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Rezar con los iconos

ESTETICA Y ESPIRITUALIDAD

El centro de la representación es siempre el rostro; es el lugar de la presencia del Espíritu de Dios, porque la cabeza es sede de la inteligencia y de la sabiduría. El rostro se construye en torno a tres círculos: el primero, normalmente dorado, contiene la aureola, símbolo de la gloria de Dios; el segundo comprende la cabeza y en ella aparece la frente, como sede de la sabiduría, muy alta y convexa, de forma que aparezca la fuerza del Espíritu; el tercer círculo comprende la parte sensual del rostro y expresa la naturaleza humana de la que el personaje representado se ha revestido durante su vida. Los ojos, cuya mirada se irradia hacia el espectador y contiene concentrada toda atención, son grandes, fijos y severos. la narices con delgadas, vibrantes bajo el movimiento del soplo del Espíritu, y manifiestan el amor apasionado por Dios. la boca es diminuta, a veces está dibujada con una forma geométrica y está siempre como cerrada en el silencio de la contemplación.

 

 

 Página en pruebas

 

 

 

1.- LA PINTURA DE UN ICONO

 

La técnica de pintura del icono es compleja y solemne como rito. Hay una serie de leyes en los manuales de iconografía que todavía hoy se siguen con gran escrupulosidad, sobre todo en el ambiente monástico.

Se escoge una tabla de madrea noble (ciprés, encina, castaño...) que sea lisa y sin nudos; se prepara la superficie de madera que quede completamente lisa y suave, de modo que se pueda encolar una tela fina que adhiera totalmente a la madera. Con una solución de polvo especial se consigue que formen un fondo duro y estable que se pule perfectamente hasta conseguir una superficie perfecta.

Se marcan entonces los rasgos esenciales del icono y se ponen las hojas de oro en toda la superficie que va a quedar dorada, dejando para un momento posterior la ejecución de los rasgos del vestido, de la cara, de las manos.

Poco a poco se van sacando los rasgos de la imagen, usando colores naturales mezclados con clara de huevo, o pintura al temple, que el tiempo dará un color sombrío a todo el icono. una vez terminado el icono se le da una mano de aceite de lino y resinas mezcladas, que forma cono una capa protectora de los colores que se conservan perfectamente durante mucho tiempo.

La técnica del iconógrafo trata de iluminar el icono en algunos lugares como el rostro, los ojos; da un halo de ligereza incluso en los vestidos a través de una técnica especial que se llama "assist" y que da un toque de nobleza y de belleza, haciendo que las finas estrías doradas o plateadas simulen la impregnación divina de toda la persona. El fondo de oro es ya luminoso e indica la realidad resplandeciente del icono y del misterio que representa.

Una vez terminado, el icono recibe la bendición de la Iglesia y puede ocupar lugar en la iglesia o en la habitación de los fieles. hay una bendición especial para los iconos. a veces es suficiente ponerlos sobre el altar mientras se celebra la sagrada liturgia, para que el contacto con el misterio eucarístico los santifique.

con frecuencia se han recubierto los iconos con metales preciosos como oro, plata u otros, dejando sólo la superficie de las manos y del rostro. Este adorno se llama "ryza". Muchos de los iconos clásicos quedaron revestidos de metal y sólo una paciente restauración les ha devuelto su color original, como en el caso de la Trinidad de san Andreij Roublëv

 

 

2.- CARACTERISTICAS DE LA PINTURA ICONOGRAFICA

En el icono se presenta el lugar donde se desarrolla el episodio con una sobria sencillez alusiva: el templo, una casa, una ciudad... Todo está, más que pintado exactamente, sugerido por medio de símbolos. Nunca el lugar encierra el icono, sino más bien lo deja abierto, en un espacio donde siempre lo principal son las personas. En muchos episodios del Antiguo Testamento tenemos dos edificios recubiertos y unidos con una especie de colgadura roja que señala el paso de la Antigua a la Nueva Alianza.

Cuando el episodio está enmarcado en un paisaje, también en éste se indica alusivamente su realidad histórica o geográfica con pocos y esenciales rasgos: una montaña, como la transfiguración, la Crucifixión, la Ascensión; un gruta en medio de la montaña como en la natividad del Señor; una hendidura en la roca con una alusión al río Jordán en el Bautismo; una cavidad que abre la entrada al abismo infernal, como en el icono del Descendimiento del Señor a los infiernos.

Hay veces que una sencilla combinación de árboles y muros, o casas de una ciudad como en la Trinidad que recuerda la casa de Abraham y el encinar de Mambré, ola entrada de Jesús en Jerusalén donde hay algún árbol de donde se sacan las ramas para aclamar al Señor, con la perspectiva de la ciudad de Jerusalén, como se ve también en algunos iconos de la Crucifixión.
La tierra queda también embestida por la luz de la gloria, de color marfil, como una profecía de la futura transformación del cosmos, en los cielos nuevos y la tierra nueva.

Los iconos representan una imagen o un misterio, pero con frecuencia en la misma imágen  se señalan o sugieren varios episodios a la vez, para que se puedan contemplar como una realidad unitaria. He aquí algunos ejemplos:

- En el icono de la Presentación de la Virgen al templo, en un ángulo superior se indica a un ángel que lleva a la virgen la comida durante su estancia en el recinto sacgrado.

- En algunos iconos de la Anunciación se ve al ángel que recibe el mandato de llevar el anuncio a la Virgen.

- En el icono de Navidad se concentran a la vez varios episodios: la Adoración de los ángeles, de los pastores, de los reyes magos; pero también la duda de José y el lavatorio del Niño Jesus que hacen las dos mujeres comadronas, según la narración de los evangelios apócrifos.

- El icono de la Dormición de María representa el momento de su muerte, en griego Koimesis, de su llegada al cielo, recibida por Cristo y acogida en su brazos como una niña pequeña, y a veces el episodio de la elevación de la Virgen al cielo por los ángeles mientras van llegando también de todos los pintos de la tierra los apóstoles y Tomás, el eterno retrasado, recibe el cíngulo de la Virgen.

 

3.- EL MISTERIO DE LOS ROSTROS

Los personajes de los iconos tienen una majestad hierática. Son como una tercera belleza, intermedia entre la fotografía y el lenguaje abstracto. En general van vestidos con gran elegancia, según el estilo bizantino, , las figuras esbeltas, los rasgos iluminados, la frente ancha, los ojos profundos, los oídos atentos. Ofrecen siempre el rostro sin perfiles, ya que la ausencia de una presentación frontal es una manera engañosa de hacerse presente. Sólo así se pinta al diablo en algunos iconos: de perfil, revestido de piel de oveja, como en el icono de la Navidad en el personaje que tienta a José.

Todo el mensaje está en el rostro, donde se descubre la imagen de dios en el hombre. Los personajes son figuras hieráticas, inmóviles, como quien contempla y se deja contemplar. la carne nunca tiene el color natural. Es como una transformación de la naturaleza humana que anuncia la resurrección de los muertos.

"El centro de la representación es siempre el rostro; es el lugar de la presencia del espíritu de Dios, porque la cabeza es la sede de la inteligencia y de la sabiduría. el rostro se construye en torno a tres círculos: el primero, normalmente dorado, contiene la aureola, símbolo de la gloria de Dios; el segundo comprende la cabeza y en ella aparece la frente, como sede de la sabiduría, muy alta y convexa, de forma que aparezca la fuerza del Espíritu; el tercer círculo comprende la parte sensual del rostro y expresa la naturaleza humana de la que el personaje representado se ha revestido durante su vida. Los ojos, cuya mirada se irradia hacia el espectador y contiene concentrada toda la atención, son grandes, fijos y severos. las narices son delgadas, vibrantes bajo el movimiento del soplo del Espíritu, y manifiestan el amor apasionado por dios. la boca es diminuta, a veces está dibujada con una forma geométrica y está siempre como cerrada en el silencio de la contemplación." (El rostro interior. O. Clement. 1978

 

4.-EL MENSAJE DE LOS COLORES

El iconógrafo usa colores naturales vivos y a través del lenguaje de los colores expresa también una belleza y unas características especiales del lenguaje iconográfico.

La luz juega un papel importante. La superficie superior del icono está siempre más iluminada para mostrar que la luz viene siempre de lo alto. Y el fondo dorado del icono, llamado luz, expresa que el icono está en la luz del misterio de dios. La progresiva claridad que se le da al icono con ocre amarillo también se llama luz. Pintar un icono es iluminar un rostro o un misterio. Se atribuye a Teófanes el Griego, pintor del siglo XIV, la técnica del "assist", con ligeras pinceladas de oro en los vestidos de Cristo, de la Virgen y de los Santos, que además de una particular ligereza y belleza expresan la transfiguración de las personas, mediante el elemento divino, la luz, que penetra la figura y los vestidos.

A continuación ofrecemos algunas constantes respecto al significado de los colores.

El color blanco puede representar dos polos opuestos: la plenitud de la divinidad y la situación de la muerte. Blanca es la figura de Cristo en la Transfiguración y en la Resurrección. Blanco es el color del vestido que envuelve al Niño Jesús en el nacimiento, o a Cristo y Lázaro en su sepultura. Blanco es el vestido de María, acogida como una criatura pequeña en los brazos de Cristo en el icono de la dormición.

El color azul expresa la realidad celestial. Lo encontramos con frecuencia en el manto de Cristo Pantocrátor y en algunos iconos de la Virgen, en la mandorla de la Transfiguración y con un tono suave y sutil en los tres ángeles de la Trinidad de Roublëv.

El color rojo puede ser el fondo de un icono, Son célebres los tonos rojos de los iconos de la escuela de Novgorod, entre ellos los del cielo del profeta Elías. Es símbolo de la vida. Se encuentra en el tono rojo púrpura de los vestidos del Pantocrátor y de la Virgen, revestida completamente por el amor y la santidad del Espíritu, con el manto de la Panaghia, la Toda Santa.

El color verde es signo de vida y de vitalidad, indica la tierra o la humanidad.

El color negro está presente en los iconos para designar el lugar de las tinieblas donde falta la luz, lugar donde Cristo se hace presente o se inmerge, como en la gruta de Belén del icono de la Navidad, el Jordán, en el icono del Bautismo, el infierno en el icono de la Resurrección de Cristo entre los muertos.

En la forma de pintar los iconos juegan un papel importante algunas estructuras geométricas como el círculo, el triángulo, el cuadrado.

La perspectiva resulta a veces invertida para poner de relieve ante nuestros ojos lo que es más importante, con una cierta forma ilógica de mezclar personajes con diversas alturas y estaturas (como los niños pequeños del icono de la entrada en Jerusalén

5.- LA ESPIRITUALIDAD DE LA BELLEZA

El interés actual por el icono sagrado de oriente expresa la búsqueda de esa belleza que debe salvar al mundo. Se trata de una auténtica elevación espiritual que debe estar lejos de toda banalización del icono por una excesiva multiplicación de la imágenes sin valor o una utilización ajena a su destino original.

En la encíclica de Dimitrios I hay unas palabras duras contra todo lo que puede ser una verdadera instrumentalización del icono en nuestra sociedad moderna, un pecado del que a veces los ortodoxos culpan como responsables a los mismos católicos.

Escribe el Patriarca: "No es lícita la banalización de la función sagrada de los iconos, y especialmente el hacerlos servir como elemento decorativo de los lugares de la vida mundana, de las casas o de las salas de exposiciones, donde son exhibidos por personas mundanas que los aprecian solo como obras de arte. Tampoco es lícito tratar los iconos como un artículo comercial, o como un objeto para imprimir sobre papel u otros materiales de poco valor, según los métodos actuales de reproducción industrial, para sacar de ellos provecho. todavía menos, aumentar de manera ilícita su circulación en la sociedad secularizada de hoy."

Esta reacción de la ortodoxia, representada por el Patriarca Ecuménico, nos habla de la nobleza del icono y de su mediación de belleza para la comunión espiritual con Dios.

En la liturgia se realiza la comunión entre las personas vivas que los iconos representan y se actualizan los sagrados misterios que están representados: "La presencia de los iconos en la iglesia, con los sacerdotes que celebran y los fieles que oran, es la realización en cada momento del tiempo en que se realizará el misterio de la comunión de los Santos, adorando al Dios trino, por parte de todos los que han sabido agradar a Dios y constituyen la Iglesia orante de hoy y de los siglos venideros... Ciertamente, el icono es también objeto de la devoción y de la oración en las casas privadas y en toda la vida personal de los cristianos, que en todo momento de recogimiento, pueden elevar los ojos de su alma hacia las santas imágenes que santifican su vida particular, en su habitación o en cualquier otro lugar" (Dimitrios I)

 

 

La presencia del icono en la piedad litúrgica y en la familiar, mantiene la más pura tradición del oriente cristiano para una adecuada comunión espiritual con el mundo sobrenatural

 

6.- UNA ESPIRITUALIDAD PARA LA IGLESIA DE HOY

Los caminos de la espiritualidad del icono pasan hoy por dos expresiones renovadas de experiencia espiritual.

La primera es la oración con los iconos. No cabe duda que dentro de la pedagogía positiva de la oración que quiere entrar en contacto con Dios a través de las meditaciones, la meditación con los iconos favorece el silencio, la mirada recogida y contemplativa, la comunión con Cristo, la Virgen o los Santos; orienta hacia la contemplación visiva del misterio, no sólo presentado por la palabra o elaborado en la meditación personal, sino ya propuesto con la belleza y la precisión de la tradición eclesial. 

La segunda expresión renovada de espiritualidad es la búsqueda del rostro del hermano en el que se realiza el misterio de la imagen de Dios en el hombre y la realización de la perfecta imagen y semejanza de la santidad. Hoy la espiritualidad del icono trata de superar un cierto sentimiento estético y tiende a integrar en la veneración de las imágenes una fuerte llamada a la espiritualidad concreta, como santidad y compromiso.

Ante todo como santidad personal y comunitaria. La contemplación de los iconos de Cristo, de la Virgen y de los Santos, según la genuina doctrina del Concilio de Nicea II, tienen que suscitar el deseo de reproducir esa belleza ontológica de la santidad que es la tensión de la imagen a la perfecta semejanza.

quien contempla los iconos no puede menos que advertir, cada vez con más intensidad, la presencia de Cristo vivo en los rostros de los hermanos, iconos vivos de Cristo, con una exigencia de servicio y de caridad. Toda búsqueda de la belleza y todo encuentro con el misterio que no lleve a reinstaurar la belleza original de dios en el mundo es pura estética que no lleva el sello de la filocalía de Dios, como se manifiesta en el proyecto creador y recreador de la economía de la salvación.

Por eso el encuentro con la belleza sacramental de los iconos en la espiritualidad de hoy es una llamada a la instauración de una belleza total en la vida de los cristianos