habita el espíritu de Dios.

 

 

 

El Hijo es el personaje de la derechaEncima de él se ve una gran roca, que tiene forma de ola, en movimiento hacia nuestra izquierda. Representa a la gran roca mencionada en el libro de Daniel (Dn 2, 31-45) a partir de un sueño del rey Nabucodonosor, el profeta Daniel habla de una roca que se desprende y golpea a una enorme estatua, símbolo de los cuatro imperios del mal, transformándose en una gran montaña que llena el universo. Esa roca designa al ser divino que viene a restaurar un nuevo reino, reemplazando a los otros, que destruirá. Se trata del Mesías, de Cristo, el Hijo de Dios. Como dice San Pablo, aunque en un contexto diferente: “esa roca era Cristo”. Si la roca es símbolo de Cristo, el ángel que está debajo de ella puede ser designado como el Hijo.
 

 

 

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7.2.-La clave interpretativa:

Los elementos decorativos: La casa, el árbol y la montaña

Esto tres elementos decorativos están colocados encima de cada personaje. En su conjunto recogen el lugar donde se desarrolla la escena: una montaña en cuyo pie está situada la tienda de Abraham, a la sombra de la encina, en Mambré. Extraña, por otra parte, la figura de la montaña, suspendida encima de la cabeza del ángel de la derecha, en forma de ola que avanzara hacia la izquierda. Puede tratarse de la roca que Daniel, al desvelar un sueño de Nabucodonosor, ve avanzar imparable destruyendo los cuatro imperios del mal y dando lugar a una montaña que llenaría el universo. La roca, así entendida, designa a un ser divino que instauraría un reino nuevo sobre las cenizas del mundo antiguo. Toda la tradición ha visto en esta roca al Mesías, al Hijo de Dios.

Según ello, la roca es símbolo de Cristo y el ángel que se encuentra bajo ella no puede ser más que cristo, el Hijo de Dios.

La casa que se figura a la izquierda señala a la Iglesia, una Iglesia que es señalada por San Pablo como templo del Espíritu Santo. ”. También dice que el templo verdadero es el cristiano en quien habita el espíritu de Dios. Este símbolo designa al ángel de la izquierda como el Espíritu Santo

En cuanto al árbol, estamos ante el árbol de la vida, de un verde fuerte, el árbol que en la creación está colocado en el centro del Edén. Este papel de creador siempre se ha atribuido al Padre. Su centralidad en el icono expresa manifiestamente esta preeminencia que sólo puede designar al Padre.  El Padre es, pues, el ángel del centro.

A propósito  de los colores

Aunque el tema de los colores en la iconografía es tratado en el punto 6.3 de esta página, es pertinente hacer una breve incursión sobre el empleo que Rublev ha hecho de ellos en esta tabla.

Los colores muestran una cierta primacía del ángel del centro, vestido de una túnica de rojo púrpura y de un manto azul, vestimenta en todo apropiada a las grandes dignidades imperiales, según los usos de Bizancio, y adornado con una banda amarilla, el claviculum romano que él luce.

El ángel de la derecha viste una túnica de color azul y un manto de verde claro. Su azul simboliza la divinidad, sabiduría; el verde, la naturaleza. Estamos ante la Sabiduría encarnada, es decir, el Verbo, la segunda persona de la Trinidad.

El color de la vestimenta del ángel de la izquierda refleja una multitud de colores: azul, verde, rojo, amarillo, irisaciones de nácar… “El Espíritu sopla donde quiere”, dice el Evangelio. No puede ser limitado ni contenido por este u otro signo. No hay colores definidos para Él.

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8.-El coloquio divino

A  partir de la escena de Mambré Rublev construye una pintura de una gran fuerza teológica, de una gran riqueza simbólica y de una maravillosa belleza. Rublev nos adentra en el plan de la economía divina, en el seno del “Consejo eterno” cuando los Tres deciden sobre la persona que será anunciada por San Juan, diciendo, “Tanto amó Dios al Mundo que le dio a su Hijo único”.

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8.1.-La promesa a Abraham

Ahora es preciso retomar el sentido de la escena entera desde el principio, cuando vemos a los tres personajes visitando a Abraham para hablarle del gran problema que le preocupa: no tiene ningún hijo. Siempre está esperando uno, pues se le ha prometido una descendencia tan numerosa como las arenas del mar, como las estrellas del cielo. Pero no ha sido así y, tanto él como su esposa Sara, tiene una edad muy avanzada para ser fértiles.

Los tres personajes vienen a anunciarle el nacimiento de un descendiente para el año próximo. Más que Isaac, infinitamente más que Isaac. Es preciso escuchar a San Pablo sobre ello “Cuando Dios promete un hijo a Abraham le habla de un descendiente; no le dice “descendientes”, en plural, sino de un “descendiente”, en singular. Este descendiente será Cristo”.

Los tres personajes vienen a anunciar a Abraham el nacimiento de Cristo que vendrá a salvar a todos los hombres, el Cristo que es el Verbo, el Hijo. He aquí lo que anuncian los tres personajes. Pero, anunciando la salvación, ellos hablan también de la manera en que se realizará, según la pasión del Hijo, que ya entrevé su destino cuando mira la copa. Para asegurar esta salvación es preciso que él abrace la cruz.

Ved al Hijo, a la derecha, con la cabeza inclinada hacia la copa, la mirada grave. Acepta de antemano su misión dolorosa, manifestando el misterio de su consentimiento con el signo de su mano abatida en dirección a la copa.

El Padre, en el centro, está vuelto hacia él. Está sentado con todo su cuerpo vuelto hacia el Hijo bien amado en el que se complace, mientras mantiene la cabeza vuelta hacia el ángel de la izquierda. Es el Hijo que Él ha engendrado desde toda la eternidad quien es enviado entre los hombres. ¡Cuántas veces Cristo hablará del Padre como de aquél que le ha enviado!

Al mismo tiempo que presta toda su atención al Hijo, el Padre también se dirige totalmente al Espíritu como para darle una misión: él guiará al Hijo a lo largo de su vida humana y quien le asistirá en su pasión salvífica. El Espíritu acoge la mirada del Padre con una actitud entregada y firme, como indica su porte erguido: él sostendrá al Hijo en su misión.

También el Evangelio nos habla de las palabras de Jesús refiriéndose a esta ayuda, dichas de múltiple maneras. Por ejemplo, con las palabras de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí; el Espíritu de Dios me ha enviado”.

La gravedad serena de los tres personajes está acorde con el contenido trágico que conlleva la decisión tomada: la salvación no será hecha sin sufrimiento.

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8.2.-Las indicaciones de las manos

El Padre y el Hijo tienen cada uno su mano derecha vuelta hacia el Hijo o hacia la copa. La posición de sus dedos, concretamente de los índice y mayor, en un gesto de bendición “con el nombre del Señor”. El nombre del Señor es Jesucristo, señalado con IC y XC, en griego. El índice derecho y el dedo mayor curvado forman la I y la C; el dedo anular y el meñique se cruzan para formar la X, mientras el pulgar ligeramente curvado forma la C final. Es la posición de una mano que bendice en nombre del Señor Jesús. Es la posición de la mano de los obispos de Occidente cuando bendicen.

El Padre y el Espíritu bendicen al Hijo indicando su nombre con sus manos derecha. Aún hacen más que señalar a Cristo, garantizan el cumplimiento de su misión dando testimonio de él.

Rublev fija este momento intemporal, único y eterno donde la Trinidad determina el desarrollo de la Historia de Salvación hablando entre sí de la encarnación del Hijo y de su obra de redención, en su icono irrepetible.

Los tres grandes misterios cristianos son condensados por Rublev en este icono: el Dios Trino, la Encarnación del Verbo y la Redención en la Cruz. Rublev nos muestra un Dios que desea servir al  hombre, un Dios compasivo hasta el infinito. El Hijo es enviado al mundo no para que suprima el sufrimiento con un golpe de varita mágica, sino para vivirlo, para asumirlo.

Miremos una vez más al Hijo: la cabeza inclinada, el cuerpo curvado, la mano derecha abatida en señal de obediencia y aceptación, la mirada dirigida hacia la copa con los ojos fijos en ella, tomando a su cargo la tarea de salvador de todos los hombres. El sufrirá por ellos y para ellos.

Lo que colma nuestra sensibilidad ante este diálogo divino no esa tanto que Dios sea todo dulzor, bondad o humildad, como el que haya aceptado sufrir. Rublev parece querernos decir que lo más grande en Dios es su comunión con el sufrimiento de los hombres.

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8.3.-La Historia de la Salvación 

 

La copa situada sobre la mesa es el centro de la atención de los tres ángeles, pero se trata de una mesa abierta del lado del espectador, como si la copa también tuviese que ver con él, como si, invitado a la mesa, la copa le fuera ofrecida. Rublev nos habla, con ello, del misterio eucarístico, de esta mesa que está en el corazón de la vida cristiana… como declarando que no podemos comprender a Dios más que tomando la copa. Jesús mismo dirá “Si no bebéis la sangre del Hijo del Hombre no tendréis vida en vosotros”.

El significado de esta copa no es unívoco.  Beber de la misma copa es compartir la misma vida, participar de la alegría de estar juntos. Pero esta copa, en las circunstancias en que es contemplada, evoca la cena pascual, la última cena del Señor con sus discípulos, de la cual el sacerdote hace memoria en cada Eucaristía: “Tomad y comed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada para la salvación de todos”.

A semejanza con la ostensión del cáliz en la misa, la copa atrae la mirada de todo el que contempla el icono. Situada en el centro de la mesa, ocupa también el centro de otra copa mayor, insinuada por el contorno interno de los ángeles laterales que contiene enteramente al ángel del centro

A pesar del mal estado de la pintura en el icono que se conserva en la galería Tetriakov, algunos de cuyos fragmentos se han perdido con el paso de los años, una santa Faz aparece en la superficie de esta copa. Aunque no sea muy clara, es manifiesta. Esta Santa Faz o Mandylion está cargada de historia y de leyenda, de las que se das cuenta en una página propia en esta Web. Historias y leyendas que remiten siempre a la pasión de nuestro Señor Jesucristo.

La Santa Faz que aparece en la copa es también una referencia directa a la pasión colocada por Rublev en el corazón mismo del icono, una referencia directa al misterio de la Redención de la humanidad ya evocado en la mesa que contempla el diálogo de los huéspedes de Abraham.

Sea cual sea la hipótesis considerada para discernir el significado de esta copa, hay una conclusión unánime: se trata de una copa eucarística.

Trinidad, miradas

 

Dimensión eucarística reforzada por la mesa sobre la que reposa. Esta mesa tiene la forma de un altar católico, como se ha dicho anteriormente, preparado para contener reliquias de santos mártires y que, de manera clara, Rublev lo utiliza para lanzar un mensaje de unidad al mundo católico y al mundo ortodoxo. Recordemos que Occidente y Oriente tienen teologías diferentes sobre el dogma trinitario., Los orientales se atienen al credo definido en los concilios nicenos y constantinopolitanos: “El Espíritu procede del Padre”. Los occidentales, mediante una pequeña palabra –filioque-  crean una fórmula nueva: “El Espíritu procede del Padre y del Hijo”.

 

Rublev integra en su icono las dos posiciones, oriental y occidental, valiéndose de las posiciones de los cuerpos, de las miradas y de las manos de los tres ángeles. Ellas permiten cohonestar todas las posiciones dogmáticas.

« El Espíritu procede del Padre »: la mirada del Padre, en el centro, se vuelve hacia el ángel de la izquierda, como dándole enteramente a él. El Espíritu toma todo de él.

«El Espíritu procede del Padre y del Hijo »: el Padre mantiene su cuerpo girado totalmente hacia el ángel derecho, el Hijo, mientras mira al Espíritu, las miradas del Padre y del Hijo volcadas en el Espíritu

Ambas sensibilidades teológicas son respetadas en la meditación de Rublev, de manera que su icono reviste un contenido ecuménico de primera magnitud.

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8.4.-.La importancia del cuarto personaje

No es posible terminar sin considerar en toda profundidad el mensaje que Rublev envía al dibujar abierto el círculo que forman, alrededor de la mesa, los tres personajes. La misma perspectiva invertida, que tan claramente se observa en los escabeles donde reposan los pies de los ángeles laterales, y que coloca el punto de fuga del dibujo en el espectador, nos sugiere la necesidad de contar con este cuarto personaje para entender el contenido del diálogo que se desarrolla en el seno de las tres personas. El cuarto personaje, el espectador, cierra un círculo ideal en un plano horizontal, formado por él y los tres personajes.  El espectador es invitado por Rublev a sentarse en torno a la mesa y a la copa, y a participar en el diálogo divino.

En definitiva Rublev nos muestra a las tres Personas Divinas ocupadas no en sí mismas sino en el hombre, nos muestra a un Dios servidor del hombre, un Dios infinitamente compasivo y misericordioso. Un Dios que quiere en el Hijo compartir el sufrimiento del hombre. La copa sobre la mesa está en el corazón de los tres Ángeles. Y esa mesa, que es un altar, aparece abierta del lado del espectador, como si la copa nos fuese ofrecida; es necesario tomar la copa eucarística para entrar en el misterio de Dios. «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros»(Jn 6, 53)

Ante el icono, ese lado de la mesa sin cubrir invita al espectador a participar en el Reino del Padre de las misericordias, de la Verdad que libera, del Espíritu que siembra la alegría. Y los Tres te invitan, a ti que pasas, a sentarte en el lugar que está preparado, ante la Copa de la Salvación. Abraham y Sara no aparecen en el cuadro porque ellos llevan ya mucho tiempo en la Luz. Sin embargo, "todo el que cree" es de su descendencia ... Cada fiel de Cristo tiene un poco de Abraham y de Sara, que acoge a los Tres y al que los Tres esperan desde toda la eternidad.

El fiel que mira el icono es invitado a participar en el círculo divino, a compartir la vida trinitaria y a recibir la promesa de una alianza eterna con su creador.

En Mambré esperan a Abraham, y en Abraham esperan a cada uno de nosotros: esperan desde siempre y el puesto vacío es uno sólo  porque cada uno de nosotros es para ellos único en el mundo, irrepetible.

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9. Oración

Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros,
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;

porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.

Amén.

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*NOTA: 

ROCA DE MORIA, símbolo del sacrificio de la antigua Alianza: “Dios dijo: «Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré»”.  (Gen. 22,2)

ROCA DE DANIEL, símbolo del Mesías: “Mientras estabas mirando, una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua, y los hizo pedazos. Se hicieron pedazos a la vez el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como tamo de una era en verano; el viento los arrebató y desaparecieron sin dejar rastro. Y la piedra que había deshecho la estatua creció hasta hacerse una montaña enorme que ocupaba toda la tierra”.(Dn 2, 26-45)