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Santa María Magdalena

Santa María Magdalena

1.-Introducción
2.-Textos evangélicos
3.-El icono
4.-La fiesta
5.-“apostola apostolorum"

 

 

1.-Introducción

En las orillas del lago Genesaret (Galilea), entre las ciudades de Cafarnaum y Tiberias, estaba situada la pequeña ciudad de Magdala, cuyos restos han sobrevivido hasta nuestros días.
En Magdala nació y creció una mujer que al encontrarse con Jesús de Nazaret entró para siempre en la memoria universal. El Evangelio no nos dice nada acerca de los años juveniles de María, pero la tradición nos informa que María de Magdala era joven y bonita, y llevó una vida pecaminosa. En los Evangelios dice que el Señor expulsó a siete demonios de María. El Evangelio relata que María siguió al Señor, cuando fue con los apóstoles por las ciudades y aldeas de Judea y Galilea predicando sobre el Reino de Dios. Junto a las mujeres piadosas le sirvió de sus propias posesiones.

Los evangelistas la citan entre las mujeres seguidoras del Señor que están con él al pie de la Cruz, mencionándola en primer lugar. Su preminencia entre las mujeres seguidoras de Jesús se destaca en Juan que, aparte de a la Madre de Dios, nombra sólo a ella y a María de Cleofás.

La Sagrada Escritura no nos habla de la vida de María Magdalena después de la resurrección de Cristo, pero es imposible dudar de que si en los terribles minutos de la Crucifixión de Cristo estuvo al pie de su cruz con su madre Juan, se quedara con ellos durante todo el tiempo posterior a la resurrección y la ascensión de Cristo. Así, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, san Lucas escribe: que todos los Apóstoles con una sola mente permanecieron en oración y súplica, con ciertas mujeres y María la Madre de Jesús y sus hermanos.

La Santa Tradición testifica que cuando los Apóstoles se fueron de Jerusalén para predicar a todos los confines de la tierra, junto con ellos también fue María Magdalena a predicar.

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 2.-Texto evangélicos

Aparece Magdalena dentro de las relaciones sobre las mujeres que acompañaban y atendían a Jesús desde los primeros momentos de su vida pública: 

«Después de esto iba él caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes».( Lc 8,2)

Pero donde su presencia resulta incuestionable es a partir de los hechos acaecidos a partir del prendimiento, muerte y resurrección de Jesús. En el relato de la pasión, María Magdalena es una de las testigos que se encontraba en el lugar. Junto a las restantes mujeres, María Magdalena es garante ante los discípulos de la muerte de Jesús, de su enterramiento y del lugar donde fue enterrado:

«Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo» (Mt 27, 55-56).

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena». (Jn 19, 25)

«Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. 46 Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. 47 María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían. » (Mc 15, 45-47).

María Magdalena con los perfumes para embalsamarMaría Magdalena es una de las mujeres miróforas que acuden a la tumba con los óleos y perfumes:

«Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?». Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas.» (Mc16, 1-5)

«Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado»( Mt 28, 1-5)

«El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto» (Jn 20, 1-2)
.
«El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar». Y recordaron sus palabras. Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles.» (Lc 24, 1-10)

Adquiere una importancia singular su papel como primer testigo expresamente citado en el relato evangélico de la resurrección del Señor. Para san Juan, María Magdalena es la única mujer a quien Jesús se aparece. En la escena del huerto no hay ninguna otra mujer, ni siquiera la madre de Jesús.
Cuando los sinópticos hablan de otras mujeres durante los sucesos posteriores a la sepultura de Jesús, siempre es ella la nombrada en primer lugar, dando fe del papel y liderazgo de Magdalena entre las mujeres discípulas de Jesús.
María Magdalena, que acompaña a Jesús en la cruz, es la primera en llegar a la tumba en la mañana del domingo y desde allí informará a Pedro y “al discípulo al que Jesús ama”:


«Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto». (Jn 20, 11-18).

María Magdalena con el resucitado

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3.-El icono

 Se ve a María Magdalena, cerca de la tumba de Jesús, en la mañana del tercer día. Ella traía las especias para el embalsamamiento del cuerpo y al llegar cerca del jardín de Arimatea ha divisado la tumba abierta y vacía. Ella piensa que el cuerpo de Jesús ha sido robado.

No es difícil imaginar a la Magdalena descansando y rompiendo a llorar, mirando una y otra vez la tumba vacía, hasta que, de repente, le parece ver a través de las lágrimas dos ángeles sentados en la cabecera y el pie de la piedra donde fue dejado el cadáver.

Un ángel le pregunta: "¿por qué lloras?" 

La respuesta: "Porque se han llevado a mi Señor, y no sabemos dónde lo han puesto" 

La mirada de los dos ángeles se dirige al jardín llena de alegría. María sigue la mirada y ve a un hombre muy agradable que no reconoce de inmediato y del que escucha: "Mujer ¿por qué lloras? A quién buscas?"

María expresa su desesperación "Se han llevado a mi Señor Jesús! Vine para embalsamarlo pendiente de su promesa de resucitar ... "Entonces, Jesús le dice; "María" y se revela en su esplendor triunfal. María dio un grito  "Rabboni" (= mi querido maestro), y  reconociéndole se lanza a sus pies para besarlos.

El centro del icono es el jarrón de especias e incienso que María llevó para ungir el cuerpo de Jesús . Ella quiere besar y ungir sus pies, pero Cristo le ordena que no le toque. Con las manos abiertas expresa que ha acogido el don de su Padre, que ha sido Él quien le ha resucitado.

Las aureolas de santidad de ambos se tocan, se entremezclan las radiaciones de la santidad de Dios que brilla en ambos. Estamos en primavera y flores exuberantes rodean la tumba y toda la creación es afectada por esta jubilosa resurrección. La luz triunfa sobre la oscuridad, la vida sobre la muerte.
Alain, en agosto el 2016.

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4.-La fiesta

«La Iglesia, tanto en Occidente como en Oriente, ha tenido siempre en gran consideración a Santa María Magdalena, la primera testigo y evangelista de la resurrección del Señor, y la ha celebrado de diversos modos. En la actualidad, cuando la Iglesia es llamada a reflexionar más profundamente sobre la dignidad de la mujer, la nueva Evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina, ha parecido bien que el ejemplo de Santa María Magdalena fuera propuesto también a los fieles de un modo más adecuado. En efecto, esta mujer, conocida como aquella que ha amado a Cristo y que fue muy amada por Cristo; llamada por San Gregorio Magno “testigo de la divina misericordia” y por Santo Tomás de Aquino “la apóstol de los apóstoles”, puede ser hoy propuesta a los fieles como paradigma del servicio de las mujeres en la Iglesia».

«Por eso, el Sumo Pontífice Francisco ha establecido que la celebración de Santa María Magdalena, de ahora en adelante, sea inscrita en el Calendario Romano General con el grado de fiesta en vez de memoria, como hasta ahora».

«El nuevo grado celebrativo no conlleva ninguna variación sobre el día, en el que se realiza dicha celebración, y sobre los textos del Misal y de la Liturgia de las Horas, es decir:
a) permanece el mismo día dedicado a la celebración de Santa María Magdalena, tal como aparece en el Calendario Romano, es decir, el 22 de julio;
b) los textos a usar en la Misa y en el Oficio Divino son los mismos que aparecen en el Misal y en la Liturgia de las Horas del día indicado, con la incorporación en el Misal del prefacio propio, anexo a este decreto»(Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, día 3 de junio de 2016, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús).

 En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
aclamarte siempre,
Padre todopoderoso,
de quien la misericordia
no es menor que el poder,
por Cristo, Señor nuestro.
El cual se apareció visiblemente en el huerto
a María Magdalena,
pues ella lo había amado en vida,
lo había visto morir en la cruz,
lo buscaba yacente en el sepulcro,
y fue la primera en adorarlo
resucitado de entre los muertos;

y él la honró ante los apóstoles
con el oficio del apostolado
para que la buena noticia de la vida nueva
llegase hasta los confines del mundo.
Por eso, Señor,
nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo:
Santo, Santo, Santo...
(Prefacio propio de la festividad de santa María Magdalena)

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 5.-“apostola apostolorum"

María Magdalena hablando a los apóstolesMaría Magdalena, el apóstol de los apóstoles
El arzobispo Arthur Roche, Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, explica el significado del decreto por el que a partir de ahora María Magdalena será “festejada” litúrgicamente como el resto de los apóstoles:

“La decisión se inscribe en el contexto eclesial actual, que requiere una reflexión más profunda sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina. San Juan Pablo II dedicó una gran atención no sólo a la importancia de la mujer en la misión de Cristo y de la Iglesia, sino también, y con especial énfasis, al papel especial de María Magdalena como primera testigo que vio al Resucitado y primera mensajera que anunció a los apóstoles la resurrección del Señor. La Iglesia, hoy en día, prosigue resaltando esta importancia – manifestada en el compromiso de una nueva evangelización -y quiere acoger sin distinción, hombres y mujeres de cualquier raza, pueblo, lengua y nación,para anunciarles la buena noticia del evangelio de Jesucristo, acompañarlos en su peregrinación terrena y ofrecerles las maravillas de la salvación de Dios. Santa María Magdalena es un ejemplo de evangelización verdadera y auténtica, es decir, una evangelista que anuncia el gozoso mensaje central de Pascua!. “El Santo Padre Francisco ha tomado esta decisión precisamente en el contexto del Jubileo de la Misericordia para destacar la importancia de esta mujer que mostró un gran amor por Cristo y fue muy querida por Cristo, como afirman hablando de ella Rabano Mauro ( "dilectrix Christi et Christo plurimum dilecta”: De vita beate Mariae magdalenae, Prologus) y San Anselmo de Canterbury ( "electa dilectrix et dilecta Electrix Dei», Oratio a LXXIII Sanctam Mariam Magdalenam). Es cierto que la tradición cristiana en Occidente, sobre todo después de San Gregorio Magno -señala el prelado- identifica en la misma persona a María de Magdala, la mujer que derramó perfume en la casa de Simón el fariseo, y a la hermana de Lázaro y Marta. Esta interpretación continuó y tuvo influencia en los autores eclesiásticos occidentales, en el arte cristiano y en los textos litúrgicos relacionados con la santa. Los bolandistas expusieron ampliamente el problema de la identificación de las tres mujeres y prepararon el camino para la reforma litúrgica del calendario romano. Con la actuación de la reforma, los textos del Misal Romano, de la Liturgia de las Horas y del Martirologio Romano se refieren a María de Magdala. Es seguro que María Magdalena formaba parte del grupo de los discípulos de Jesús, que lo siguió hasta el pie de la cruz y, que en el huerto donde se encontraba la tumba, fue la primera "”testis divinae misericordiae", como afirma san Gregorio Magno. El Evangelio de Juan dice que María Magdalena lloraba porque no había encontrado el cuerpo del Señor y Jesús tuvo misericordia de ella haciéndose reconocer como Maestro y transformando sus lágrimas en alegría pascual”. El arzobispo aprovecha la ocasión para evidenciar dos ideas inherentes a los textos bíblicos y litúrgicos de la nueva fiesta, que contrirbuyen a comprender mejor la importancia actuala de una santa como María Magdalena. “Por una parte -afirma- tuvo el honor de ser el "el primer testigo” de la resurrección del Señor, la primera en ver la tumba vacía y la primera en escuchar la verdad de su resurrección. Cristo tiene una consideración y una compasión especial por esta mujer, que manifiesta su amor por él, buscándolo en el huerto con angustia y sufrimiento, con "lacrimas humilitatis", como dice San Anselmo. En este sentido, me gustaría señalar el contraste entre las dos mujeres presentes en el jardín del paraíso, y en el jardín de la resurrección. La primera difundió la muerte allí donde había vida; la segundo anunció la Vida desde un sepulcro, un lugar de muerte... Además, en el jardín de la resurrección es donde el Señor dice a María Magdalena: "Noli me tangere". Es una invitación no sólo a María, sino también a toda la Iglesia, a entrar en una experiencia de fe que sobrepasa todo apropiación materialista y comprensión humana del misterio divino. ¡Tiene un alcance eclesial! Es una buena lección para todos los discípulos de Jesús: no buscar seguridades humanas ni títulos mundanos sino la fe en Cristo vivo y resucitado”. “Precisamente porque fue testigo ocular de Cristo resucitado fue también, por otra parte, la primera en dar testimonio delante de los apóstoles. Cumplió con el mandato del Resucitado: "Vé donde mis hermanos y diles: "... María de Magdala fue a anunciar a los discípulos: " He visto al Señor "y “lo que El le había dicho". De este modo se convierte, como ya se ha señalado, en evangelista, es decir, en mensajera que anuncia la buena nueva de la resurrección del Señor; o como decían Rabano Mauro y Santo Tomás de Aquino, en "apóstola de los apóstoles", porque anunció a los apóstoles aquello que, a su vez, ellos anunciarán a todo el mundo. Con razón el Doctor Angélico utiliza este término aplicándolo a María Magdalena: es un testigo de Cristo resucitado y anuncia el mensaje de la resurrección del Señor, al igual que los otros apóstoles. Por lo tanto -finaliza mons. Roche- es justo que la celebración litúrgica de esta mujer tenga el mismo grado de festividad que se da a la celebración de los apóstoles en el calendario romano general y que se resalte la misión especial de una mujer, que es ejemplo y modelo para todas las mujeres de la Iglesia”. (Arthur Roche, Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Viernes 10.06.2016). 

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