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La dormición de la Virgen María

Tránsito de la Virgen, de Theofanes de Creta

 

Tú, espectador, eres el cuarto personaje que completas la escena pintada por Rublev en el encinar de Mambré.

 

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La escena que dibuja el icono la “Dormición de la Virgen” es el tránsito de la Madre de Dios al dejar esta tierra. Es una escena que parece tener de protagonista a la muerte.  El cuerpo horizontal reflejando la rigidez última; el catafalco ricamente ornado; los espectadores con gestos doloridos; todo el conjunto hace recordar una liturgia funeraria. Siendo la muerte el motivo del icono, la figuración general no es la propia de la época: no hay descenso del alma al Hades, como podía esperarse de un judío, ni liberación de la misma al estilo platónico.

Ni siquiera la subida del alma de la Virgen es el motivo principal del dibujo. Por el contrario, Cristo baja a la tierra y reclama el protagonismo que se debe al personaje que ocupa el lugar central. Cristo, sosteniendo una niña vestida como si estuviera amortajada con vendas blancas, recuerda de forma irresistible el icono de la Natividad del Señor, pero con la figuración invertida: allí era la Virgen el personaje central, y el niño Jesús el que aparecía con estas mortajas blancas, como puede observarse en los detalles que se presentan de los iconos de la Natividad del Señor y de la Dormición de la Virgen María, ambos de Theofanes de Creta.

 

Cristo aparece para recoger el alma de su madre y llevarla consigo al cielo. Y, otra vez, el recuerdo del icono de la Natividad del Señor -con el escondido mensaje de sus personajes principales invertidos- se impone: si entonces la humilde doncella de Nazaret daba su carne al Verbo de Dios que descendía despojado de su dignidad divina, ahora el Verbo de Dios, rodeado de ángeles y de poder, viene a dar la gloria eterna a su madre.

Todo el icono es, visto así, el itinerario completo del fiel cristiano, que nacido a la vida en el Bautismo es recogido por Cristo en su hora final. Mejor sería decir que es la vida de la Virgen el modelo ya consumado del destino del hombre: elegida desde toda la eternidad por Dios, bendecida por Él y destinada a la gloria eterna, el mismo Cristo recoge su alma en el momento de la muerte y los ángeles llevan su cuerpo a gozar de su destino eterno.

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LA HISTORIA

De las fuentes apócrifas, especialmente del Evangelio de Santiago, se deduce que después de la ascensión del Señor, la Madre de Dios permaneció en la casa de San Juan, el discípulo amado compartiendo familia con sus allegados cercanos al Monte de los Olivos. Durante la persecución del rey Herodes (c 43) la Madre de Dios y el Apóstol Juan residieron en la ciudad de Éfeso.

Como es de imaginar, siempre que podía iba con frecuencia al Santo Sepulcro. En una de esas visitas, se le apareció el  Arcángel Gabriel para anunciarla que pronto dejaría esta vida y ella indicó a José de Arimatea y a otros discípulos que pronto partiría de este mundo.

Deseando ver por última vez a Juan, el apóstol que había cuidado de ella, lo pidió así en su oración y el Espíritu Santo lo trajo desde Éfeso. Estando en oración, Juan escuchó una voz desde el cielo que contestaba a la petición de María, diciendo “amén”. La Virgen interpretó que la voz significaba que pronto los apóstoles y los discípulos llegarían hasta el lugar en el que ella se encontraba.

Dice San Juan Damasceno que los creyentes, reunidos en gran número a su alrededor no sabía la razón de encontrarse presentes en este lugar hasta que San Juan se acercó a ellos y con lágrimas en los ojos les explicó  que el Señor había decidido juntarlos a todos nuevamente para  presenciar el tránsito de la Virgen María.

A la hora tercia del día (sobre las 9 de la mañana) se produjo la dormición de la Madre de Dios, mientras la virgen estaba descansando. Los apóstoles rodeaban su lecho y mientras ofrecían alabanzas a Dios, una luz esplenderte se hizo en la habitación y el mismo Cristo apareció rodeado de ángeles y profetas. Viendo a su Hijo, la Virgen María exclamó “«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador” (Lc 1:46). Así entregó su alma a su Hijo y Dios.

A partir de ese momento comenzaron a preparar el entierro de su cuerpo purísimo. Los apóstoles fueron los encargados de llevar su féretro sobre sus hombros. Esta procesión se realizó por toda Jerusalén hasta llegar al jardín del Getsemaní. Un sacerdote judío de aquella ciudad llamado Efonio, lleno de odio, quiso tirar el féretro que transportaba el cuerpo de la Madre de Dios. El Arcángel Miguel cortó sus manos ante el intento. Viendo esto se arrepintió y confesó la majestad de la Madre de Dios, convirtiéndose en un ferviente seguidor de Cristo.

Cuando la procesión llegó al jardín del Getsemaní, los apóstoles y los discípulos comenzaron a dar el último adiós a la Virgen María. Ya a medianoche lograron depositar el cuerpo dentro del sepulcro y sellar la entrada con una gran piedra. Por tres días no se fueron de ese lugar, orando y cantando salmos.

La providencia divina dispuso que el apóstol Tomás no estuviera presente en el funeral. Llegado tardíamente a Getsemaní se acercó a la tumba y allí lloró preguntándose por qué no se le había  permitido a él presenciar la partida de la Madre de Dios. Los apóstoles decidieron abrir la tumba que ya llevaba tres días cerrada,  para que Tomás pudiera dar su último adiós. Cuando abrieron el sepulcro, solo encontraron sus lienzos y entendieron que su cuerpo también había sido recibido en los cielos por Nuestro Señor.

Esa misma, estando los apóstoles reunidos en una casa, la Madre de Dios se les apareció durante la 

La Asunción de la Virgen es su Glrificación

comida y les dijo: “Alegraos, estaré con vosotros todos los días de vuestra vida”. Ellos exclamaron “Santísima Madre de Dios, sálvanos” en una imprecación que durará para siempre entre los fieles. Esta fiesta que celebramos todos los 15 de agosto es especialmente vivida con mucha reverencia y especial solemnidad en Getsemaní, el lugar de su entierro.

Estas  circunstancias alrededor de la dormición de la Madre de Dios se conocieron en la Iglesia Ortodoxa desde tiempos apostólicos. Ya en el primer siglo de la cristiandad, San Dionisio el Areopagita escribió sobre su“dormición”. En el siglo II, la historia de que su cuerpo subió a los cielos la encontramos en las obras de Melitón, Obispo de Sardis. En el siglo IV, San Epifanio de Chipre hace referencia a la tradición sobre la“dormición” de la Madre de Dios. En el siglo V, San Juvenal, Patriarca de Jerusalén, le dice a la Emperatriz Bizantina Pulqueria: “pese a que no existen datos sobre su muerte en las sagradas Escrituras, sabemos sobre todo esto de  la más antigua y creíble tradición”.  

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LA FIESTA

La tradición bizantina tiene como primera gran fiesta del ciclo litúrgico la Natividad de la Madre de Dios, el 8 de septiembre, y lo concluye con su Dormición y tránsito al cielo, el 15 de Agosto, queriendo así subrayar que para cada cristiano y para toda la Iglesia la Virgen representa el camino que introduce en la historia humana el misterio salvífico de Cristo. Fijada en Oriente a finales del siglo VI, e introducida un siglo más tarde en Occidente, la fiesta del 15 de agosto celebra el tránsito y la plena glorificación de la Madre de Dios como primer fruto del misterio pascual de Cristo

En Oriente  se celebra desde finales del siglo VI con el nombre de “Dormitio” o “Koimeis”, es precedida por la llamada “pequeña cuaresma de la Madre de Dios”, período de oración y de ayuno que comienza el uno de agosto; en estas dos semanas, mientras se llega al día de la fiesta, por la tarde se celebra el oficio de la Paráklisis (“súplica”, “invocación”, “consolación”), una oración a la Madre de Dios, muy popular y amada por los fieles. El día 14 tiene lugar una pre-fiesta y es seguida por una octava que concluye el día 23.

En Occidente fue introducida un siglo más tarde y, a partir del siglo IX, es llamada la “Asunción de la Virgen”. En el año 1950 el papa Pío XII definió el dogma afirmando: 

«María, la Madre de Dios Inmaculada y siempre Virgen, después de haber llegado al término de su vida terrenal, ha sido elevada en alma y cuerpo a la gloria celestial» (Munificentissimus Deus, 1 de noviembre de 1950).

En este caso, como en muchos otros, la definición dogmática no hace sino confirmar oficialmente algo que los fieles ya venían celebrando durante mucho tiempo.

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LITURGIA

La Iglesia ortodoxa es rica en devoción, cantos y liturgia marianas. Muy a menudo las antífonas sálmicas son cantadas según determinados tonos, y la poesía de sus temas y la belleza sacra del canto se convierten en formas litúrgicas conocidas como troparios.

Dos troparios propios de la fiesta del 15 de agosto ejemplifican la estrecha relación que hay entre los elementos oracionales de una celebración y la iconografía correspondiente a la fiesta.

El primero presenta el icono de la Fiesta como una celebración litúrgica de la Dormición, alternando diversos tonos musicales de la tradición bizantina: María, muerta o medio dormida, está en el centro del icono sobre un lecho fúnebre. El lecho de María semeja el altar donde se lleva a cabo la Liturgia: los apóstoles alrededor, que la celebran; Cristo al fondo, en el ábside, que la preside; Pedro, que inciensa en torno al altar; el cirio pascual símbolo de Cristo resucitado.

Alrededor están los apóstoles con otros personajes: entre los primeros están siempre Pedro y Pablo, que indican la presencia de toda la Iglesia.

Cristo, en el centro de un semicírculo y rodeado de ángeles, tienen en sus brazos el alma de su Madre:

“La madre de Dios, la mediadora que no cesa de interceder, y la esperanza firme inquebrantable en su protección; no ha sido retenida por el sepulcro ni la muerte, porque siendo la Madre de la vida fue trasladada a la vida por Aquel que se encarnó de su vientre virginal” (Fiesta del 15 de agosto).

La presencia de los ángeles en la parte superior recuerda al icono de la Ascensión de Cristo.

 

María, gloriosamente asunta al cielo, se convierte para toda la Iglesia que la celebra en Aquella que intercede ante su Hijo:

Su sobreeminencia excede a toda mente. Tú, oh Inmaculada Madre de Dios, que siempre vives junto a tu Rey e Hijo portador de vida, incesantemente intercedes para que sea preservado y salvado de todo ataque adverso tu nuevo pueblo: nosotros nos gozamos de tu protección, y por siglos, con todo esplendor, te proclamamos bienaventurada”.

El segundo tropario pone en evidencia la presencia, también en el icono, de todo el colegio apostólico, con Pedro y Santiago, primer obispo de Jerusalén y hermano del Señor. Es una bella relación entre la Fiesta,  la Ciudad Santa y el Protoevangelio de Santiago, apócrifo en el cual se basa en muchos puntos esta misma Fiesta:

Cuando te marchaste, oh Madre de Dios, junto a Aquél que de ti nació inefablemente, estaban presentes Santiago, hermano de Dios y primer pontífice, junto a Pedro, venerabilísimo y sumo corífeo de los teólogos, y de todo el coro divino de los apóstoles”. 

La Dormición de la Madre de Dios se coloca claramente en la economía de salvación de Cristo mismo; los apóstoles se convierten en celebrantes del misterio de la redención de Cristo por medio del cuidado del cuerpo de Aquella que se convierte en morada de Dios:

Con himnos teológicos los apóstoles celebraban el divino y extraordinario misterio de la economía del Cristo Dios; y prestando los últimos cuidados a tu cuerpo, origen de vida y morada de Dios, se regocijaban, oh digna de todo canto”.

En la segunda parte de tropario podríamos decir que la acción litúrgica se traslada al cielo y todas las criaturas angélicas son involucradas en la alabanza y en la confesión del misterio de la Redención de Cristo:

Desde lo alto las santísimas y nobilísimas huestes angélicas miraban con estupor el prodigio y, con la cabeza inclinada, las unas a las otras se gritaban : Alzad los dinteles,  himnos de gloria el cuerpo santo y venerable que ha hospedado al Señor que a nosotros no se nos ha dado a contemplar. Y nosotros, festejando tu memoria, a ti gritamos, oh digna de todo canto: Alza la frente de los cristianos y salva nuestras almas”.

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 TEOLOGIA

Ya en la tradición más primitiva se decía que  el alma de María se transportó directamente cerca de Dios, sin esperar al momento de la Resurrección (la «dormición»). Posteriormente, la profundización en la revelación y los estudios teológicos sostuvieron que  María pudo acceder con su cuerpo glorioso al universo celeste: se trataría de la «asunción», corriente teológica que permitiría la solemne proclamación del dogma, en 1950.

 

Dormición o Tránsito de la Virgen María

La Liturgia representada en el icono nos traslada al cielo. El tránsito de la Madre de Dios se convierte así en una liturgia que reúne el cielo y la tierra y todas las criaturas angélicas son involucradas en la alabanza y en la confesión del misterio de la Redención de Cristo.

Por eso, en la parte superior del icono se ve a María,. Está en el centro de una mandorla,  símbolo de la Trinidad, y aupada al cielo por los ángeles que, según los apócrifos, son Gabriel y Miguel.

La mandorla está abierta hacia la parte superior, el cielo que se abre para recibir a la Madre de Dios.

María participa en la muerte de su Hijo

La definición dogmática de la “asunción” no define la naturaleza del último momento de la vida terrestre de la Virgen María. Se limita a decir lo que está firmemente arraigado en el "sensum fidei” del pueblo, que

«María, la Madre de Dios Inmaculada y siempre Virgen, después de haber llegado al término de su vida terrenal, ha sido elevada en alma y cuerpo a la gloria celestial»  (Munificentissimus Deus)

No es descabellado pensar que su tránsito a la vida le sobreviene, como también para Cristo, a través de la experiencia de la muerte. La Dormición expresaría que María participa plenamente, junto a su Hijo, del misterio de la Redención: «También a la Madre de Jesucristo, Hijo de Dios, le llegó la muerte a fin de que gustase su cáliz» (Homilía, Santiago de Sarug).

Intercesión

María, gloriosamente asunta al cielo, la primera persona humana que accede plenamente a la salvación traída por Cristo, se convierte para toda la Iglesia que la celebra en Aquella que intercede ante su Hijo, como intercedió porf aquellos novios de Caná: 

En la celebración de la Dormición, María se convierte así en prototipo, es decir, en modelo, de la salvación para la Iglesia y para cada uno de los cristianos. María, la Madre de Dios, junto al Verbo encarnado, junto al misterio de la Iglesia, junto al misterio del hombre. El hombre atormentado y perdido conducido por María al puerto que es Cristo mismo; el hombre, objeto de la misericordia divina por medio de la Madre de Dios; el hombre alegrado por Aquella que engendra a Aquél que es la alegría del mundo, Cristo.

El hombre es salvado por Dios gracias a la Encarnación del Verbo en el seno de María. En esta Liturgia, entre el cielo y la tierra, además del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios y las criaturas angélicas, se reúne toda la creación maravillada.

La Dormición de María es pues Buena Noticia, anuncio de salvación para todas las gentes: 

«Hoy Adán y Eva gozan porque su Hija habita con ellos. Hoy los justos Noé y Abraham gozan porque su Hija los ha visitado. Hoy goza Jacob porque la Hija que germinó de su raíz lo ha llamado a la vida. Hoy gozan Ezequiel y Isaías porque Aquella que profetizaron les visita en el lugar de los muertos».

«Cual fuente viva y copiosa, oh Madre de Dios, fortalece a tus cantores, que preparan para ti una fiesta espiritual, y en el día de tu divina gloria hazlos dignos de las coronas de gloria. El gentío de teólogos de los confines de la tierra, la multitud de ángeles de lo alto, todos se apresuraban hacia el monte Sión a la orden del divino poder, para prestar como es debido, oh soberana, su servicio a tu sepultura. Desde todas las generaciones te llamamos bienaventurada, oh Virgen Madre de Dios, porque en ti se ha complacido en hacer su morada Cristo nuestro Dios, al que ninguna morada puede hospedar. Dichosos somos también nosotros, que te tenemos cual protección: día y noche, de hecho, tú intercedes por nosotros».

María icono de la Iglesia.

María es la imagen de la iglesia. A su alrededor, en el símbolo de la iglesia madre de Sión (el lugar de la dormición de la Virgen en Jerusalén) se concentra la iglesia apostólica, la misma que encontramos en los iconos de la Ascensión y de Pentecostés, con las nuevas generaciones de pastores y discípulos del Señor. Los ángeles, (Iglesia del Cielo) están presentes. María es el icono, la figura femenina de esta Iglesia, llamada también a una dormición, a un tránsito glorioso que no deja de ser un paso por la muerte. Acogida en el cielo como criatura, glorificada en María, la Iglesia se contempla en la Virgen.

Ella, la Virgen, es ya lo que seremos. Icono escatológico de la iglesia, certeza de su glorificación, parte del Cuerpo místico de Jesús reintegrado ya en la gloria. Morada de Dios y Jerusalén celestial, Mujer nueva; es la Esposa recibida por el Esposo en la gloria. María es la Iglesia glorificada.

La dimensión antropológica de la Asunción es evidente y llena de esperanza. El cuerpo yerto de la Virgen, suavemente orientado hacia lo alto, nos habla de la verdad de una muerte real pero abierta a la vida, por lo tanto de una dormición. La Virgen, acogida por Jesús como niña, es el símbolo de la humanidad nueva, de la nueva creación, esperanza de una pascua del universo, de los cielos nuevos y de la tierra nueva. María es tierra pascual, paraíso glorificado, carne transformada, inmortalidad prometida a todos los que en Cristo se dejarán transformar en humanidad nueva ya aquí en la tierra.

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