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Arte religioso y arte sacro


Arte y teología“Entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con razón, las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro” (Sacrosantum Concilium, 122).

En todas las culturas y en todos los tiempos el hombre ha dedicado recursos y habilidades a distinguir espacios que le sirvieran para dar culto a Dios, distinguiendo, así, espacios sagrados en medio del espacio pagano donde ejercía sus actividades ordinarias. Este primer arte arquitectónico fue sucesivamente complementado con obras propias del resto de las bellas artes, como pintura o escultura, que buscaban crear el ambiente propicio para cubrir la sensibilidad religiosa de los hombres de su tiempo.

Así, surge “el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro”, como nos indica el Concilio Vaticano II, sin aclarar muy bien qué cosa sea cada uno de ellos, aunque indica que son obras que “por su naturaleza, están relacionadas con la infinita belleza de Dios, que intentan expresar de alguna manera por medio de obras humanas”(SC 122).

Esta falta de concreción y el espíritu propio de la segunda mitad del siglo XX hicieron que los templos cristianos se llenasen de imágenes de dudosa calificación artística o, más aún, religiosa. El cardenal Ratzinger salió al paso de las exageraciones registradas diciendo:
“El arte sacro no puede ser el ámbito de la pura arbitrariedad.... De la subjetividad aislada no puede surgir el arte sacro. ... La libertad del arte, que tiene que existir también en el ámbito más delimitado del arte sacro, no es arbitrariedad”. (RATZINGER, El espíritu de la liturgia, pág. 158)

Y, al mismo tiempo, pedía que las imágenes entraran en las iglesias, porque
"La ausencia total de imágenes no es compatible con la fe en la encarnación de Dios. Dios, en su actuación histórica, ha entrado en nuestro mundo sensible para que el mundo se haga transparente hacia Él. Las imágenes de lo bello en las que se hace visible el misterio del Dios invisible forman parte del culto cristiano".

"El arte sagrado encuentra sus contenidos en las imágenes de la historia de la salvación, comenzando por la creación, desde el primer día, hasta el octavo: el día de la resurrección y de la segunda venida, en el que se consuma la línea de la historia cerrando el círculo. Forman parte de él, sobre todo, las imágenes de la historia bíblica, pero también la historia de los santos como concreciones de la historia de Jesucristo". (RATZINGER, oc pág. 154).

Parece que podríamos llamar arte religioso al que responda a una cierta sublimidad espiritual que pudiéramos llamar divina, dejando para el más concreto arte sacro aquel que tiene por objeto a Dios. A este arte el Card. Ratzinger le asigna una función muy concreta:
“La imagen de Cristo y las imágenes de los santos no son fotografías. Su cometido es llevar más allá de lo constatable desde el punto de vista material, consiste en despertar los sentidos internos y enseñar una nueva forma de mirar que perciba lo invisible en lo visible... La imagen está al servicio de la liturgia; la oración y la contemplación en la que se forman las imágenes tienen que realizarse en comunión con la fe de la Iglesia. La dimensión eclesial es fundamental en el arte sagrado y, con ellos, también la relación interior con la historia de la fe, con la Sagrada Escritura y con la Tradición” (RATZINGER , oc, pág. 155)

Juan Plazaola concreta mejor esa cierta sublimidad espiritual propia del arte sacro y dice que
“una imagen religiosa solo alcanza la categoría de lo “sacro” cuando irradia una atmósfera de seducción y de temor al mismo tiempo, cuando hace sentir su vinculación con realidades ultramundanas que han irrumpido en nuestra existencia de tal manera que, fuera del santuario, tales imágenes parecen arrancadas a su natural destino” (J. PLAZAOLA, El arte sacro actual, BAC nº 250, pág.21).

 

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